¿Cómo hacer que se cumplan las normas?

La Ordenanza del Ayuntamiento de Vigo que prohíbe miccionar en el mar ha reavivado en mi mente un antiguo debate sobre el Derecho positivo, el Derecho natural (una de mis asignaturas preferidas en la carrera), y el cumplimiento de las normas. Este último se puede lograr a través de varias técnicas, siendo la más famosa la coercitiva (paga impuestos o te cae un recargo y una sanción), y siendo la más efectiva la del cumplimiento voluntario, porque no requiere de un estímulo externo, sino de la interiorización de unos valores y pautas de comportamiento incompatibles con la infracción de la mayoría de normas.

Claro está que hay normas y normas. Visto que es absolutamente imposible controlar y comprobar quién ha orinado en el mar (salvo que lo haga desde la orilla en plan aspersor), y visto que incluso una buena persona podría considerar salvable éticamente hacer un pis en caso de necesidad (no por sistema) mientras está nadando o flotando a cierta distancia del resto de bañistas, ahí tenemos una norma, esta Ordenanza del Ayuntamiento de Vigo, imposible de hacer cumplir: ni por temor a la sanción de 750 euros (porque es del todo imposible identificar a los culpables), ni por cumplimiento voluntario, porque me atrevería a decir que el 90% de las personas que se han bañado en el mar, sin llegar a ser meones habituales, alguna vez en su vida se han dejado ir dentro del agua cuando no han podido aguantar más. Y a buen seguro no se han sentido mal después de hacerlo, sino que más bien, seguramente, se han sentido mucho mejor.

La moraleja es que tenemos demasiadas normas. Estaría bien que hubiera menos, y mejores, y que se cumplieran e hicieran cumplir con efectividad. Un buen Código Penal no hace que desaparezcan los delitos, pero puede paliar su comisión. Este es el Código Penal de 1822, cuyo texto obviamente ha quedado anticuado, pero que recoge muchos delitos vigentes que dos siglos más tarde podemos constatar que han ido a peor. Otros delitos son nuevos, como todos los relacionados con la tecnología, por lo que poco a poco hemos ido actualizando las normas punitivas, si bien un buen Código Penal tampoco es necesariamente el que recoge más tipos infractores, ni mucho menos el que establece penas más duras. Y también habría que analizar lo duras que son para según quién, porque del mismo modo que a un contribuyente medio le puede hacer polvo una sanción tributaria o una multa de tráfico de 500 euros, Google se parte de risa cuando la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) le impone una sanción de 10 millones de euros por no respetar el derecho al olvido. Cuando la sanción no te hace ni cosquillas es muy improbable que modifique tu comportamiento futuro.

En definitiva, llegar a ese punto deseable de efectividad de las normas no es nada fácil. La interiorización de una serie de valores permitiría cumplir la inmensa mayoría de esas nomas de forma automática e incluso inconsciente, sin ni siquiera plantearse si vale la pena o no arriesgarse a recibir una sanción que, a su vez, puede hacer más o menos mella dependiendo del sujeto sancionado. Dicho lo cual, si este verano usted siente la llamada de la Naturaleza en pleno baño fresquito, el cual se da, por cierto, sobre todo en aguas oceánicas, no seré yo quién le reproche si cierra los ojos treinta segundos y se relaja para que todo fluya. Cosas muchísimo peores tiramos al mar, créanme.

Sospechoso, pero… ¿Culpable? Fuente: https://es.wikihow.com/

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