Nueva realidad, transformación digitotal y hasta 20 expresiones más precisas que las que se utilizan

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1. “Nueva realidad” en lugar de “nueva normalidad”. De todas las expresiones artificiales que últimamente nos han metido en vena, la de nueva normalidad no es de las peores (mucho más desafortunadas son “distancia social” o “fase 0”). No obstante consideramos más atinada la de “nueva realidad”, porque es nueva y desde luego es muy real. Por su parte, la frontera entre lo normal y lo anormal cada vez aparece más dispersa.

2. “Era o etapa con-COVID” en lugar de “era pos-COVID”. Esta sería otra de esas expresiones. Pero noe s correcta, porque el COVID ha llegado para quedarse y debemos convivir con él. Eso sí, si algún día lo erradicamos (parece difícil), entonces sí podremos utilizar el prefijo “post”.

3. “La COVID” o “la COVID-19”, mejor que “el COVID”. Hablamos de una enfermedad. En castellano es femenino. Si quieren referirse al virus digan “el SARS-CoV-2”, o simplemente “el coronavirus”.

4. “Distancia física” en lugar de “distancia social”. Si tenemos que estar a dos metros pues nos ponemos a dos metros, pero no le llamemos a eso distancia social porque recuerda de una manera demasiado evidente que sigue habiendo clases sociales. Existen expresiones mucho más precisas para referirse a un simple hueco entre dos personas.

5. “Transformación digitotal en lugar de “transformación digital”. Vamos ya con las expresiones que se utilizan en la Administración, también muy mejorables. Como dijimos en “2019-2023: Cronología de una transformación (DIGITOTAL)”: “Es el momento, desde luego, de la transformación digital. O mejor: digitotal. Y es que hablamos de un tipo de transformación que, pese a su nombre, ni es solo tecnológica (ya que es integral, holística, global) ni es tan tecnológica, porque la tecnología nunca es el fin, sino el instrumento, y en todo caso la transformación la hacen las personas y es para las personas. ¿Qué personas? Todos los actores de lo público. Y estos son todos y todas: gobernantes, empleados, ciudadanos, empresas, asociaciones, emprendedores…”

6. En la misma línea, “administración electrónica” sigue siendo un concepto mucho más completo que “administración digital”. Recordemos que “administración electrónica es el uso de las TIC en las AAPP, combinado con cambios organizativos y nuevas aptitudes, con el fin de mejorar los servicios públicos y los procesos democráticos y reforzar el apoyo a las políticas públicas” (Comisión Europea). Por tanto, el concepto de administración electrónica es mucho más amplio, al trascender lo meramente tecnológico. Por eso me gusta hablar de “transformación digitotal” de las Administraciones Públicas. La transformación de las AAPP no va de tecnología, aunque evidentemente esta es instrumental.

7. “Documento” mejor que “papel”, sobre todo porque el documento es o debe ser electrónico, y no en papel. Sin embargo aún escuchamos expresiones del tipo “te tienen que dar un papel”, y francamente, yo pienso en el mundo de la interpretación.

8. Dentro de la misma reflexión, “copia auténtica” o “documento digitalizado”, no es que sea mejor, sino que sustituye a “compulsa”, palabra que debería pasar de una vez a mejor vida.

La nueva normalidad
Las nuevas expresiones avalan el modelo de la derecha

9. “Equipo” mejor que “departamento”. Como bien hemos comprobado últimamente, la gestión de la complejidad y el carácter multidisciplinar de los problemas nos obliga a trabajar en equipo. El ejemplo más claro son las reuniones telemáticas de trabajo, que raramente se celebran entre personas de un solo departamento. La transversalidad es enemiga de la departamentalización.

10. “Líder” mucho mejor que “jefe”. Y en todo caso, habida de que ni mucho menos todos los jefes son líderes, para referirse a un superior jerárquico, mejor el término “compañero” o “compañera”.

11. “Trabajo a distancia”, infinitamente más correcto que “trabajo desde casa”. En este simulacro de teletrabajo, bastante aceptable por cierto, que nos hemos visto obligados a hacer, obviamente las circunstancias nos obligaban a permanecer confinados en casa. Pero el teletrabajo es el trabajo teles (a distancia). Su trabajo va con usted, “lo lleva puesto”. Debería poder desempeñarlo desde cualquier lugar (con conexión).

12. “Desempeño” mejor que “horario”. Salvo en relación a determinados puestos de trabajo, como los de atención al público o los que se desempeñan por turnos, el horario ha pasado a ser la cosa más absurda del mundo. Les contaré un secreto: en realidad ya lo era. Mejor hablamos de “desempeño”, de “cumplimiento de objetivos” o simplemente de “tareas” o “trabajo” en sentido estricto.

13. “Empleado público” o “servidor público”, mejor y más completo que “funcionario”. En concreto “servidor público” me parece una expresión preciosa.

14. “Aprendizaje” en lugar de “formación”. Siempre decimos que la asignatura pendiente de esa administración electrónica que nunca acaba de llegar son esas “nuevas aptitudes” (y actitudes) que forman parte de la esencia de aquella. La realidad ultra compleja que nos abruma no se gestiona invocando párrafos incompresibles encontrados en algún Real Decreto casi olvidado, sino a través de la cintura, del sentido común, de la inteligencia colectiva, de la comunicación, de las habilidades blandas (soft skills). O si se quiere, y en una sola palabra: del aprendizaje. La clave, en definitiva, no es tanto la formación “tradicional” como el aprendizaje. Este último es mucho más práctico y personal. En este contexto caótico pero al mismo tiempo esperanzador, el gran José Antonio Latorre y otros compañeros lanzan esta iniciativa: #culturaprendizaje

15. Es cierto que ya utilizamos regularmente palabras como “equipo” (segunda vez que lo mencionamos), “PC”, “portátil” o “dispositivo”. Cualquiera de ellas es mucho mejor que “ordenador”, palabra que se queda anticuada a cada minuto que pasa.

16. “Buena práctica” o “modelo válido”, mejor y mucho más realista que “caso de éxito”. En la nueva normalidad, o ya definitivamente, en la “nueva realidad”, les resultará más difícil encontrar casos de éxito. Pero sí buenas prácticas, conseguidas casi siempre por el método de ensayo y error. Un responsable público debe ser honesto a la hora de explicar su proyecto. Hablar de lo que no es tan bonito, de las dificultades de las que han aprendido y de las que podemos aprender todos… Otro discurso no es creíble en estos momentos, porque ya son muchas las organizaciones públicas que han iniciado este camino y saben que dista mucho de “coser y cantar”. Desconfíen de los proyectos perfectos; son humo.

17. “Derecho Público” como evolución del “Derecho Administrativo”. Hasta hace relativamente pocos años, nuestro Derecho Administrativo de toda la vida se utilizaba como un arma de doble filo, aplicándose o no aplicándose según el interés (no precisamente el general) que se tuviera en cuenta en cada momento. A esto se le llamó “huir del Derecho Administrativo”, justificando la aplicación del Derecho Privado a otras entidades públicas que no son Administraciones Públicas, pero Europa se cansó y el TJUE dijo que eso era corrupto. A partir de ese momento se invirtió la tendencia legal de limitar el ámbito subjetivo de las normas a las AAPP territoriales (Estado, CCAA, Entes Locales), ampliándolo a estas otras entidades. Las normas aprobadas en los últimos años son inequívocas al respecto (vean sus artículos 2 ó 3, en los que normalmente se establece esto), siendo especialmente amplio el ámbito subjetivo de aplicación de la Ley de transparencia. Por ejemplo, Leyes como la de Contratos o la de Régimen Jurídico se denominan “del sector público”, mientras que la de Procedimiento sigue titulándose “de las Administraciones Públicas”, aunque luego afortunadamente la propia Ley sí determina que se extiende al resto del sector público.

18. “Tecnologías” en lugar de “nuevas tecnologías”. No sé a usted, pero a mí me choca que alguien le llame nueva tecnología a Internet o a los teléfonos móviles. A partir de los 25 ó 30 años de edad, yo diría que la tecnología precisamente nueva no es.

19. “Menores contratos” en lugar de “contratos menores”. Pilar Batet escribió el artículo “La problemática de los contratos menores y alternativas a los mismos” publicado en este mismo blog, poniendo de manifiesto el abuso de la figura del contrato menor. Entre las aludidas alternativas se encuentran el procedimiento abierto simplificado sumarísimo del art. 159.6 LCSP, los sistemas para la racionalización de la contratación pública, y sobre todo el contrato de suministro o de servicios en los que el empresario se obliga a entregar una pluralidad de bienes o a ejecutar el servicio de forma sucesiva y por precio unitario. Lo ideal, en definitiva, es realizar un menor número de contratos. La clave es la racionalización, la licitación electrónica. La clave es la planificación; cuantos menos contratos, mejor.

20. “Regreso al trabajo presencial” o “regreso al centro de trabajo”, mejor y menos ofensivo para el trabajador que ha estado dejándose la piel con el teletrabajo, que la injusta expresión “regreso al trabajo”.

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