“Se acaba el teletrabajo”… Sí, pero el pandémico, sólo ese

«A veces, uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado»

(Leonard Cohen)

Cuando uno lleva más de veinte años en la Administración pocas cosas le sorprenden. En este sentido, no me sorprendió cuando hace unos días apareció la Resolución de la Secretaria de Estado de Función Pública sobre revisión de las medidas frente a la COVID-19 a adoptar en la Administración General del Estado ante la evolución de la crisis sanitaria y avance de la vacunación. A nivel autonómico, tampoco me sorprendió la noticia, por ejemplo, de “El final del teletrabajo por el Covid en la Generalitat” (por cierto, eso de “El final del teletrabajo” tiene un punto poético, como aquella canción de “El final del verano). Y no me sorprende en absoluto comprobar como en el nivel de la Administración Local, que suele ser la más razonable, al menos se mantienen por lo general las buenas prácticas y los intentos de establecer un teletrabajo post pandemia, ya con muchos Reglamentos aprobados y los servicios bien organizados para que sea posible.

Pero sí me sorprende, y aquí seguramente sigo pecando de ingenuo (a mucha honra, por cierto), la gran hostilidad y la inquina extrema que provoca el teletrabajo en algunas personas. Personalmente llevo días recibiendo todo tipo de mensajes, normalmente a través de MD o Messenger en las distintas redes, pero también en forma de e-mails e incluso Whatsapp, de personas alegrándose de que haya finalizado el teletrabajo, con un tono que no acierto a ubicar pero que parece más bien cercano a la burla o a aquella práctica inmadura de restregar una victoria de su equipo sobre el mío. Ya es raro de que uno sienta alegría porque finalice el teletrabajo, si bien cada uno es libre de celebrar los acontecimientos que más satisfacción le produzcan, pero que sienta la necesidad de transmitir esa alegría, en forma de ataque o de mofa a otra persona, francamente me parece insano mentalmente. A veces pienso, y que nadie se ofenda (o sí, porque vivimos en una continua susceptibilidad), que el número de psicópatas que convive entre nosotros es mucho más elevado de lo que podríamos imaginar.

Personas celebrando que “se acaba” el teletrabajo. Por lo visto era el mayor problema que tenía la Humanidad

Estos ataques, que, como digo, sorprenden más que molestan, nos hacen conectar con la argumentación mucho más educada, pero repleta de miopía y errores de concepto, que se esgrime para dar por finalizado el teletrabajo. Como explica la propia Secretaría de Estado de Función Pública en relación a la norma anteriormente citada: “La resolución adoptada tiene por objeto servir de marco general para garantizar la homogeneidad en la vuelta a la presencia física ordinaria en los centros de trabajo para todo el personal al servicio de la Administración General del Estado, sin perjuicio de las particularidades derivadas de la estructura de cada departamento ministerial y ubicación territorial de los mismos, así como de la necesaria adaptación de las medidas a la evolución de la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19”. En definitiva, se defiende, y además con un convencimiento que nos parece, nuevamente, sorprendente, que si no hay COVID-19 no hay teletrabajo (salvo excepciones que, como siempre, tienen que ver con la conciliación y otras circunstancias personales). ¿Pero qué tiene que ver? ¿Acaso el teletrabajo comenzó con la pandemia? ¿Acaso se ha derogado el art. 47 bis del TREBEP? Evidentemente no. En tal caso, tampoco debería finalizar con el fin de la pandemia. La mera asociación de ideas se antoja ridícula. ¡Pero es la explicación oficial! Quizá el problema sea esto después de todo:

“El teletrabajo deberá contribuir a una mejor organización del trabajo a través de la identificación de objetivos y la evaluación de su cumplimiento”.

(Art. 47 bis del TREBEP)

En definitiva, lo que “se acabó” no es, ni mucho menos, el teletrabajo. ¿Cómo va a morir la modalidad de desempeño a distancia en pleno siglo XXI, precisamente después de haber demostrado todas sus muchas ventajas y sus pocos inconvenientes (los cuales desaparecen con el modelo hibrido), y cuando por fin ya nadie discute la bondad (y la obligatoriedad) de la administración electrónica, la cual también es telemática? Lo que va a finalizar, porque, esperemos, parece que la pandemia se encuentra en su recta final, es ese experimento improvisado del “todos a casa” que impusieron las circunstancias, un pseudo teletrabajo que, a pesar de todo, no fue nada mal. Adiós confinamiento, hola teletrabajo post pandemia. Híbrido, organizado, regulado y vinculado al trabajo por objetivos, propiciando así una mayor eficiencia y generando una mejora del servicio público… ¿De verdad suena tan irritante?

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. otilia bas huesca dice:

    Me parece bien que haya teletrabajo pero cuando no cree privilegios entre nivels ni unidades. Esto ocurre en Villena (Alicante). Tecnicos si, administración no.

  2. Beatriz dice:

    Que bien expresado Victor, a veces me reitero en que vivimos en un pais de pandereta y de exposicones donde aplaudimos hasta lo absurdo e irracional.
    Gracias por el artículo, quizás ayude a abrir y hacer pensar a algunas mentes

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