10 cuestiones que deben clarificarse para regular e implantar correctamente el teletrabajo

1.- La nomenclatura… ¿Trabajo no presencial, trabajo a distancia o teletrabajo? Empezando por el principio, no parece baladí dejar al menos claro de qué estamos hablando cuando hablamos de teletrabajo, premisa lógica para su regulación e implantación. Partimos de la premisa de que el trabajo presencial es el que se desarrolla en el centro de trabajo. En consecuencia, el trabajo no presencial es el que se desarrolla en cualquier otro lugar (en casa, en la estación del AVE, en un hotel…). El trabajo a distancia podría equivaler, por pura semántica, al no presencial, y de hecho así se define en el art. 2 del Anteproyecto de Ley de trabajo a distancia. Por último, teletrabajo parece que va a consolidarse como un término que debe más su prefijo al uso de los medios telemáticos que a la distancia en sentido amplio, por lo que las personas que desarrollen sus tareas a través de los medios telemáticos serían teletrabajadores, independientemente de donde se hallen. Bien es cierto que, sobre todo obviamente en el caso del “personal de oficina”, es prácticamente imposible ser trabajador a distancia sin ser al mismo tiempo teletrabajador, pero podría haber algún caso en el que no coincidieran ambas condiciones. 

No obstante todo lo anterior, le seguiremos llamando teletrabajo al trabajo realizado en lugar distinto al centro habitual de trabajo, por ser una nomenclatura que, al menos de momento, parece que se ha impuesto en los foros y el lenguaje coloquial. Pero al menos ya sabemos un poco mejor de qué estamos hablando.

2.- ¿Es un derecho? Parece claro que el teletrabajo tiene carácter voluntario, y desde este planteamiento sería voluntario ante una imposición obligatoria tanto de desarrollarlo como de no desarrollarlo. En tiempos de pandemia desde luego se acercará más a la consideración legal de “derecho”, porque, al menos en mi opinión, ahora mismo no se puede negar salvo que funcionalmente no sea posible, sobre todo a determinados colectivos, especialmente perfiles de riesgo. En condiciones normales entendemos que, cuanto menos, es un cuasiderecho, como un día de asuntos propios. Quizá algo más, porque si el trabajo a desempeñar es factible por medios telemáticos y la empresa y el propio trabajador disponen de esos medios seguramente no se puede negar, salvo por razones de servicio totalmente objetivas y muy justificadas. 

3.- Otros derechos relacionados (I). Derechos “clásicos”. Ante todo el del igualdad, el cual tiene a su vez diferentes dimensiones en relación al teletrabajo: igualdad entre hombres y mujeres, igualdad de retribuciones con un trabajador presencial, igualdad en el derecho a la promoción, igualdad en los derechos sindicales. Otros derechos importantes son el de conciliación y la prevención de riesgos laborales, los cuales presentan alguna especialidad en relación al teletrabajo.

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El teletrabajo no viene solo. Forma parte de un paquete de cambios en el desempeño laboral. Imagen: “Evolución del trabajo”. Fuente: C&D | Latam Business School

4.- Otros derechos relacionados (II). Derechos digitales. Aquí destaca el ya famoso derecho a la desconexión, al cual nos hemos referidos ya en numerosas ocasiones. Pero también es importante el derecho a la intimidad ante una posible videovigilancia, o geolocalización o grabación no consentidas. La LOPDGDD y la futura Carta de los Derechos Digitales que está elaborando un grupo fantástico de expertos, concretan y desarrollan el alcance de estos derechos.

5.- La relación con la pandemia (actual) y las futuras pandemias y otros desastres naturales. Ya hemos mencionado la prevención de riesgos, pero en tiempos de pandemia la importancia y dimensión de las medidas preventivas van mucho más allá. Hablamos de salud y de su premisa, la vida. Es el derecho fundamental número uno, el que debemos preservar a toda costa. Si vuelve a ocurrir una castástrofe de similares características no cabe duda de que el teletrabajo deberá ser la modalidad de desempeño preferente (recordemos que en este momento aún lo es), incluso obligatoria en muchos casos. Este tipo de cuestiones deberían preverse en la normativa en tramitación, aunque evidentemente futuros estados de alarma o situaciones de emergencia vendrán acompañados de su propio paquete normativo urgente.

6.- Un tratamiento específico del teletrabajo en la Administración. En el sector público el teletrabajo presenta sus propios caracteres y especialidades. Ante todo, parece que tiene más sentido el teletrabajo a tiempo parcial (teletrabajo mixto, híbrido o “trabajo a distancia ocasional” en terminología del Anteproyecto de Ley del trabajo a distancia), habida cuenta de que la gestión del día a día implica algo más que la tramitación y esto exige una cierta comparecencia física para realizar ciertas tareas directivas, protocolarias o simplemente de atención a las personas. Por otra parte, las ventajas del teletrabajo coinciden en gran medida con los fines públicos a perseguir por la propia Administración: protección del medio ambiente, ahorro (reducción de costes y ahorro para el empleado), integración laboral de las personas con problemas de movilidad, lucha contra la despoblación rural, la propia mejora de la eficacia y la eficiencia, y el impulso de la ya imprescindible administración electrónica, la cual merece comentario a parte…

7.- Especial referencia a la administración electrónica. Después de varios meses de cuarentena, es un hecho que las organizaciones públicas que mejor han funcionado son aquellas que ya funcionaban por medios electrónicos y, en consecuencia, se ha podido disponer en un tiempo récord un pseudoteletrabajo improvisado pero muy aceptable, funcionalmente eficaz, de su personal tramitador (que en una Administración es la inmensa mayoría). Y a la inversa. Si es el teletrabajo el que ha impulsado la administración electrónica o la administración electrónica ha impulsado el teletrabajo, es lo de menos. Lo que está claro es que, tras una pandemia que ha confinado en su casa tanto a trabajadores como a usuarios de la Administración, no se puede demorar ni un minuto más la implantación total de las Leyes 39 y 40 de 2015 (y su ya inminente Reglamento de desarrollo).

8.- Funcionamiento por objetivos. Es indudable que las entidades públicas deben mejorar su organización y funcionamiento. Es el momento de aprovechar la coyuntura. En lugar de defender una especie de presentismo telemático, fijemos de una vez los objetivos, trabajemos para cumplirlos y evaluemos su grado de consecución. El teletrabajo se presta especialmente y encaja a la perfección con el desarrollo de esta metodología. El horario no tiene por qué desaparecer (sí se puede/debe flexibilizar), pero mantener el modelo laboral de la segunda revolución industrial en la cuarta, un modelo que parte de la premisa de que el trabajador es un deudor de horas con su empresa, y no de tareas, trabajos u objetivos, se sostiene francamente mal. Y cada vez peor, sobre todo en una Administración que, ya de una vez por todas, tiene que prestar sus servicios de una manera eficaz, eficiente y, en el mejor de los casos, excelente. La sociedad lo necesita.

9.- Impulso de un más que necesario cambio cultural. En parte es consecuencia de los cambios que apuntamos. Téngase en cuenta que cuando hablamos de cambios organizativos, hablamos de cambios personales, de actitudes y aptitudes. Todos estamos invitados a cambiar: empleados, directivos, responsables políticos, sindicatos… La realidad así lo exige, y no es honesto negarlo. Y cuando hablamos de cambios organizativos hablamos también de administración electrónica, la premisa del teletrabajo. En cuanto al cambio cultural, avanzamos hacia un modelo de (co)responsabilidad, de vocación de servicio. De desempeño ético en el que los trabajadores conocen perfectamente sus tareas, e incluso toman iniciativas, cumpliendo perfecta e incluso sobradamente su cometido incluso si nadie “le respira en la nuca” o le controla directamente. En el nuevo modelo, encaja infinitamente mejor el liderazgo integrador que los “jefazos”, y la confianza muy por encima del control.

10.- El medio ambiente “en el diseño”. Las políticas “by design” son aquellas que tienen en cuenta determinados aspectos clave en el mismo diseño de las mismas, aspectos que acaban integrando el fondo, la forma y el espíritu de la medida a tomar. La destrucción del medio ambiente es el problema más grande que tiene nuestro planeta, y de manera directa o indirecta es la causa de todos nuestros males (también la pandemia). Una buena medida para luchar contra el cambio climático y la destrucción de la Naturaleza es el desarrollo de los medios telemáticos en general, de los cuales el teletrabajo evidentemente forma parte. La disminución del tráfico, y por lo tanto de emisiones tóxicas es uno de los puntos más fuertes del teletrabajo. Solo por este motivo debería impulsarse el mismo. Reducir la contaminación atmosférica, reducir también el gasto energético incorporando simultáneamente las energías renovables, limitar al máximo los grandes desplazamientos laborales (una reunión “en Madrid” que pasa a ser telemática), y la misma posibilidad de vivir en el campo (descongestionado las grandes ciudades), son varios de los aspectos medioambientales a considerar en la regulación e implantación del teletrabajo.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. alexmerino72 dice:

    Buen artículo. Soy abogada y emprendedora digital y llevo teletrabajando, por mi profesión, mucho tiempo antes de la pandemia. Antes de la crisis sanitaria menos del 30% de las empresas se acogían a la modalidad del teletrabajo, cuando todo esto pase, seguro que superaremos con creces este porcentaje. El teletrabajo beneficia la conciliación, pero perjudica a muchos sectores, es como todo, habrá que adapatarse.
    Aquí os dejo un enlace a un post con las claves del RDL 28/2020 que regula el teletrabajo, si bien, como mucha gente piensa, no es para regular el teletrabajo durante la pandemia, sino que pretende regular esta modalidad cuando todo esto pase, que esperemos sea pronto. https://teletrabajas.com/claves-del-real-decreto-ley-que-regulara-el-teletrabajo/
    Un saludo

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