Pautas de la distorsión de la comunicación en el ámbito público

Como dijimos en la conferencia “La nueva normalidad en la nueva administración”:

“A estas alturas no hace falta repetir la teoría del Open Government, que como sabemos parte de la transparencia para lograr la participación y la colaboración de los distintos actores públicos. Sí insistiré en uno de los conceptos fundamentales del gobierno abierto: hay que rendir cuentas. Hay que decir la verdad. Ni una sola mentira ni una posverdad. Una posverdad es un mentirusco ataó con piedra… Pero creíble, tiene su lógica, de manera que la gente se queda pensando… “Pos será verdad”. ¿Cómo puede un gobernante intentar vender gato por liebre? El uso de algunos eufemismos es todo un insulto a la inteligencia.”

Dentro de todo este caos, y siempre admitiendo que existen honrosas excepciones que confirman la regla, todos podemos reconocer unas pautas más o menos estandarizadas de la distorsión de la comunicación en el ámbito público. Las explicamos en los siguientes párrafos.

Ante todo, es una constante casi invariable la de que el Gobierno (cualquier gobierno) siempre nos habla a la ciudadanía como si fuéramos tontos. Utilizan los aludidos eufemismos o directamente la posverdad. En todo caso nunca dicen lo que la gente no quiere escuchar.

En cuanto a la oposición, siempre va a dirigirse al Gobierno que “fiscaliza” de forma desagradable. Dicho de una forma sutil: va a informarle de las cosas que hace mal, por si no lo saben, y por supuesto lo va a hacer con vehemencia. Siempre los errores, nunca los aciertos. Ni siquiera van a dar una tregua apoyando acuerdos puntuales o, muchísimo menos, firmando “pactos de Estado” para abordar conjuntamente los grandes problemas de la sociedad. El punto débil de esta forma de comunicar es que no se diferencia muy bien la indignación por los errores graves de la indignación por los pequeños fallos o, incluso, por una gestión aceptable (la cual también provoca indignación). Evidentemente, el mensaje que lanzará a la ciudadanía será exactamente el mismo.

Por su parte, el Gobierno no suele aprovechar esta mala comunicación de la oposición para elevar el listón moral, y simplemente se limita a decir que digan lo que digan lo están haciendo bien y que quienes les critican lo harían, con certeza, infinitamente peor. En todo caso suelen tener una visión más que generosa y autocomplaciente de la propia gestión. Dentro de tanta perfección, eventualmente reconocen algún problema que, por supuesto, se debe a los anteriores gobernantes (siempre que sean de otro color).

Ambos (gobierno y oposición), se enfrentan cada cuatro años en unas Elecciones (Generales, Autonómicas, Locales), aunque últimamente a algunos les interesa no dejar tanto tiempo, no vaya a ser que haya que ponerse a trabajar en serio. En los meses previos a esos comicios (llamados precampaña y campaña electoral) la comunicación presenta unas pautas especiales, si bien en esencia el mensaje es similar en realidad, pues sigue prevaleciendo explicar lo malo que es el otro, pero se añade una conclusión: vóteme a mí y no a él, porque puede que le vaya mal pero si lo hace aún le irá mucho peor.

España es un estado complejo en lo territorial y lo sociopolítico. La tensión “Gobierno central versus Gobiernos autonómicos” es en muchos casos más que evidente. Ante los grandes problemas (los verdaderos problemas en realidad), se suelen echar la culpa los unos a los otros (tanto más cuanto más enfrentados estén los colores políticos). Esta crítica cruzada suele dar resultado, ya que ciertamente ambos niveles de gobierno tienen amplias capacidades de gestión, las suficientes como para que las decisiones que ineludiblemente tienen que tomar se califiquen por el contrario como desastrosas. Al mismo tiempo, con este tipo de crítica feroz se tapan los errores propios.

No entra en esa disputa entre iguales (o casi iguales) la Administración Local, especialmente los Ayuntamientos, calificados de forma habitual por los burócratas sobre todo del Estado como “administraciones inferiores”. Desde esta filosofía, la comunicación que recibimos de las “administraciones superiores”, suele ser unidireccional e imperativa. Aquí no hay negociaciones.

En resumen, todo lo anterior se puede plasmar en un sencillo cuadro:

Fuente: elaboración propia

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. NOSOLOAYTOS. WEB OFICIAL DE VÍCTOR ALMONACID LAMELAS 2020. AVISO LEGAL.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s