¿Cómo debatir con un trol?

«¿No tienes enemigos? Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia».

Santiago Ramón y Cajal

¿Cómo debatir con un trol? Preferiblemente trol, sí, mejor que troll (que también es correcto). Bien, ante todo cabe indicar que sin duda lo más cómodo y quizá lo más sensato sea no debatir con ningún trol en ninguna red social. Este sería un buen consejo (véanse aquí otros “Consejos para evitar conflictos en las RRSS“).

Ante todo debemos entender que un trol es un alborotador y provocador experto (la experiencia hace expertos), alguien que te lo va a poner realmente difícil, por lo que se debe medir muy bien el coste de oportunidad que tiene entrar en determinadas discusiones. Además, como cualquier tramposo, juega con ventaja (y nunca va a renunciar a la misma). Por ejemplo, suele tergiversar datos e informaciones con absoluto descaro y naturalidad, suele o al menos puede mentir en todo o en parte sin pestañear, suele apelar a la parte emocional del hipotético público, buscando el apoyo de personas concretas o de determinados colectivos “indignados”, a quienes utiliza y atrae a su bando con arengas populistas. Y mi preferida: los trols rara vez son personas identificables a simple vista. En efecto, como dijimos en esta ocasión (en la que, por cierto, explicamos la diferencia entre trols, haters, fakers, flammers, etc...), “El hecho de que su identidad no sea, en principio, conocida, juega como elemento desinhibidor y puede crear también cierta sensación de impunidad. El troll puede crear mensajes con diferente tipo de contenido, como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar (digamos, fakes bien trabajados), con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás. El objetivo final puede ser la satisfacción intelectual de sentirse hábil en el uso del sarcasmo y el enredo, o simplemente llamar la atención, por lo que, si se trata de un troll anónimo, podría ser una persona de carácter tímido en la vida real.” ¿Alguna vez han entrado en un foro de críticas u opiniones cinematográficas para decidir si vale la pena o no ver una película? El otro día entré en uno de filmaffinity. Personas como “Juanjo Iglesias” puntuaban la película con un 7, defendiendo su originalidad. Por su parte, “ais1970” titulaba su crítica con un rotundo “Vaya bodrio”, puntuándola con un 2 y cuestionando con enfado la capacidad y el gusto del resto de personas, no pocas, que habían calificado la película de forma positiva. Sin duda el (presunto) anonimato es una de las principales fortalezas del trol, una ventaja y un gran estímulo para dar rienda suelta a su osadía.

En el fondo resulta interesante “pelear” contra un enemigo invisible y medianamente hábil. Pero no se engañen, ya que un servidor, las pocas veces que entra en la pelea, no lo hace porque le resulte divertido o en cierto modo le suponga un reto o estímulo intelectual. Este tipo de debate con todo en contra resulta muy complicado y en muchas ocasiones desagradable, porque ni sabes con quien hablas (podría ser cualquiera) ni el trol sigue las reglas éticas de los debates, y por eso en efecto lo hago muy pocas veces y siempre que el tema entiendo que lo merece. La cosa más fácil del mundo es venderse al populismo, pero si uno cree en una versión alternativa a la oficial o mayoritaria, que además suele ser políticamente incorrecta, pero tiene el convencimiento de que emitir dicha opinión puede influir, al menos mínimamente, en la formación de la opinión pública e incluso en la toma de las grandes decisiones que nos afectan a todos, entiendo que tiene la obligación moral de opinar. O al menos es lo que nos deja confortados a los que tenemos determinada forma de ser, una forma de ser donde la neutralidad o el silencio cómplice no tiene cabida. La “voz interior” no es algo que se deba censurar sistemáticamente, entre otras cosas porque somos libres. Ser uno mismo es infinitamente más importante que ser popular o políticamente correcto. Pero tampoco cabe caer en la vanidad de pensar que uno puede tener una opinión valiosa para cada tema que surge. La credibilidad no la da la habilidad para la demagogia, sino una sólida argumentación y, sobre todo, la condición de especialista. Y yo solo soy especialista en una cosa. Personalmente defiendo mis opiniones de forma objetiva y tratando siempre de aportar en positivo para que la Administración sea un lugar mejor, lo cual mejoraría en consecuencia el servicio público. La gestión pública, en sentido amplio, ese es mi tema. No hablo prácticamente de nada más, con la lógica excepción de trivialidades como el humor, el ocio o el deporte, pero como temas menores y evidentemente con un enfoque mucho más insustancial.

Por otra parte, lo malo de algunas opiniones es que en el fondo no son opiniones o posicionamientos. Simplemente son críticas destructivas disfrazadas, o no, de opiniones. ¿Pero quién y por qué critica de esta forma tan hostil? Steve Jobs lo tenía muy claro:

Por tanto hay que debatir, incluso con los trols, al menos de vez en cuando y cuando la ocasión o el tema lo merece. Se supone que cada persona sigue una línea coherente. En el caso de los llamados “innovadores” o “personas innovadoras” de la Administración (término que, sinceramente, se ha puesto barato), debemos entender que si por medio de los artículos, las charlas, las entradas y nuestro propio ejemplo o trayectoria tratamos de crear tendencia, por así decirlo, u opinión, o de influir de alguna manera, también tenemos que hacerlo, hasta cierto punto, en los debates que surjan al hilo de esas aportaciones originales. Incluso en los “debates sucios”, asumiendo las mencionadas desventajas. Y no ya por caer en la provocación, sino para evitar, en la medida de lo posible, que quien intenta confundir lo consiga. Los trols siempre ocultan sus cartas. Lees lo que dicen, pero normalmente no sabes qué pretenden exactamente o qué hay detrás de sus opiniones. Esto es importante, porque la clave no es lo que dice, sino por qué lo dice.

Las técnicas de troleo se han sofisticado. No hay profundidad ni ganancia detrás de los ataques personales directos, más propios de haters, y por eso cada vez se utilizan menos. Hoy en día son más efectivas, por ejemplo, algunas técnicas copiadas de la “mala prensa”, como hacer un titular de una frase sacada de contexto, o tergiversar tu opinión para afearla, o directamente inventársela. Tratan de ubicarte en la posición menos popular, porque en las redes sociales pesa mucho “la fuerza de la pandilla”. Tratan de darte donde más te duele, táctica en este caso que suele salirles mal, porque acaso creen que te conocen, pero no es así. Esto es estrategia bélica de primero de básica: cuando te atacan el punto fuerte creyendo que es el débil, entonces la ventaja es tuya. Sea como fuere, el hilo conductor de todo su discurso es la manipulación. No suelen empezar por lo personal (insisto, algo más propio de haters), pero cuando se sientan perdedores no dudarán en entrar en ese terreno. Aquí es donde veremos la estrategia pasivo agresiva, en su vertiente de “victimización”. Ellos, incluso después de haber atacado de forma agresiva, son capaces de mostrarse como la víctima. Esto les legitima para estar ofendidos, indignados, enojados y ultrajados. En este contexto “a la defensiva” cualquier insulto o acusación parece justificado.

Vamos con la opiniones. No vamos a cuestionar el cliché de que todas son válidas, aunque sin duda esto es muy matizable. Pero aún admitiendo que (casi) toda opinión es al menos legítima, es más que evidente que algunas no son objetivamente correctas. No todo es defendible. La Tierra no es plana. Simplemente porque está demostrado de forma irrefutable y evidente que no lo es. Aún así, en el mundo actual, existe un sector que afirma: “mi opinión es que es plana, respétame”. Bien, este tipo de declaraciones en realidad no debería inquietarnos y mucho menos incitar al debate. Sin llegar a ese nivel de barbaridad, una opinión basada en una premisa falsa tiene a ser incorrecta, y probablemente también falsa. De una mentira tomada como verdad no puede derivar un postulado cierto. Por tanto, no todas las discusiones se pueden resolver con el criterio salomónico de que “los dos tienen un poco de razón”. No siempre es así. A veces uno la tiene por entero y el otro no la tiene en absoluto. Pero, a falta de argumentos, en ocasiones el trol se muestra rotundo. Publica una declaración contundente o lapidaria, y así podría parecer que tiene razón. Es la fuerza de la puesta en escena, de la estética, y no tanto del fondo. Existen algunas frases que dan apariencia de autoridad: “Estoy seguro de que…”, “los datos demuestran que…”, “lo importante es…” , o “todo el mundo sabe que”…

Otra cuestión interesante es la de si el fin justifica los medios. Evidentemente no. Los medios (las formas) deben ser legales, correctos, y preferiblemente éticos. Y el fin, en una conversación honesta, debe ser conocido o, al menos, no deliberadamente ocultado. En los debates de las redes, la motivación real no siempre es la que se muestra. Se puede apelar a una motivación muy elevada, pero la intención interna y verdadera suele ser otra mucho menos noble (por eso la callan). Muy complejo ¿verdad? Los malos de las películas suelen ser menos complicados. Un trol no quiere conquistar el mundo: su razón de fondo será probablemente mucho más retorcida y egoísta, o quizá simplemente se aburre. Si nos centramos exclusivamente en el mundo de la Administración, el trol suele ser un inmovilista. La resistencia al cambio nunca te va a decir que no quiere mejorar, o no quiere trabajar. O peor: que no quiere renunciar a determinado chiringuito. ¿Cómo va a reconocer una cosa así? Por alguna de estas razones, el trol quiere mantener su statu quo, y por eso es lógico que choque con alguien como yo, precisamente @nuevadmon en Twitter. Ojo, sin ocultar ni remotamente mi verdadera identidad como hacen ellos, ya que queda claro que “nuevadmon” es Víctor Almonacid, un servidor, nombre que aparece bien nítido junto con una foto de frente “con la cara lavada y recién peiná”, más que meridiana. Lo importante es que “nuevadmon” significa nueva Administración, y esa es la temática de mi cuenta. A lo nuevo se llega a través de los cambios, y los cambios incomodan… Pero tampoco todo defensor de cambios es precisamente un héroe. Un “opositor” que defiende a ultranza la eliminación de las pruebas memorísticas nunca te dirá que no tiene ninguna intención de esforzarse para llegar a ser empleado público. Te dirá que la Administración tiene que cambiar radicalmente las pruebas de acceso para captar el talento en lugar de la memoria, y que él concretamente tiene mucho talento. Este tema, por cierto, es mucho más complejo de lo que parece, tal y como he manifestado en diversas ocasiones (por ejemplo, en este artículo de prensa).

Vamos acabando. Soy consciente de que más que explicar cómo debatir con un trol he descrito, creo que de forma minuciosa, cómo se comporta un trol. En realidad es lo mismo, porque conociendo al enemigo es como se le puede vencer. Y que conste que esto es una frase hecha, porque no es el enemigo, ni mucho menos, sino una persona con sus virtudes (que en este caso tiene bien guardadas) y sus defectos (que son los que ha decidido exhibir). Un simple trol, en definitiva, y no un delincuente internacional. Este es un tema socialmente interesante, que desde luego da para una entrada como esta, pero sobre el que tampoco tiene sentido exagerar. No debe verse como una lucha entre el bien y el mal. De hecho no debe considerarse ni quiera una simple batalla y en general nunca deberíamos confundir un simple intercambio de pareceres con la guerra que algunos parece que creen librar. En algunos casos, cuando reina la educación, es incluso agradable discrepar. Pero aún en una discusión con trols (tal es el plural de trol, y no troles), deberíamos desdramatizar. Precisamente lo importante es no tomárselo como una competición. No es un debate electoral ni un concurso de la tele. Personalmente me conformo con dejar clara mi postura, asumiendo que la contraria siempre va a tener sus defensores, e incluso, en ocasiones, una parte de razón. Y es que un trol puede tener al menos algo de razón, Dios me libre de pensar que solo yo la tengo, pero si recurre a “trolear” sigue siendo reprochable en cuanto a las formas, el tono, o sus verdaderos motivos, que probablemente seguirá manteniendo ocultos hasta el final, como decíamos. En todo caso, en cuanto en Internet se forman dos bandos, automáticamente ambos reclutan y tienen sus partidarios. Incluso los tienen el terraplanismo o el negacionismo.

En las redes sociales se producen miles o seguramente millones de debates todos los días. Encontraremos buenas y malas formas, opiniones razonables o incompresibles, argumentos más o menos convincentes, y motivos nobles o más bien dudosos. Se puede tener todo esto (opiniones, formas, argumentos, motivos), pero el alma de la discusión siempre será la causa. El trol es, en muchas ocasiones, un rebelde sin causa. ¿Tiene usted una causa, querido lector? Como también dijo Jobs, “Tienes que creer en algo, en tu instinto, en tu destino, tu vida, el karma, lo que sea”. Buen debate.

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