Darwin, el teletrabajo y otros cambios… Abocados a la extinción

“No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”.

Charles Darwin

Por un lado, es cierto que la inteligencia es el rasgo evolutivo diferenciador que ha permitido al ser humano erigirse como la especie dominante de este maltratado planeta. Paradójicamente, nos extinguiremos por falta de inteligencia. Y por falta de adaptabilidad. Sobre todo esta última. La adaptabilidad, definida como la capacidad de adaptación al entorno, es esa cualidad evolutiva que le falta al ser humano (sobre todo a algunos) y que le sobra a otras especies, como las cucarachas. Las cucarachas te pueden caer mal, pero con toda seguridad sobrevivirán a la raza humana.

La conclusión es que necesitamos personas inteligentes y adaptables, funciosapiens, personas que sobrevivan, al menos unos pocos siglos más, y por lo tanto en cuyas manos la Administración pueda sobrevivir también, manteniendo un nivel de servicio óptimo.

Las personas inteligentes y adaptables son conscientes de la necesidad de implantar cambios. Porque el servicio público debe mejorar, y para mejorar debe cambiar. Pero esta es más o menos la reacción de una importante mayoría de la “masa social” cuando se plantean los tan necesarios cambios organizativos, funcionales y aptitudinales:

Fuente: elaboración propia. © Víctor Almonacid Lamelas 2021

No vamos a afirmar categóricamente que las personas que reaccionan como muestra la imagen a los distintos temas que se apuntan son poco inteligentes, más que nada por no ofender a los que se sientan aludidos (¿hay algo más absurdo que ofenderse por alusiones?), pero sí afirmamos con la boca grande que son muy poco adaptables.

Otro rasgo diferenciador de las personas inteligentes y adaptables es que no pierden el tiempo discutiendo por nimiedades, como en qué momento exacto entrará en vigor completamente la administración electrónica (debate que nace erróneo, porque la administración electrónica no es una Ley). Las personas inteligentes y adaptables tienen una visión práctica de las cosas. Entienden los conceptos rápidamente, y en este caso comprenden las bondades de esta nueva manera de funcionar de cara a un notable aumento de la transparencia, la agilidad, la eficacia, la eficiencia, etc…, y simplemente impulsan su implantación.

Otra cuestión. Las personas inteligentes y adaptables hubieran aprovechado la redacción de una supuesta norma de “medidas urgentes para la modernización de la Administración” para “modernizar” (sobre todo para simplificar) todos los procedimientos, y no sólo los de ejecución de ayudas europeas. ¿O es que alguien tiene algún tipo de interés en que todo lo demás continúe siendo igual de lento y burocrático?

Otra más. Las personas inteligentes y adaptables ven el teletrabajo con perspectiva. Pero las que no lo son lo ven exclusivamente como una medida coyuntural para afrontar una serie de problemas, graves problemas por cierto, que nos asolan en la actualidad. Curiosamente, y aunque desde hace un año (en realidad más) “nos crecen los enanos”, el teletrabajo no se suele ver como una solución definitiva.

Por nuestra parte, hace un tiempo defendíamos nada menos que 30 ventajas enormes (e inapelables) del teletrabajo.

Imagen políticamente incorrecta (pedimos disculpas), pero que por desgracia no es más que una visión evidentemente exagerada de una lamentable realidad

Precisamente en ese artículo aparecía como una de las ventajas la “inserción laboral de colectivos desfavorecidos (especialmente con problemas de movilidad)”. Me pregunto por qué no se establece de una vez el sistema de desempeño a distancia como el “normal” para los empleados y empleadas con capacidades diversas, especialmente los que presentan alguna limitación física y se dedican a tareas “de oficina” y en todo caso de carácter intelectual. Para ellos el teletrabajo representa un plus en calidad de vida incluso por encima de lo habitual. Pero las organizaciones, a lo sumo, empiezan a mostrar cierta sensibilidad a partir de que el trabajador lo solicita y expone su problema. Es entonces cuando “se estudia”.

Los hay por tanto que, en su obsesión por denostar el teletrabajo, se centran exclusivamente en sus supuestos inconvenientes (algunos de ellos absurdos), y nunca, pero nunca jamás, en las ventajas. No las ven o no les interesa verlas, un poco de cada. Pero en cualquiera de los dos casos demuestran ser poco inteligentes y poco o nada adaptables.

Por otra parte, aunque muy relacionado, las personas inteligentes y adaptables visualizan con claridad que ahora es precisamente el momento de impulsar de una vez el trabajo por objetivos. Pero la predilección por el horario permanece incrustada en la cultura organizativa y en algunas cabezas de manera casi enfermiza:

Más cosas. Las personas inteligentes y adaptables no necesitan celebrar tantas reuniones. Teletrabajar no consiste en asistir a una reunión telemática tras otra hasta que se hacen las 15h. Por cierto, convoque usted una reunión a las 14:30 y ya verá como los asistentes se enrollan (y se enrocan) mucho menos de lo habitual. Sea como fuere, parece que algunos aman las reuniones telemáticas. El problema de fondo es que son el escudo perfecto para aquellas personas que, sin tener mucho más que hacer, ocupan así su jornada y ¿justifican? el teletrabajo. Y claro, los que de verdad teletrabajamos tenemos que hacerlo cuando acaban todas las reuniones. Y luego que me hablen de derecho a la desconexión…

Y la última, que declaro con pesar: las personas inteligentes y adaptables son, desgraciadamente, la minoría. No estamos diciendo que el resto no sean personas perfectamente válidas, que conste. Ni mucho menos. Estamos hablando de un plus de brillantez, reflejos y determinación, que es el que a la postre marca la diferencia evolutiva. Nada que esté al alcance de todo el mundo, vaya. Y aunque es perfectamente asumible que la mayoría de personas no sean tan inteligentes y adaptables, lo realmente terrible es que las personas que están llamadas a tomar las decisiones más importantes suelen ser, triste paradoja, las menos inteligentes y adaptables. Y por supuesto se rodean de perfiles paradigmáticos de la mediocridad, aún mucho menos inteligentes, adaptables y ambiciosos que ellos. Ni siquiera les asesoran; les aplauden.

En definitiva, estamos abocados a la extinción. Abocados con “b”, por cierto, ya que con “v” se escribe avocación, que es el instrumento jurídico de recuperación de la competencia por parte de un órgano. Y también “vocación”, que es lo que afortunadamente bastantes tienen pero que a algunos les falta. Cuando a un empleado público le falta inteligencia, adaptabilidad y además vocación es un funciosaurio. El no va más, vamos. Abocados, pues, estamos, a un futuro no que invita al optimismo. Mientras tanto, seguiremos “a bocados”, discutiendo por cuestiones que deberían estar más que claras y decididas desde hace años. Todo esto me recuerda a la mayoría de las reuniones telemáticas… Una pérdida de tiempo. Precisamente fue también Darwin quien dijo: “Una persona que se atreve a perder una hora de tiempo no ha descubierto el valor de la vida”. De hecho una persona dada a perder el tiempo no suele entender nada de nada, y cuando además se desprecia con el mismo desdén, no solo el tiempo propio sino también el de los demás, esa persona es tóxica, me permito añadir.

Por todo ello, y si alguien o algo no lo remedia, la teoría determinista nos dice que estamos abocados a la extinción. Pero antes se extinguirán los funciosaurios, claro está. Y es que los menos inteligentes y adaptables se extinguen primero.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. NOSOLOAYTOS. WEB OFICIAL DE VÍCTOR ALMONACID LAMELAS 2021. AVISO LEGAL.

Epílogo. Estamos peleando contra la pandemia. Presuntamente ganaremos, y será gracias a los científicos, los sanitarios y otros muchos buenos profesionales y ciudadanos que han aportado lo suyo, cada uno desde sus posibilidades, para contribuir a esa victoria. Fuera del cuadrilátero nos espera, ya con los guantes puestos, el siguiente rival. Se llama cambio climático, y parece mucho más duro de roer.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. luciateletrabaja dice:

    ¡Me encantó Víctor! Cuantas verdades juntas… Y qué bien hiladas. Gracias por tanto compartir.

  2. Encarni dice:

    las personas inteligentes y adaptables son defenestradas en el momento que son una amenaza intelectual para los que dirigen, a veces, sin suficiente conocimiento, los cambios en la Administración. Para cambiar la Administración hay que cambiar la cultura organizacional y para cambiar la cultura organizacional hay que conocerla y eso requiere una reflexión profunda o un gran conocimiento de la organización. Sin esa reflexión será muy difícil que algo cambie. En mi humilde opinión se está cambiando todo para que todo siga igual.
    Me encanta tu blog. Es un soplo de aire fresco. Inteligente y adaptable Victor. Enhorabuena.

  3. Virginia R. dice:

    Enhorabuena Víctor, me ha encantado. Me identifico mucho con todo lo que planteas. Es reconfortante encontrar compañeros que piensan, sienten y luchan por lo mismo que tú misma.

  4. patrimuras dice:

    Genial todo, me siento identificada con todo lo que expones, ahora mismo en esta no sé si 3ª o 4ª ola, están semana a semana decidiendo si seguimos Teletrabajo al 100%, o como se optó en septiembre del 2020 por el Teletrabajo al 50%, un absurdo total nos tienen continuamente en vilo, ¿por qué?
    Tienen que ser responsables ante todo lo que está pasando ahora al inicio del 2021, Teletrabajo 100%, nuestra administración no se paró en ningún momento¡¡¡ todos aportamos nuestros equipos, nuestras casas, nuestra electricidad, nuestra conexión a Internet, nuestro teléfono y por supuesto nuestro trabajo, ¿Qué más quieren?

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