Ser buena persona: las otras «soft skills»

“Es bueno ser importante pero es mas importante ser bueno” (Anónimo)

Hablamos hace poco, aquí mismo, de la necesidad de una gran reforma aptitudinal (un gran cambio cultural) que completase la manida «gran reforma administrativa» que muchos reclamamos desde hace años, incluso décadas, pero que otros parece que solo han visualizado en tiempos de pandemias, confinamientos y crisis sin precedentes. En esa ocasión dijimos que 2021 debería ser el año de las nuevas aptitudes y actitudes. El del liderazgo, la inteligencia relacional, la comunicación, las habilidades digitales, el teletrabajo, el trabajo en equipo, la empatía, el cumplimiento de objetivos, el análisis de datos, el aprendizaje, la ética pública, la dirección pública profesional. El de las grandes reformas organizativas… 2021 debería ser, y siendo optimistas será, el año de las soft skills.

Precisamente la aludida ética pública podría ser la punta de lanza de la bondad. Si bien se diferencian en que la ética se presenta como una serie de normas externas a modo de código escrito o social, mientras que la bondad (la calidad humana, la grandeza), es algo absolutamente intrínseco y personal. Es cierto que la ética también se interioriza o se acaba interiorizando desde esos estímulos externos (nuestros padres, otras buenas influencias y ejemplos, las citadas normas), por lo que, en un estado avanzado de interiorización, puede pasar de ser algo que penetra en nuestro ser a algo que emana del mismo, siendo a su vez influencia positiva para otras personas. Además, este proceso puede ser simultáneo, y de hecho se produce constantemente a lo largo de toda nuestra vida.

Ana Báez y Sara Hernández Ibabe, empleadas públicas y buenas personas

En nuestra charla del Congreso Novagob de este año, desarrollamos una serie de ítems que comenzaban por las letras iniciales del acrónimo N.O.V.A.G.O.B. Cuando llegamos a la G hablamos de palabras ciertamente importantes en esto de lo público, como Gobierno, gobernanza y gestión. Pero también hablamos de Grandeza. Desde esta perspectiva ética, grandeza se puede considerar sinónimo de palabras similares que también ilustran este concepto: ejemplaridad, integridad, vocación, responsabilidad, valores…

Pero la grandeza no solo es exigible a los gobernantes, ni mucho menos, sino a todos y cada uno de nuestros responsables y servidores públicos. No tienen grandeza los que se quejan constantemente. El día que trabajemos por objetivos se quejarán menos, porque en parte lo hacen para aparentar que van muy atareados. Ser empleado público es un privilegio absoluto. Yo vengo del mundo del deporte y he visto muchos casos de gente que no saber perder, pero también de gente no sabe ganar. Todos los q estamos aquí somos ganadores. Y veo mucho quejica.

Ni tienen grandeza los que nunca ceden en una reunión, los que solo hablan para sentar cátedra o para tener razón, porque grandeza también es saber negociar.

Grandeza, nobleza, calidad humana, bondad, compañerismo, humildad… Valores. Supongo que recordáis que cuando accedemos a la función pública hacemos un juramento o promesa… Yo ese juramento lo hice de verdad, de corazón, considerando su sentido más amplio, con lo que todo eso significa.

Si un empleado de atención al público tiene grandeza o no, eso se ve en sus maneras, en su estilo. Todos conocemos la forma en la que contestan los chatbots y asistentes virtuales. Siento lástima al comprobar que muchas veces estas máquinas tienen más clase que algunas personas. Si no somos más humanos que un chatbot no nos quejemos de la automatización y la robotización.

¿Y cómo detectar la grandeza (o ausencia de la misma) de un empleado jurídico técnico? Personalmente me gusta empezar los informes por los principios generales del derecho: eficiencia, buena fe, confianza legítima, para ir descendiendo. También me agrada citar el art. 3 del Código Civil, que dice que las normas se interpretarán de acuerdo con la realidad social del momento. Sin embargo hay funciosaurios que empiezan (y casi acaban) por un reglamento súper sectorial, donde encuentran un artículo perdido, seguramente el menos posibilista. Su informe, por supuesto contrario a la iniciativa que se trata de impulsar, se basa absolutamente en ese artículo. Mejor dicho, en el párrafo tercero de ese artículo (sí, siempre es el tercero).

¿Y cómo se alcanza esa grandeza? Solo puede llegar a ser grande quien sabe que no lo es, pero tiene la firme voluntad de crecer. Solo se puede ser grande reconociendo que se puede mejorar, y para mejorar se debe cambiar. Sobre la resistencia al cambio debo decir que he detectado que a la gente en realidad no le importa cambiar en sí, lo que no le gusta es perder con el cambio. En España hay resistencia al cambio porque es un país corrupto.

Y aunque suene desde luego menos grave que la corrupción, evidentemente tampoco favorece a la grandeza esa la cultura social y administrativa española de criticar a los demás. Sin embargo grandeza también es prestigiar a los demás: tu administración, tu colectivo, tus compañeros… Pero las AAPP se critica mucho a los compañeros… ¿Acaso los que lo hacen no saben que no hay nada más bonito que poner en valor a los demás?

Grandeza es vocación de servicio público. Cada vez tenemos que hacer más con menos. ¿Saben cuánto se va a consignar para innovación en el Presupuesto 2021? Evidentemente, no mucho. El presupuesto es la máxima expresión de la gestión política, y ahí siempre se ven políticas reactivas (y por eso también hay muchas modificaciones presupuestarias) y no preventivas. ¿Pero si no consignamos nada dónde van a encajar las ayudas europeas que no son del 100%?

Grandeza es ser trabajador. Estos son tiempos desgraciados, en los que solo cabe seguir e intentar estar a la altura de las circunstancias. En 2020 cada uno ha mostrado su verdadero rostro. Nos dijeron que la pandemia nos haría mejores, pero yo he visto a los buenos haciendo el bien y a los egoístas preocuparse únicamente de ellos mismos. Imaginen lo mal que me sienta personalmente, como defensor a ultranza del teletrabajo que soy, que algunas personas se hayan aprovechado de la coyuntura para hacer el vago en casa. Evidentemente el que es vago teletrabajando ya lo era en presencial. Las personas no cambian porque les cambies el escenario. Eso sí: durante la pandemia se han agudizado las diferencias entre productivos y rémoras.

Grandeza es confiar en los demás. Lamento tener que decirlo de nuevo pero yo sigo estupefacto con lo del certificado de pernocta que pide el INAP a los ponentes. Un funcionario al que le pedí explicaciones me dijo: “Claro, porque imagina que vienes a Madrid, duermes en casa de un amigo, y luego nos pasas la cuenta del hotel”. Y le contesté: “Sí, imagina tú que voy a Madrid (porque me habéis llamado para impartir un curso, por cierto), llamo a un amigo para dormir en su casa (algo comodísimo para todos, habida cuenta de que ese amigo tiene una familia y seguro que le viene genial meter en su casa a un tiparraco un martes por la noche, para cenar con su mujer y sus hijos y ver la tele con ellos). Así me ahorro 60 euros del hotel. Pero por la mañana voy corriendo al hotel y soborno al recepcionista para que me haga un certificado de pernocta y me ponga un sello, como fedatario público que es. Le puedo pagar hasta 50 euros para sobornarle, y aún ganaría 10. Es más, imagina que mi amigo fuera el recepcionista. Le pediría un segundo favor: que me sellara el certificado y me ahorraría los 60 euros. Eso sí, luego vosotros tendríais un certificado pero no un recibo de pago con tarjeta, que es muchísimo más fehaciente por cierto. ¿Por qué no pedís eso? O ¿por qué no pedís factura del hotel? ¿O por qué no pedís nada? “No te entiendo”, me dijo entonces el funcionario del INAP. “Nada, simplemente te decía que no voy a ir. ¿Cómo podría impartir un curso de liderazgo sin ser capaz de rebelarme ante esta burocracia tan absurda? Y es que ser bueno no significa ser tonto o sumiso, y permanecer callado ante las injusticias. De hecho, los que toleran las injusticias no son tan buenos. Una buena persona tiene un fuerte sentido de la justicia.

Pero necesitaremos grandeza para mantener ese compromiso con lo público, porque somos servidores públicos. Grandeza para formarse, para desarrollar esas nuevas aptitudes. Por ejemplo las competencias digitales. La tecnología no hay que dominarla, hay que utilizarla. Comprender que nos puede ser útil.

Grandeza para rectificar. Si hemos cambiado para siempre nosotros, por ejemplo en los hábitos de higiene o en la manera de saludarnos… ¿Cómo no va a cambiar la administración? Los que crucificaban el teletrabajo ahora rectifican. ¿Hipocresía o “rectificar es de sabios”? No me parecieron muy sabios los que tan solo unos meses antes de la pandemia solicitaron un informe para verificar que un secretario podía firmar de forma telemática. Ese secretario era yo. En 2019, sí 2019 (!), un periodista que no sabemos de dónde salió o quién le llamó trató de desprestigiarme por esto. Me llamaba el “secretario que da fe pública a distancia”. Ese artículo, que a nivel técnico causó la carcajada pero a nivel social caló suficientemente, me costó insultos por la calle por “cobrar sin ir a trabajar”. Ahora, las mismas personas que creyeron lo que decía ese panfleto envenenado están alucinadas de que se pueda teletrabajar, y de hecho también están encantadas. El problema, en realidad, no es que fueran ignorantes. La falta de conocimiento no es en absoluto criticable. El problema es que se resistieran a dejar de serlo. O peor, que en algunos casos no lo fueran tanto y estuvieran jugando a manipular la realidad ¿Qué es grandeza? Lo contrario de la necedad y la ruindad.

La grandeza tampoco se alcanza siendo un pelota o un “bienqueda”. Alcanzarás otras coas, eso sí, porque a la gente le agrada la adulación fácil. Las RRSS se utilizan para decir “Oleee”, y “Bravoooo”, pero si felicitas diez veces lo que está bien, que me parece estupendo, y criticas una vez lo que está mal, en seguida aparece ese rancio corporativismo que quiere taparlo todo. Y por eso los empleados públicos seguimos teniendo la imagen que tenemos. No contéis conmigo para proteger a los que nos dan mala fama. Personalmente me paso la vida poniendo en valor a otros, y por las pocas veces que critico tengo fama de criticón. Debemos empezar a acostumbrarnos a expresarnos con asertividad, y no ser siempre tan políticamente correctos.

Ser grande es ser bueno, mientras que las personas maliciosas, egoístas o manipuladoras siempre serán pequeños por muy lejos que lleguen. Y es que “una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”. Esto es lo que afirma Howard Gardner en esta interesantísima entrevista de la cual extraemos las siguientes perlas:

Karem Respeto
  • En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.
  • Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos .
  • No alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia . Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.
  • Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.

Hace poco entrevisté a Ana Báez y Sara Hernández Ibabe. Cuando hablo de estos temas siempre las pongo como ejemplo. En un mundo de postureo y de egos elevados, a Sara la hemos visto pedir el voto para la candidatura rival durante el plazo de votación para un premio. Ana, por su parte, tiene la mejor actitud (y la mejor sonrisa) de toda la función pública española. Sus corazones albergan bondad. Llámenme cursi, pero eso es lo que necesita el empleo público en este preciso instante. No «listos», sino «buenos». La competencia técnica (ellas desde luego la tienen, y mucha) es importante, pero no lo más importante. Hablamos de servicio público, esto es, de servicio al público. Trabajar para los demás no es profesión para egoístas.

En resumen: conocimientos técnicos, desde luego. Nuevas aptitudes, rotundamente sí. Nuevas actitudes, por supuestísimo. Pero ser buena persona está por encima y alrededor de todo ello. Nuestras organizaciones no pueden dejar hueco para que sobrevivan los perfiles tóxicos.

Mucho se quejan los negacionistas de la tecnología de que algunos queremos sustituir a los empleados por robots (afirmación tergiversada y capciosa donde las haya). Lo que no se le ha ocurrido a alguno de estos reaccionarios es mejorar, en todos los sentidos pero también y sobre todo como persona. Y es que no puedes estar en contra de los robots si no eres mejor persona que un robot.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Silvia Rosell Álvarez dice:

    Se puede decir más alto, pero no más claro: ser “buena persona” debería ser requisito obligatorio para acceder a la función pública. El reto a superar a corto plazo debería ser buscar procesos selectivos que sean capaces de, además de, por supuesto, garantizar la eficiencia técnica, saber medir esas “soft skills” tan necesarias para poder caminar hacia esa administración pública que nuestra sociedad merece.
    Cada vez que se premia la toxicidad y la mediocridad, se da un paso atrás en esa dirección, especialmente porque justamente se refuerzan aquellas habilidades y actitudes que se debería erradicar.
    Todavía quedan muchos “funciosaurios” que se creen grandes porque llegaron primero.

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