Presentismo telemático: el error que se repite

Leemos la noticia “Descansos, registro horario y riesgos laborales, prioridades de la futura ley del teletrabajo” (fuente: Cinco Días – El País).

Por un lado vemos que ya empieza a generar un cierto ruido, y aún no sabemos si pocas nueces, esa futura (¿para cuándo?) Ley del teletrabajo. Por otro, lo que más nos llama la atención es que una de las primeras referencias que veo en esta y otras informaciones, es al “registro horario”. ¿Avanzamos hacia un presentismo telemático?

Eso parece, y sería un error. Un error grave teniendo en cuenta que no es la primera vez que la Administración reproduce el modelo tradicional en un supuesto proceso de transformación digital. Lo vimos con esa traslación mimética del procedimiento en papel, burocratizado, duro, rudo, cargado, cargante, desactualizado, al formato electrónico. Y sin embargo era el momento perfecto para simplificar. Todo esto nos recuerda una canción de Julio Iglesias (dentro vídeo casposo):

Y con el sistema de cumplimiento laboral, por horas y no por objetivos, se está repitiendo el error que se cometió con la burocracia electrónica. ¿Qué clase de miopía no permite ver que el modelo de teletrabajo exige articular otra forma de medir el desempeño?

Pero no. ¿Fijación de objetivos? ¿Cumplimiento y medición de los mismos? ¿Responsabilidad individual? ¿Desempeño ético? ¿CONFIANZA? (que, por cierto, es un principio de actuación de las AAPP recogido en la LRJSP)‬.

Nada de eso se puede equiparar, piensan algunos, a una buena medición, milimétrica, exacta, del horario. El fichaje de 8 a 15h, “de toda la vida”, que a tantas cosas ha sobrevivido que no se entiende por qué motivo no iba a sobrevivir también a la era del teletrabajo. Faltaría más.

Hace un año se aprobó el ya famoso el Real Decreto-ley 8/2019, de 8 de marzo de medidas urgentes de protección social, que, dicho así, no les parecerá tan famoso, pero del que seguro que conocen su medida estrella: la obligatoriedad de aplicar el registro de horario a todos los trabajadores en el centro de trabajo donde se desarrolle su actividad. Este Real Decreto-ley nació con la loable intención de controlar el horario de trabajo para que consten (y se paguen, como no puede ser de otra manera) las horas extraordinarias, pero tiene el enorme defecto de que se enfoca precisamente en el horario y lo convierte en el elemento central de unas relaciones laborales que, en realidad, ya tendrían que moverse en el terreno tecnológico y flexible de la Cuarta Revolución Industrial, la telemática. Y la automática, la de la IA.

Pero algunos elementos de las relaciones laborales clásicas, como las horas extraordinarias, cada vez tienen menos sentido… ¿Os imagináis que “pasáramos” horas extraordinarias de teletrabajo? En puridad, y desde ese planteamiento del control horario estricto, podríamos. Incluso deberíamos, porque todo el mundo ya sabe, por fin, que acabamos haciendo más horas que un reloj. Pero se liaría un jaleo de padre y muy señor mío: “¿Encima que estáis en casa osáis querer cobrar las horas de más?”. Pues mire, sí, porque si jugamos a computar las horas, computamos las horas. Y si no, pues computemos otra cosa.

teletrabajando
Empleado público teletrabajando. Es como el gato de Schrödinger, si no lo ves no lo está haciendo. Fuente: huelvaya.es

En su momento le pregunté a Alorza qué opinaba del citado RDL 8/2019 en cuanto a sus reglas sobre el control horario. Su respuesta fue tremendamente descriptiva:

Como decía aquel señor que contrató a unos albañiles para desescombrar un piso: “no os pagaré por horas, sino por cestaños llenos”. Pues eso.

Por nuestra parte, no es la primera vez que reflexionamos sobre esta fijación por el cumplimiento estricto del horario:

  • “¿Por qué esa obsesión por el tiempo? ¿Es tan importante el tiempo? ¿No lo es más el resultado? ¿Debemos computar las horas de los que están pero no trabajan? ¿Cómo computan las horas de los que no están y trabajan? ¿Trabajamos por objetivos? ¿Todo el mundo debe cobrar lo mismo haga lo que haga? ¿Y si eliminamos las horas extraordinarias y nos olvidamos de los problemas que causan? ¿Se imagina no tener que rechazar esa gran oferta de trabajo procedente de otra ciudad porque le permiten mantener su residencia (o simplemente le exigen desplazarse 2 ó 3 días a la semana)? Y una que personalmente me gusta mucho: ¿renunciaría usted a parte de su nómina a cambio de una mayor calidad de vida?” (extraído de “El teletrabajo: una realidad (in)cómoda” – Víctor Almonacid – Diario Siglo XXI).
  • “Lo cierto es que la mayoría de las personas, tanto de fuera como de dentro de las instituciones, siguen pensando que el horario es ese lapso de tiempo que transcurre entre el fichaje de entrada y el fichaje de salida. E insistimos: siempre el horario se identifica con una fracción de tiempo computada “a reloj corrido”, mientras que la expresión “de trabajo” se relaciona con el lugar donde se trabaja, cuando lo cierto (y lo más exacto) no es afirmar que uno trabaja en una institución, por ejemplo en un Ayuntamiento, sino para un Ayuntamiento. El trabajo no es un lugar. El trabajo es una actividad, un desempeño. Pienso que el desempeño, o el “trabajo por objetivos” (expresión quizá más agradable y no exactamente sinónima), es algo que debería reivindicarse a nivel sindical, pero percibo, con tristeza, que ellos están en otras batallas. La Administración se rige por los principios de eficacia y eficiencia, y por extensión los empleados de la Administración, evidentemente, también. Creo que se encuentran francamente desenfocados los sindicatos que “pelean” para que se trabaje menos y se cobre más. Lo primero es ilegítimo, lo segundo es inaceptable como reivindicación conjunta (¿por qué debería empezar a cobrar más alguien que simultáneamente ha pasado a trabajar menos?). Lo lógico sería cobrar más por producir más, o por asumir nuevas funciones, o por realizar alguna tarea extraordinaria… Y es relativo, ya que desde luego existen más (y mejores) derechos de los trabajadores que un simple aumento de sueldo. El presencialismo, palabra que por cierto no está en el diccionario y que quizá deberíamos sustituir por presencialidad, es algo que en el fondo interesa más a la empresa que al trabajador. En realidad no debería interesar a nadie, pero perjudica especialmente a quien se ve atado a una silla o a una máquina de fichar (salvo que su mayor talento sea precisamente fichar, claro, que de esos también hay alguno). Creo que algunos sindicatos están anticuados y desenfocados, y lo digo con todo el cariño, como trabajador que soy. Existen derechos de los trabajadores que están por reivindicar”. (extraído de “La pausa del café no se considera jornada laboral… Seguimos discutiendo por el horario, no por el rendimiento“)
  • “No todo el mundo conoce, por cierto, la horrorosa etimología de la palabra trabajo (proviene del latín popular tripalliare, que significa atormentar, torturar con el tripallium, que era un cepo con tres puntas). Bromas a parte (aunque la referencia cultural es exacta), lo realmente importante es la etimología de horario, que evidentemente viene de hora (en latín igualmente hora, y en griego antiguo ὥρα), y en este sentido hasta para los puristas de la temporalidad sería más correcto definir horario de trabajo como las horas que efectivamente se trabajan, con independencia de dónde se encuentre el trabajador, o de si determinada tarea este la realiza un domingo por la noche y no un martes de 8 a 15h”. (extraído de “Reflexiones en materia de horario y desempeño“).

En definitiva, parece que algunas batallas se van ganando. Por ejemplo la de la Distancia al trabajo vs Trabajo a distancia… Una elección aparentemente sencilla, porque el trabajo no es donde estás, es lo que haces, pero que solo ha acabado de decantar la pandemia, y no el exceso de gasto y de emisiones tóxicas que se generaban todos los días en los cientos de miles de desplazamientos al centro de trabajo.

Otras batallas, como la del Control horario vs Desempeño por objetivos, costarán mucho más de sentenciar. ¿Por qué? No seamos ingenuos: porque no interesa.

Anexo. Documento “El teletreball vist per referents de la societat digital i de l’Administració – Els essencials per comprendre el treball en la societat del coneixement“. Editado por la Generalitat de Catalunya. Departament de Polítiques Digitals i Administració Pública.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manolo dice:

    Buenos días Víctor.
    el problema se presenta cuando no existen objetivos determinados para determinadas personas. En mi caso trabajo desde siempre en la misma Administración y hay compañeros que tienen objetivos concretos ( tramita x expedientes) y otros como yo que no los tenemos y lo único que tenemos es esto: evita que la pendencia de este tipo de expedientes -los más numerosos- no exceda de x meses. Con lo que perpetuamente estamos hasta arriba de trabajo y no podemos trabajar relajadamente como los otros compañeros que en un momento determinado del año (te sueltan que) han cumplido objetivos. Esta situación quema pero uno se sobrepone piensa en el administrador y tira hacia delante.

  2. María Fé González Marquina dice:

    Por algo habrá q empezar.
    Creo que a los funcionarios nos favorece que sea con cumplimiento de horarios, eso permitiría la desconexión digital. Además en aytos pequeños no hay medios para fijar objetivos y evaluar si cumplimiento.
    Creo que aunq sea con horarios sería un gran paso.

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