Administración electrónica reactiva

La procastinación es el asesino de la oportunidad

Victor Kiam

Ha tenido que venir una pandemia mundial para que esto se mueva

Como dijimos en “La nueva normalidad en la nueva administración, “ahora, en 2020 (!) algunas personas se manifiestan poseídos por una inspiración divina y empiezan a decir que la administración electrónica comienza por los cambios organizativos y culturales, y que el formato electrónico pasa por redefinir el procedimiento, no en trasladar nuestra pesada ineficacia a una burocracia 2.0. Ha tenido que pasar una quinta parte del siglo XXI, más una pandemia, dos crisis, miles de casos de corrupción y la amenaza de Europa de que si España no se moderniza aquí no van a entrar fondos europeos. Y todo ello con la Inteligencia Artificial y el blockchain mirando de reojo lo que hacemos… En fin. Más vale tarde que nunca. Se puede ganar de penalti en el último minuto. Bienvenidas sean estas “ideas” nada innovadoras si por fin son llevadas a la práctica (al menos por parte de la mayoría). Si por fin el mensaje cala, todo habrá valido la pena. Los innovadores tardíos nos sirven. Otros no llegan a tanto. Están atascados en el debate sobre la entrada en vigor. Ánimo, que también se puede ganar de penalti en el último minuto de la prórroga.”

El caso es que, aunque suena un tanto vergonzoso, ha tenido que venir una pandemia mundial para que esto se mueva. Y en algunos casos ni por esas… Estamos finalizando el annus horribilis. El contexto social, económico, tecnológico, presupuestario, etc… en el que va se desarrollar el próximo 2021 viene marcado absolutamente por la enorme sombra del coronavirus, al que sin embargo hemos querido considerar, porque así lo pensamos y también deseamos que así sea, una oportunidad.

Con cada crisis, la administración electrónica se vio impulsada

No es el primer aviso (aunque evidentemente sí el más serio)… Otras situaciones negativas han impulsado en el presente siglo la administración electrónica en sus distintas facetas. La crisis de 2008 puso en valor esa vertiente de ahorro burocrático y económico implícita en la tramitación electrónica. Por su parte, ante la explosión de los numerosos e indecentes casos de corrupción, se entendió que un buen antídoto era la implantación de un procedimiento trazable, rastreable y por supuesto transparente. Y de repente irrumpe el coronavirus, capaz de colapsar un país que, cogido por sorpresa, se ve obligado a poner a prueba sus recursos del presente y demostrar, ante una adversidad muy real más allá de simulacros, hasta qué punto estaba al menos mínimamente preparado. Y no lo estaba, salvo honrosas excepciones que hemos visto más en la privada y menos en la pública, porque de lo contrario no hubiéramos tenido problemas en teletrabajar (los empleados públicos), y teletramitar (los ciudadanos y otros usuarios). Muchas medidas se han tomado deprisa y a la desesperada, y tras la crisis habrá que ver hasta qué punto son válidas y susceptibles de ser consolidadas.

Pero la experiencia, pese a todo, ha sido positiva. Ahora el reto es consolidar lo nuevo y “bueno” y desechar de una vez lo viejo y obsoleto. De todas las “modernidades”, quizá la estrella de 2020 haya sido, muy probablemente, el teletrabajo. Pero somos especialistas en no aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid. Llevamos más de un siglo con la jornada de siete horas y media al día y unas treintaisiete y media a la semana. Llevamos un siglo midiendo a los empleados por el fichaje. ¿Realmente eso sigue teniendo sentido? No es más eficiente y mejor para todos exigir unas tareas dentro de unos objetivos y, a cambio, flexibilizar la jornada. En plena Cuarta Revolución Industrial la cabeza de algunos sigue estando en la Segunda: fábricas, horarios, sistemas de fichaje, sueldos rígidos…

Ser una administración electrónica es lo mejor que le puede pasar a una Administración en este momento. Es transparencia, y “rastro electrónico”, para luchar contra la corrupción (ojo con la microcorrupción, que es la heredera de aquellos grandes pelotazos). Es eficiencia, para reducir el gasto público. Es simplificación, para evitar molestias a los ciudadanos.  Solo hay una cosa mejor que el expediente electrónico: el no expediente. Y es que no debemos abrir expediente por todo. A la mínima que un ciudadano nos cuenta una historia decimos “rellene instancia”. No, más despacio. Quizá podamos ayudar a esa persona hablando con ella y orientándola. Ese es el verbo “asistir” del complicado término “oficinas de asistencia en materia de registros”. ¿De verdad tenía que llegar una pandemia para mejorar todo esto?

Plazos, para qué os quiero…

Y pese a todo, y aunque parezca demencial, mucha gente afirma que aún “no está en vigor la administración electrónica”… 2007, 2009, 2016, 2018, 2020, 2021… Esto parece un chiste de José Mota. “Hay que implantar las Leyes 39 y 40… Pero hoy no, ¡mañana!”. Y por cierto, ¿qué es implantar? Implantar la administración electrónica no es hacer una llamada a una empresa. No digáis que la habéis implantado por adquirir un software. Luego se hace una nota de prensa y sale en la foto el que hizo la llamada. Qué gran gestión.

Pero más allá de los plazos… ¿Cómo puede justificarse, aún con la puntilla de la COVID, el no estar haciendo nada? Administración electrónica es reingeniería procedimental y funcional, accesibilidad, simplificación, automatización, interoperabilidad, seguridad, transparencia, estrategia, comunicación, formación interna/externa, asistencia interna/externa y, sobre todo, cambios organizativos y funcionales… Si estáis esperando tranquilamente no sé qué plazo supongo que es porque ya estáis trabajando todo esto. No lo dudo, aunque para llegar a abril deberíais estar en una fase avanzada… Otra opción es olvidarse de los plazos, debatir menos y hacer más. Olvidaos de los plazos, por favor. Dicen que toda crisis es una oportunidad. Sí, pero esta no es UNA oportunidad normal, es LA oportunidad. Puede que la mejor que vamos a tener nunca. Ojo que hay un momento anterior en la Historia en la que la Administración no existía, y os aseguro que el ser humano sobrevivió. Quizá haya un momento en el futuro en el que tampoco exista, al menos no tal y como la conocemos hasta ahora. Soy un firme defensor del servicio público, pero no de la burocracia ni de las instituciones obsoletas en general.

Agilizar la contratación pública

Ahora todos (o casi todos, como indicábamos) quieren modernizar la Administración. Y tendremos ayuda. Ahí están los fondos europeos que financian este tipo de proyectos. Son proyectos que en muchos casos se van a urdir deprisa y corriendo precisamente para percibir esos fondos…

Y es que falta liderazgo. Planificación, ideas claras, determinación, formación… Observo con tristeza que nuestros políticos están absolutamente fuera de la realidad. Congreso de los Diputados, 2020… Uno pide que la Ley de contratos permita contratar electrónicamente como si hubiera descubierto la rueda y el otro dice que lo va a estudiar, porque eso efectivamente podría agilizar el procedimiento. Ahora se habla de acelerar la contratación pública porque de lo contrario se perderían las ayudas europeas. Siempre hacemos lo que hay que hacer en el último momento y por la fuerza. Eso en el mejor de los casos. Si fuéramos decentes devolveríamos todas esas ayudas, o no pedirlas, porque en el fondo, y salvo honrosas excepciones, no hay proyecto. No tenemos nada subvencionable porque nada, o casi nada, se ha hecho.

El destino…

El destino nos ha lanzado una indirecta imposible de esquivar, y la sensación, más bien la certeza de que es “ahora o nunca”, es ineludible. Hasta el momento, cualquier atisbo de mejora en la Administración ha sido reactivo, y prácticamente nunca preventivo. Ahora mismo estamos inmersos en una coyuntura decisiva, en la que debemos hacer las dos cosas: reaccionar y prevenir, porque lo que tiene que venir supera, muy probablemente, a lo que ya tenemos encima. No es el momento de discursos moderados, de cautela o aplazamiento. Aunque sea a trompicones, hemos llegado hasta aquí, momento en el que visualizamos un contexto pese a todo favorable. Por nuestra parte seremos más reivindicativos que nunca, más “radicales”, porque la fruta está madura pero necesita un empujón para caer del árbol. El partido se gana rematándolo cuando se va ganando. Es el momento de dar el impulso definitivo, pero habrá que consolidar lo conseguido, porque en muchos casos durante este 2020 se han tomado medidas “a la desesperada”. Es el momento de dar la puntilla y defender algunas ideas con más fuerza que nunca, porque la Administración tiene la mala costumbre de volver a las andadas. No lo podemos permitir.

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