Calambures en la Administración

El calambur es un recurso fonético, basado en la homonimia, en la paronimia o en la polisemia. Consiste en modificar el significado de una palabra o frase agrupando sus sílabas de forma distinta. Este es un recurso literario y artístico de rabiosa actualidad gracias a la canción-venganza de Shakira, donde menciona al menos dos muy claros: sal-pique y clara-mente.

Pero hablamos de una figura sumamente añeja. ¿Quién no conoce el famoso acertijo «Oro parece, plata no es», o el clásico juego de palabras con «máscara» y «más cara»?  Otro indispensable es el calambur del genial Francisco de Quevedo: «Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja. / Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es coja», así como cualquier otro del mismo autor o de su rival Luis de Góngora.

Los calambures también están muy presentes en el ingenioso humor de Ibáñez y Gomaespuma, sobre todo a la hora de inventar nombres (Milton Terías, Elena Nito del Bosque, Felipe Lotas o Aitor Tilla). Esto nos permitiría bromear a costa de apellidos ficticios que podrían referirse directamente a determinados perfiles ya más propios de una (mala) Administración: Enrique Cimiento, Ampa Peles, Juanca Bron o Pedro de la Cosa Dor.

«El enriquecimiento injustificado» (Orozco Muñoz, Martín). Aranzadi, 2015

Por nuestra parte, ya incorporamos alguno que otro calambur en nuestro particular Diccionario:

  • A-premio: Procedimiento de recargo tributario por no haber pagado en periodo voluntario, lo cual es un castigo por cierto, no un premio.
  • Bocación de servicio público: Dícese que la tienen los empleados públicos que presumen o alardean de ser buenos servidores públicos, pero cuyas palabras fanfarronas no están respaldadas por los hechos.
  • Conceja-lía: Podría ser el departamento municipal capitaneado por un munícipe con una sola ceja (un con-cejal), que también, pero realmente es el dirigido por uno que “la lía” (coloq. que la arma).
  • Contra tós (Ley): Regulación poco amable que diríase que ha sido especialmente concebida para confundir y fastidiar a todo el mundo.
  • Contrato de su Ministro: En un Departamento de la Administración General del Estado (AGE), contrato tramitado por un funcionario a medida para su máximo jefe, el Ministro, concebido según sus directrices.
  • Deficiencia: Actuación administrativa defectuosa y poco eficiente. También se utiliza en relación al principio deficiencia (no confundir con el «principio d’eficiencia», que en realidad es su antónimo exacto).
  • Dema-gogó: Político de cámara (Congreso, Senado, Parlamento autonómico, Pleno) que basa su discurso en las medias verdades, los circunloquios y la tergiversación. Gustoso de llamar la atención con trivialidades, a veces sube al estrado ceñido y con lentejuelas y baila electro-latino o reggaeton.
  • E-moción: Propuesta de acuerdo presentada por un grupo político al Pleno, cargada de sentimientos, y que desde la Ley 39/2015 debe presentarse por medios electrónicos.
  • Fracciona-miento de los contratos: Dícese de un fraccionamiento ilegal y mentiroso de un contrato público. El contrato se fracciona con la finalidad de evitar los requisitos de publicidad y concurrencia, pero todo es un embuste, un burdo engaño.
  • Hay untamiento: Este es un clásico y por supuesto tampoco es de nuestra autoría. Una definición sencilla sería “entidad municipal corrupta”.
  • Orario de trabajo: Periodo de tiempo en el que se permanece físicamente en el centro de trabajo calentando la silla y, en algunos casos, simultáneamente se ora o reza para que nadie se de cuenta de que, en el fondo, no se está rindiendo un carajo.
  • Personal desconfianza: Funcionario o funcionarios eventuales que transmiten poca fiabilidad técnica e incluso humana. Una de esas personas que uno no pondría la vida en sus manos.
  • Plan deformación: Uno que tiene programados cursos malos, inútiles, poco idóneos, y que van a ser desaprovechados con toda seguridad pero a los que acaso se apuntan los empleados por otros motivos. Dichos empleados, sin embargo, acaban deformando sus aptitudes profesionales. Estos cursos redundan “cero patatero” en positivo en el día a día. Puede tratarse de un curso que sea la enésima edición del curso sobre la Ley 30/92 o uno nutrido de charlas de Catedráticos “encantados de conocerse”, cuyas lecciones magistrales están tan alejadas del lenguaje coloquial como de la realidad práctica de la administración. Los promotores de estos cursos opinan que la inteligencia emocional, las técnicas de comunicación, el inglés administrativo, las RRSS, la igualdad de género o la firma electrónica, son temas chorras que nadie debería aprender.
  • PoliCIA local: Agente de la policía municipal “venido arriba”, que se cree y comporta como un agente de los cuerpos especiales de inteligencia (CIA, FBI…).
  • Prueba textifical: En un expediente sancionador, aquel medio de prueba basado en el testimonio de una persona a la que se toma declaración, incorporando la misma al expediente de manera literal o textual.
  • TraBAJAdor: Empleado público que siempre está de baja por dos posibles razones: que el pobre realmente esté flojo de salud, en cuyo caso por supuesto no hacemos broma, o bien porque carece totalmente de vocación de servicio público y su triste finalidad en la vida es trabajar lo menos posible, todo ello bajo el aplauso del médico amiguete de la Mutua. Ver perfil “Piscinazo” en esta entrada.

¿Se os ocurren algunos más? Tómese como pasatiempo, para cuando salgamos de tra-bajar o traba-jar (cualquiera de las dos) entre expedientes mal foliados.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Tomas ORBEA dice:

    Estimado Víctor: Ahí va otro término para su diccionario de «calambres» que probablemente ya la tenga en su archivo pero que por si acaso se la envío: Hay untamiento (Ayuntamiento): Dícese del Gobierno Local donde algunos individuos requieren pagos extraordinarios y personalizados para autorizar determinados obras. Son tan numerosos que forman una plaga que se extiende sobre todo en las áreas de Urbanismo con especial dedicación en zonas costeras. Se les suele distinguir por el milagro que realizan con su sueldo, ya que lo que para la mayoría les llega para vivir, a ellos les da para comprar chalets y deportivos. La plaga es tal magnitud, que la Sociedad lo tiene asumido como parte del paisaje.

    Aprovecho la ocasión para decirle que me encantan sus artículos.

    Un saludo

    1. Muchas gracias, Tomás. El de «Hay untamiento» lo utilizo mucho, y de hecho ya lo puse tanto en la entrada del Diccionario https://nosoloaytos.wordpress.com/2019/01/19/diccionario-de-malas-practicas-de-la-administracion-local-actualizado/ como en el libro «La divina comedia de la Administración». Es todo un clásico. No sé quién lo concibió por primera vez, quede claro que en este caso no es de mi autoría. Pero me gusta tu definición… En todo caso indico o quería indicar que en la presente entrada simplemente hago un extracto. Por ahí tengo repartidos muchos más… Muchas gracias de nuevo por tus amables palabras

      1. Tomas ORBEA dice:

        Muchas gracias por sus amables comentarios y explicación.
        Y gracias por ofrecernos ese diccionario tan ilustrativo. ¡Me encanta!

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