Derechos de los usuarios de Internet (especial referencia a las Redes Sociales)

Por fin tenemos una #CartaDerechosDigitales (véase aquí nuestra entrada al respecto, en la que tuvimos la oportunidad de entrevistar a Borja Adsuara, uno de los padres de este texto). Ya teníamos, y también es de agradecer, todo un apartado de Derechos Digitales en la LOPDGDD, a la que también nos hemos referido en más de una ocasión.

Por tanto, es fantástico que dispongamos de derechos de nueva generación, tales como el de acceso universal a Internet, el de desconexión, el de ciberseguridad, el de participación digital, el derecho al olvido e incluso un derecho al testamento digital .

Sin embargo, no está de más recordar que tenemos un derecho fundamental a la libertad individual, que va incluso más allá de la libertad de expresión, y que en estos lares de Internet, esencialmente como usuarios de las Redes Sociales, nos permitirían ejercer una serie de derechos oficiosos que me permito listar a continuación:

  • Derecho fundamental a no ser engañado, del que ya nos ha hablado precisamente Borja en alguna ocasión. Y es fundamental porque parte del derecho constitucional de tal rango a recibir libremente información veraz. Bien es cierto que en el engaño, también en la manipulación, siempre existe un porcentaje de culpa, llámese ingenuidad, por parte del engañado. Por este motivo podríamos reconvertirlo en un derecho a que no intenten engañarnos.
  • Derecho a no contestar preguntas, especialmente consultas profesionales.
  • Derecho a no leer o escuchar opiniones que nos resulten desagradables. Esto ya se lo organiza cada uno como quiera. Aquí la subjetividad es total, pero nuestra libertad nos permite el lujo de ejercer filias y fobias sobre los diversos temas e incluso personas, aún si nuestra opinión podría ser calificada de poco razonable. Tanto da; no existe una obligación a tener que sentirse mal. El único límite es no molestar a otros, algo que precisamente queda garantizado con esta conducta evasiva.
  • Derecho a no debatir. Aunque no se trate de consultas o preguntas directas, la intervención de otra persona en un hilo al que pertenecemos puede instar un posible debate, en el cual se puede participar o no. Obvio, pero a veces cuesta no opinar cuando se tiene una opinión muy nítida sobre un asunto o directamente cuando el primer opinador ha parido una barbaridad en toda regla, faltando al fondo e incluso a las formas. Pero aunque sea toda una tentación ponerlo en su sitio, se puede dejar pasar el impulso y continuar con nuestra vida. Cuando esto ocurre, en muchas ocasiones, claro está, el interlocutor puede sentirse vencedor moral o argumental, sobre todo cuando sí se ha empezado a debatir (aquí dimos algunos consejos al respecto) y se ejerce este derecho en su modalidad de “no seguir debatiendo”, ya que uno es libre de dejar una conversación cuando quiera (o cuando vea que es inútil o improductivo continuar).
  • Derecho a ignorar por completo a alguien, que sería una versión similar pero más genérica y rotunda que las anteriores.
  • Derecho a bloquear y a silenciar (este último es mi favorito). Cuando, pese a todo, el incordio es inaguantable y/o inaceptable, la mayoría de RRSS disponen de estos mecanismos de protección contra los perfiles más insufribles. Hablando en concreto de Twitter, diré que personalmente no suelo bloquear. Me gusta más silenciar, que es lo más parecido a borrar de la existencia (virtual) a alguien, al menos ante tus ojos. Si el bloqueo fuera el odio, el silenciamiento sería la indiferencia. Mejor.
Opinador malicioso (coloquialmente trol), sintiéndose más poderoso que en la vida real. Se les puede ignorar con absoluta libertad

Una última reflexión. Ante tal bombardeo diario de estímulos sencillos pero emocionales sentimos la necesidad de opinar, y lo hacemos frecuentemente porque ahí están a nuestra entera disposición, a una simple distancia de unos pocos caracteres y el botón de publicar, nuestros perfiles en las distintas RRSS. Uno de los grandes logros de la democracia es nuestro preciado derecho fundamental a hablar y a decir lo que queramos (libertad de expresión), pero dicho derecho, además de que tiene sus límites, también tiene sus matices. En efecto, se trata de un derecho que podría matizarse, sin perder un ápice de fuerza, con otros dos:

  • Derecho a ser una persona culta, o al menos a estar mínimamente informada.
  • Derecho a estar calladito. Se puede hablar y opinar, pero también se puede, perfectamente, no opinar, al menos públicamente, sobre todo cuando uno opina por encima de sus posibilidades (véase la entrada “Expertos” como el chófer de Einstein).

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. NOSOLOAYTOS. WEB OFICIAL DE VÍCTOR ALMONACID LAMELAS 2021. AVISO LEGAL.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s