El valor de los valores en el empleo público

«Sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente»

(Howard Gardner)

Mediante la presente doy difusión a mi artículo «Las competencias en materia de integridad: la especial importancia de los valores en el empleo público», publicado en el especial «La revolución de las competencias», de la colección Capital Humano, de La Ley, bajo la coordinación de la excelsa María Dapena Gómez, quien precisamente ilustra todos estos valores de una manera paradigmática.

Obviamente no podemos compartir un contenido que es exclusivo para suscriptores de la revista, pero sí el resumen de nuestra aportación:

«El nuevo servidor público debe reunir una serie de valores éticos que complementan de forma natural las nuevas competencias y habilidades que también son imprescindibles. Los principios del art. 103 de la Constitución son servicio, objetividad, eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración, coordinación, sometimiento a la ley, además de mérito y capacidad en relación al acceso al empleo público. Se trata de principios que por supuesto mantienen toda su vigencia, pero la enumeración hace tiempo que se quedó corta. Las últimas normas de Derecho Público añaden un buen catálogo de nuevos y no tan nuevos principios, algunos de los cuales están íntimamente relacionados con el desempeño ético. Se promueve la imparcialidad, desde una total independencia política. La gestión de los fondos europeos viene acompañada de una normativa estricta que exige una ejecución impecable de los mismos desde el punto de vista de la integridad. Deberíamos hacer extensivo este nuevo enfoque, totalmente íntegro, a la gestión de la totalidad del dinero público. El servicio debe entenderse siempre enfocado al interés general, sin matices ni excepciones. Servicio público no es otra cosa que “servicio al público”. Y este solo puede llevarse a cabo, de una manera excelente y, como mínimo, decente, por parte de un nuevo perfil de servidores públicos que reúnan no solo las famosas habilidades blandas, sino también una serie de valores que conforman su integridad.»

Pensamos que queda claro. “Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”. Esto es lo que afirmaba Howard Gardner en esta interesantísima entrevista, que analizamos aquí. Precisamente el mes pasado tuve la oportunidad de participar en las III Jornadas sobre #gobiernoabierto en la #Agenda2030, en las que intervine en la mesa sobre «valores éticos para una nueva gobernanza», donde defendí este mismo planteamiento.

En definitiva, como reza la entradilla del artículo: «¿Para qué existe la Administración? ¿Aporta algún valor a la sociedad? La respuesta debería ser afirmativa, pero no sin antes construir, desde la autocrítica, un nuevo modelo de gestión pública basada en los valores que, precisamente, sea capaz de generar verdadero valor público.»

Acceda al especial «La revolución de las competencias» (contenido no gratuito)

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