Karma

Un compañero de otra Administración me comenta apenado con qué celeridad su Corporación les ha llamado a filas, inmediatamente, para que comparezcan físicamente en sus mesas y despachos. “Lo peor de todo es que la decisión no ha salido de los políticos, sino de algunos altos funcionarios y de los propios sindicatos… Puede que todo vuelva a ser como antes, después de todo” -me confiesa en un tono muy triste-. Lo intentarán, desde luego…

Christmas Humphreys dijo que la clave del karma es el equilibrio. Por eso la Naturaleza siempre está trabajando para restaurar el equilibrio cuando este es alterado por las acciones de un ser humano. Parece increíble hasta qué punto este pensamiento es aplicable a todo lo que está pasando en el mundo últimamente. ¿Qué tal hemos tratado a la Naturaleza en las últimas décadas?

karma
Efecto circular del karma. Fuente: https://www.paramita.org/que-es-el-karma/

Hablando exclusivamente de la Administración, puede que también esos perfiles obtusos que anteponen sus propios intereses (casi siempre innobles) a la salud de las personas, choquen muy pronto, de narices, contra su propio karma. En el budismo y el hinduismo toda acción genera una fuerza dinámica que se expresa e influye en las sucesivas existencias del individuo. Esta idea, crea uno en ella o no, es muy interesante. Según Wikipedia, el karma (en sánscritoकर्म) es efectivamente una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se genera a partir de los actos de las personas. Por eso también es conocido como un espíritu de justicia y/o equilibrio. Justicia, por cierto, no venganza. Generalmente, el karma se interpreta como una «ley» cósmica de retribución, o de causa y efecto. El campo del karma es simple; como hayas plantado, vas a recoger (Sri Guru Granth Sahib).

La crisis actual ya nos ha dado un baño de realidad, y ahora tras él viene el karma. Qué poco les queda de “reinado” en las organizaciones públicas a los “jefazos” tradicionales y absolutamente inadaptables. Han pasado de su enojo habitual a un total desconcierto que se manifiesta en una profunda antipatía por “nuevas normalidades” como las reuniones telemáticas o el teletrabajo. El otro día tuve la oportunidad de leer la entrevista que le hizo Javier García (editor de Sintenia) a Xavier Marcet. El propio Marcet destacaba en redes un párrafo de esa entrevista: “Creo que lo más importante que hemos descubierto no es el teletrabajo, lo que hemos descubierto es la confianza. Es comprobar que la gente puede trabajar si se la empodera y se le da autonomía. Entender que para las organizaciones puede ser un buen negocio confiar más en su gente. Venimos todavía de un mundo corporativo muy controller. Y reconozco que a veces puede ser necesario. Pero, ahora hemos visto que todos los miedos de tantos años en que con teletrabajo caería la productividad no tenían porqué ser ciertos. Descubrir la confianza como vínculo para crecer haciendo crecer es una de las mejores lecciones de lo que hemos vivido”. 

Y por eso mismo, por la responsabilidad, el rendimiento, la capacidad de trabajo en equipo y la vocación demostradas estos días por la mayoría, es por lo que otro gran perfil que pronto va encontrarse con el karma es el del hasta ahora impune improductivo, cuyas técnicas de disimulo han sido puestas en jaque por las evidencias del teletrabajo (sí, incluso de este teletrabajo improvisado que, aunque debemos pulir enormemente, hemos desempeñado aceptablemente bien). Unas evidencias que se llaman gestor de expedientes, firma electrónica, gestiones realizadas, trámites avanzados, problemas resueltos, documentos redactados (o colaborados, o enmendados), reuniones celebradas, conversaciones, correos electrónicos, atención a los usuarios o a los propios compañeros… ¿Conocen a alguna persona que, en la suma de todos estos ítems, saque un “cero patatero” después de dos meses? Bien, pues, si se trata de “personal de oficina” y la entidad pública tiene los medios para realizar todas estas tareas telemáticamente, la conclusión segura es que esa persona no solo no ha teletrabajado, sino que ya no trabajaba desde mucho antes de que estallara la pandemia. Mucha gente lo está pasando muy mal y probablemente lo van a pasar peor. Crisis sanitaria + crisis económica = vergüenza ajena de encontrar actitudes como esta. Cierto es que son minoría, pero una minoría muy nociva y muy indigna. No tendrían que ser pocos, tendrían que no ser.

Estos perfiles, pues, también deben rendir cuentas al karma. Y los burócratas, y los corruptos, y los tóxicos, y los analfabetos digitales (analfabetos a secas más bien). Alguien dirá “pobrecitos, si no saben…”. Pero aquí el delito no es no saber, sino no querer aprender.

Pero en su enfrentamiento con el karma, caerán. Y algunos, los más zoquetes, no sabrán ni por qué han caído.

  • Y caerán los funcionarios teóricos, los innovadores de boquilla, porque ha llegado el momento de hacer, no de decir (especialmente si lo que se dice es un discurso vacío que no aporta absolutamente nada).
  • Y caerá la resistencia al cambio, porque se está produciendo un cambio irresistible.
  • Y caerán la jerarquía y la departamentalización, siendo sustituidas por el trabajo en equipo y el liderazgo integrador.
  • Y caerá la cultura del presentismo, porque tener a gente que cobra por calentar la silla es un lujo que ya no nos podemos permitir.
  • Y caerá el despilfarro, porque el gasto público a partir de ahora deberá responder de una manera radical a los principios de eficiencia y sostenibilidad.
  • Y caerá la burocracia, porque caerá todo lo innecesario, empezando por el papel, ante la urgencia de generar ahorros y de centrarnos en lo verdaderamente importante.

Caerán todas esas malas prácticas organizativas y funcionales. Y caerán, en definitiva, los malos servidores públicos. Incluso podríamos decir que caerán las malas personas, un concepto muy ligado al anterior. Su momento ha pasado. La Administración ya no puede permitirse el mantener espacios de confort para que sobrevivan los perversos, los chismosos, los parásitos, los numeradofoliados, o los corruptos. Ninguno de estos perfiles tiene cabida en la nueva normalidad.

¿Es el COVID? Es el karma.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ojalá, sirva para hacer una buena limpia.

  2. María Fé Glez Marquina dice:

    Ojalá que así sea!

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