Frente a la violencia, educación

Algo estamos haciendo mal con los niños en su etapa escolar si no somos capaces de convencer a nuestros jóvenes, ya más creciditos, que la libertad de expresión no legitima manifestaciones extremadamente violentas que incitan a la tortura y el asesinato; o que la libertad de manifestación no justifica el destrozo sistemático del mobiliario urbano o de los comercios de los pobres tenderos que ya estaban al borde de la ruina con la crisis pandémica. Vaya por delante que me refiero fundamentalmente al sistema, no a los esforzados docentes, que bastante hacen con los medios disponibles, pero que algo no funciona es un hecho.

Esperemos que no…

Una propuesta para la culturización social sería explicar los conceptos básicos sobre organización y funcionamiento del Estado, los distintos modelos políticos, territoriales y económicos, y el contenido y alcance de los derechos fundamentales. Los potenciales destinatarios serían las personas de todas las edades, desde luego, pero el momento y el lugar de empezar a explicarlo es en la escuela primaria, aunque por supuesto se debe profundizar en secundaria y bachillerato y, ni que decir tiene, en la Universidad. Pero ese aprendizaje debe comenzar mucho antes de que midan 1,80 y puedan abrirle la cabeza a una persona de una pedrada. Estoy convencido de que, con el debido conocimiento de causa, una persona joven puede razonar desde la cultura y la empatía, y entender perfectamente que no existe ninguna razón legítima para actuar con violencia.

La reflexión completa sería la siguiente:

«Hace tiempo que algunos venimos reclamando una asignatura de Derecho Constitucional básico en las propias escuelas. Saber cómo se organiza y funciona el Estado, cuáles son sus instituciones principales, conocer el principio de división de poderes, cómo se elaboran las normas, o el contenido y alcance de derechos fundamentales como la libertad de expresión y la de manifestación, no vendía nada mal a los jóvenes (y a la sociedad en general).

Otra propuesta, en este caso para una asignatura que ya existe como es Historia, es que en esta se explique de manera clara, y sin sesgos políticos ni ideológicos, qué es la democracia, el fascismo, el comunismo, el totalitarismo, la monarquía, la república, etc…»

Desarrollemos, pues, esa cultura básica desde las edades tempranas. Es imposible que España sea al mismo tiempo un estado totalitario, dictatorial, policial, antidemocrático, fascista, socialcomunista, independentista, terrorista y anarquista, y sin embargo distintas personas lo manifiestan constantemente en el pleno convencimiento de estar en posesión de la verdad. Añadan a ese sesgo y a esa incultura un par de estímulos emocionales, propios o prestados y en todo caso debidamente (mal)intencionados, y tendrán una máquina de matar.

Y que conste que opinar es legítimo, incluso opinar de forma objetivamente errada, pero lo cierto es que van mucho más allá del alcance máximo de la libertad de expresión, letras de canciones que manifiestan, entre otras lindezas, las siguientes: “No me da pena tu tiro en la nuca, pepero”, “que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono”, “¡merece que explote el coche de Patxi López!”, “es un error no escuchar lo que canto, como Terra Lliure dejando vivo a Losantos»… No subyace ninguna libertad ideológica ni de pensamiento en las declaraciones que incitan a la violencia, la tortura o el asesinato. Podemos discrepar con otra persona, pero si la matamos, no podrá discrepar nunca más, ni con nosotros ni con nadie. En cuanto al medio en el que se propagan, me parecen especialmente graves las manifestaciones que forman parte de letras de canciones y tienen una expectativa clara de llegar a un número elevado de personas para condicionar su comportamiento. Lo cierto es que hasta los derechos fundamentales tienen sus límites (precisamente en los otros derechos fundamentales), algo perfectamente sencillo de explicar y de entender. Pero si nunca se explica o no se facilitan las herramientas para que se razonen los sucesos de forma objetiva, podemos caer presas fáciles de la agresividad.

Invertimos mucho dinero público en muchas cosas diferentes, una decisión que le corresponde al poder político. No es fácil gobernar. Pero quizá deberíamos invertir más, y mejor, en educación. En un sistema educativo que fomente el desarrollo cultural y emocional de nuestros jóvenes, propiciando su conocimiento del mundo, el pensamiento crítico y el aprendizaje dentro de los valores (aquí el deporte tendría mucho que ver). Desarrollar y ejecutar políticas públicas orientadas a implantar este tipo de educación escolar resulta fundamental para construir la futura sociedad adulta que necesita la Humanidad.

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