Antropocentrismo: un nuevo enfoque #SmartCity

“Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es sólo información, sino también juicio, la manera en que se recoge y maneja la información” (Carl Sagan)

Según el Diccionario de la R.A.E, “antropocentrismo” (De antropo- y centro), es la teoría filosófica que sitúa al hombre como centro del universo. De la teoría antropocentrista original, que data del siglo XVI, cambiaremos la referencia al “hombre” por “las personas”, y por supuesto abandonaremos el error histórico de considerar, desde un enfoque natural, al ser humano como medida de todas las cosas, a la vista de los descubrimientos astronómicos posteriores que nos otorgan un papel más bien humilde en el Universo. Por lo demás, y aplicado a los Gobiernos y la administración, qué duda cabe que el ciudadano, las personas, sí son el centro de la actividad pública.

Las políticas públicas deben pivotar sobre la persona, haciendo bueno ese moderno antroprocentrismo que defendemos. En consecuencia, todas estas políticas deben ser participativas e involucrar, tanto en su definición con en su destino, a todos los actores públicos y por supuesto a todas las personas, pero poniendo si cabe más el acento en quienes más lo necesitan: los niños y los mayores. Por último, la eliminación de la aludida brecha digital sigue siendo un reto para los poderes públicos que, no obstante, debemos abordar. Abandonemos por tanto de debates sobre servicios propios e “impropios”. Estos son los nuevos servicios públicos locales, los que los Ayuntamientos deben prestar y que el resto de administradores deben financiar.

El servicio público debe pivotar alrededor de las personas, no de la administración. Personas que tienen reconocidos legalmente una serie de derechos electrónicos de última generación, entre los que podría incluirse el derecho de acceso gratuito a Internet. Otros derechos sociales de última generación son los que tienen que ver con el maltratado medio ambiente (hoy en día bajo el concepto de la sostenibilidad), el deporte y el esparcimiento, todo ello por supuesto sin descuidar ni un ápice los servicios sociales básicos. En definitiva, las personas son tan importantes en la moderna Smart City que sería legítimo rebautizar el término como Human City. Y es que se nos antoja imposible que una ciudad sea inteligente sin que sea, ante todo, una “ciudad humana”. Una ciudad como Alzira, por ejemplo, cuyo Ayuntamiento pone en valor a sus ciudadanos, de manera que los servicios públicos municipales están completamente orientados hacia las personas y su calidad de vida.

Pero no confundamos “City” con “ciudad”… Defendemos un modelo de Ayuntamiento de cualquier tamaño, que presta sus servicios (no importa tanto si propios o “impropios”) pensado en el ciudadano, sensorizando los inmuebles y espacios públicos y en general aprovechando la tecnología para hacer la vida más fácil; que tiene implantada la administración electrónica y sobre todo es interoperable para dar cobertura a los derechos electrónicos de los ciudadanos y también (que no se olvide) para responder de  la mejor manera posible la atención presencial; que es legal y transparente, muy participativo, y está donde está el ciudadano (en la Red, en los móviles, en las redes sociales…) a fin de ofrecerle toda la información e interactuar (open government); que fomenta el ahorro de energía, la economía y las iniciativas empresariales de futuro, es decir, las tecnológicas y sostenibles… El gran beneficiario de todo ello no será tanto el político o el empleado público (que también), como toda la ciudadanía. Es un proyecto precioso, complejo pero factible, con un coste de inversión más bajo de lo que parece y en todo caso subvencionable o financiable con la colaboración pública o privada, o público-privada, siempre con retorno de la inversión (se ahorran millones de euros con la reducción de cargas administrativas, RCA) y ese intangible que no se valora en dinero que es la excelencia.

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Ciudad de finales del presente siglo. Sostenible, eficiente, humana… Un modelo “homologable”, sin perjuicio de la necesaria adaptación


Es el ciudadano el que tiene que validar este modelo. El sistema de gobierno abierto tiene una parte políticamente estética, que es la transparencia, pero realmente esta es un medio técnico para la consecución de los más altos fines: mejora de la calidad democrática, participación ciudadana, colaboración con el resto de actores públicos y privados, promoción económica, mejora de los servicios públicos. Otros instrumentos, como la rendición de cuentas, el análisis de una gran cantidad de datos (big data) y la apertura de un cierto número de estos datos (open data), contribuyen incluso con más potencia para la consecución de estos mismos fines. Estamos finalizando 2019. Nos encontramos en un momento histórico que podríamos denominar sociedad de la información, pero no sociedad del conocimiento. El conocimiento es la fase siguiente a la información, y supone su tratamiento de forma inteligente. Es deber de los poderes públicos informar sobre cómo gestionar la información. Claro está que para ello la previa es aprender a gestionar esos mismos datos para lo público.

En resumen, el futuro pasa por el nivel de gobierno municipal, desde el modelo del gobierno abierto (transparente, participativo, colaborativo), que desarrolle una administración o servicio público inteligente (que supere la fase de administración electrónica y aún la de administración automática) para una sociedad del conocimiento (más allá de la sociedad de la información). Y conocer estos procesos nos ayudará a controlarlos, ya que, con o sin nosotros, se van a desarrollar igualmente.

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¿En qué se diferencian la consulta popular y la iniciativa popular?

La democracia no es una meta que se pueda alcanzar para dedicarse después a otros objetivos; es una condición que sólo se puede mantener si todo ciudadano la defiende (

La consulta popular y la iniciativa popular son dos mecanismos de participación ciudadana en los Ayuntamientos, obviamente construidos a imagen y semejanza de las instituciones constitucionales del referéndum y la iniciativa legislativa popular. Están previstos, respectivamente, en los arts. 71 y 70.bis (incorporado en 2003) de la LBRL. Tienen puntos en común, e incluso las iniciativas pueden llevar incorporada una propuesta de consulta popular local, pero se diferencian esencialmente en el origen de la iniciativa, municipal en el primer caso y ciudadana en el segundo.

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Transparencia (y rendición de cuentas) en las negociaciones para formar gobierno

Confirmado, después de un via crucis de tímidos intentos (televisados) por formar Gobierno, el día 10 de noviembre tenemos, una vez más, Elecciones Generales. Sí, otra vez, y las que haga falta (pensarán algunos), como en el Día de la Marmota. Unos comicios que, si arrojan como es previsible un resultado similar, nos llevarán de nuevo al punto de partida.

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La otra formación…

Mucho hemos hablado en este espacio de formación, como no puede ser de otra manera habida cuenta de su necesidad en la capacitación del moderno empleado público… Pero dicho empleado no es el único actor de lo público, y es que la formación de otros pilares subjetivos importantes como los políticos o los mismos ciudadanos alcanza un nivel de importancia similar en el modelo de Gobernanza que solemos defender (procedimiento electrónico, transparencia, datos abiertos, rendición de cuentas, participación democrática…) Sigue leyendo

¿Los datos de los empleados públicos son públicos?

O dicho de una manera menos redundante: en esta entrada hablaremos de los datos de los empleados públicos y su publicidad. La cuestión no es baladí, habida cuenta de que al clásico conflicto, o más bien “juego de equilibrios”, entre transparencia y protección de datos, se incorpora el matiz de la condición de empleado público que ostentamos algunas personas (y que somos “ciudadanos cualificados” desde el punto de vista del Derecho público).

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10 cuestiones sociales de capital importancia y que usted no verá en ningún programa electoral

A continuación repasamos diez cuestiones sociales de capital importancia pero que usted no verá en ningún programa electoral, ni en ningún discurso político, excepto quizá en el de aquellos que se presentan a los comicios menos populares y quizá más trascendentales: las elecciones europeas. ¿De qué se habla entonces? De lo que a cada uno le interesa en realidad. De aquello que es rentable políticamente, aunque en el fondo nos debería importar menos que la vida de los famosos (el ejemplo es bueno, porque no debería importarnos nada pero millones de personas siguen los programas del corazón). En fin, populismo viene de pueblo… Pero “sin el pueblo”, ya me entienden. Sigue leyendo