No falta “personal TIC”

Quien suscribe podría escribir un libro de anécdotas o ejemplos prácticos de “resistencias al cambio”. Una de las más recurrentes que he escuchado últimamente es la que le plantean a un compañero: aquí no se puede implantar la administración electrónica porque nos falta “personal TIC”. Él estaba preocupado pero yo me he quedado encantado ante la posibilidad de rebatir esta nueva argucia de los detractores de la modernización.

Cuando el autor de esta entrada a quien podríamos considerar una persona relativamente jovencomenzó a trabajar en la Administración, utilizaba la clásica e impagable máquina de escribir Olivetti para rellenar impresos y formularios tales como Cédulas de habitabilidad. En algunos lugares aún se hace así, y nada que objetar, por cierto, porque siempre hay que tener un Plan B por si “cae el sistema” (¿realmente puede caer?). El caso es que en aquella época, cuando yo empecé, por supuesto ya había ordenadores, pero solo unos quince para una plantilla de unas cincuenta personas. Luego llegaron más ordenadores, y luego un informático, quien por cierto para nada era tratado como el directivo público que ahora es o debería ser, sino como a un «aprietatuercas»…

El los últimos años hemos visto como las TIC permiten a los empleados públicos trabajar y aprender más y mejor. Según el Informe IRIA 2010, en los últimos 2-3 años de la primera década del siglo el gasto total en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en la Administración Local aumentó enormemente, si bien resulta significativo señalar que la mayor parte del presupuesto a tal efecto fue a parar a gastos informáticos, y en menor medida a telecomunicaciones, que a nuestro juicio son igualmente importantes, pues no en vano son la “C” del acrónimo TIC.

El ciudadano dispone de todos estos "cacharritos", y los quiere utilizar para realizar sus trámites administrativos
El ciudadano dispone de todos estos “cacharritos”, y los quiere utilizar para realizar sus trámites administrativos

Se debe mencionar, desde luego, la inevitable heterogeneidad municipal en materia de incorporación de las TIC, de modo que los Municipios pequeños destinan un porcentaje mayor de gasto en TIC a telecomunicaciones que los Municipios grandes y las Diputaciones, puesto que estos últimos cuentan con gastos de compras de hardware, software y gastos de personal que los Municipios pequeños obtienen en muchos casos de las Diputaciones, por lo que cambian los porcentajes de distribución del gasto. Otros datos relevantes de aquel estudio fueron:

  • En los Municipios pequeños predominan los gastos en hardware y servicios. En estos Municipios en muchos casos no hay personal TIC estrictu sensu.
  • Por su parte, la partida de gastos de personal acapara el mayor porcentaje de gastos en los Municipios de más de 10.000 habitantes.
  • La mitad del gasto en Diputaciones corresponde a la partida de servicios informáticos.
  • La participación de los gastos de software en la cifra total de gastos se incrementó en los últimos años sobre todo en los Municipios grandes y medianos.

Un indicador importante es el de ordenadores personales por cada 100 empleados públicos, cifra que sigue subiendo y que es de esperar que se sitúe cada vez más cerca del 100, incluso teniendo en cuenta la naturaleza de algunos empleos públicos: ¿debe tener un PC un jardinero municipal? Quizá no, pero en nuestra opinión sin duda sí debe ir provisto de algún dispositivo tecnológico que le permita realizar mejor su trabajo.

Por otra parte, prácticamente todos los Municipios de más de 100.000 habitantes, así como las Diputaciones, Consejos y Cabildos cuentan con Intranet propia, disminuyendo el porcentaje según asimismo disminuye el tamaño de la Entidad. Cabe matizar que aparte de los Municipios que cuentan con Intranet propia, muchos Municipios de menos de 30.000 habitantes están conectados a la Intranet de la Diputación o Entidad supramunicipal correspondiente. Por último, casi la totalidad de los centros de trabajo en Diputaciones y Municipios mayores de 10.000 habitantes, están conectados mediante banda ancha, mientras que el porcentaje disminuye en los municipios de población inferior.

En definitiva, lo que demuestran estas cifras es que, a pesar de la heterogeneidad, de manera directa o indirecta, todos los empleados públicos somos personal TIC, o al menos esa es la tendencia habida cuenta del aumento del gasto tecnológico de las Corporaciones locales (las TIC y sus dispositivos nos rodean por todas partes), y, sobre todo, de los actuales procesos de cambio internos que estamos viviendo (implantación de la administración electrónica, en el sentido amplio). Un matiz importante con respecto a planteamientos pasados es por tanto que las TIC, desde el punto de vista profesional, han pasado de ser «cosa del informático» a un asunto común, ya que el manejo de las herramientas y aplicaciones ya implementadas y en algunos casos consolidadas exige de los trabajadores públicos un nivel de usuario imprescindible para realizar sus funciones, dejando obviamente la programación para los técnicos informáticos internos o externos. Todos somos, por tanto, «personal TIC». El art. 19 de la LAESP desde luego no discrimina cuando regula la firma electrónica del personal al servicio de las Administraciones Públicas, y otro tanto se puede decir del art. 22 de la misma Ley, que prevé la posibilidad de la identificación y autenticación de los ciudadanos por parte de los funcionarios públicos en general, no solo de los “espabilados” o de los que lo tengan que hacer según la RPT.

La conclusión final es que en la nueva Administración local, que el Secretario sepa «un poco de informática» y el Informático «la Ley de Bases del Régimen Local» debe ser algo cada vez más frecuente hasta convertirse en habitual. Cualquier otro planteamiento quedaría obsoleto y fuera de lugar. Así lo hicimos en Picanya y no nos fue nada mal. Debemos ser más completos, aunque nos paguen menos. Es una cuestión de profesionalidad. La tantas veces citada Exposición de Motivos de la LRJPA establece desde su redacción original: «El extraordinario avance experimentado en nuestras Administraciones Públicas en la tecnificación de sus medios operativos, a través de su cada vez mayor parque informático y telemático, se ha limitado al funcionamiento interno, sin correspondencia relevante con la producción jurídica de su actividad relacionada con los ciudadanos. Las técnicas burocráticas formalistas, supuestamente garantistas, han caducado, por más que a algunos les parezcan inamovibles, y la Ley se abre decididamente a la tecnificación y modernización de la actuación administrativa en su vertiente de producción jurídica y a la adaptación permanente al ritmo de las innovaciones tecnológicas». El párrafo anterior constituye una inequívoca declaración de buenas intenciones, el impulso del salto a la modernidad, pero lo cierto es que esta Ley supera holgadamente los veinte años y aún no hemos consumado aquel buen propósito. El cumplimiento de las medidas legislativas —LRJPA, LAESP, LEBEP— corresponde esencialmente a la Administración, pero es ahora cuando se está empezando a caminar por la senda marcada hace dos décadas.

Todo ello es compatible con la defensa incondicional del factor humano. La Administración se compone de personas, las cuales a su vez se relacionan con otras personas, y esto ocurre sobre todo en el caso de la Administración municipal, la más próxima al ciudadano. Pero hoy día un buen porcentaje de dichas relaciones ya se desarrollan de forma electrónica,  telemática o telefónica. Este porcentaje por supuesto aumentará, y además lo hará de forma geométrica. Desde luego las relaciones presenciales seguirán siendo mayoritarias durante bastantes años, y de ahí la importancia de las OACs, pero  el correo, las notificaciones, y las facturas electrónicas tardarán mucho menos en imponerse a sus homólogos antiguos, sobre todo al correo postal. En todo caso, y hablado el presente, el funcionamiento administrativo a nivel interno ya es o debería ser íntegramente electrónico. Con todo esto estamos diciendo que en este momento todas las relaciones y trámites internos, y parte de los externos, se instrumentan por medio de las TIC. El empleado público actual debe estar preparado para realizar bien su trabajo.

De modo que el que no sepa cambiar el toner que aprenda, pero que no moleste al informático para eso porque este tiene cosas infinitamente más importantes que hacer. Una vez dije esto en una charla y se oyeron murmullos de desaprobación, entre los cuales se alzó a modo de líder de la resistencia un sujeto dudosamente bienintencionado que me preguntó: “¿tú cambias el toner de tu impresora?” Ni mi mejor amigo me hubiera ayudado más a rematar de mejor manera la disertación, porque la respuesta que le di, y por supuesto la verdad, es: “No, porque no tengo impresora”.

Conclusión: si no falta personal, no falta “personal TIC”, porque personal TIC somos toda la Plantilla.

ANEXO: Cómo cambiar el toner:

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