Los prescindibles

“Aporta o aparta” (popular)

Algo ha cambiado en la concepción de lo público, y no hablo sólo de tecnología. Es más, en la presente reflexión no hablaré prácticamente nada de tecnología.

Alguno pensará, y es razonable hacerlo, que es mejor y más prudente sacar conclusiones cuando todo esto acabe. Sin duda, pero aunque la mayoría de enseñanzas y moralejas las debemos dejar para dentro de algunas semanas (incluso de algunos meses, por aquello de la consolidación de las tendencias), las cuestiones que van saliendo a la luz, aunque ciertamente estén sin resolver, sí debemos ponerlas encima de la mesa.

¿Qué es el servicio público? Alguien dijo una vez que es el “servicio al público”, y no es mala definición. Estos días estamos viendo servidores públicos ejemplares, comprometidos e imprescindibles. También salen del armario, porque es más que evidente, “funcionarios” que no están haciendo realmente nada por los demás, pero ojo, no porque de repente se agazapen y den un paso atrás en medio de esta crisis, sino porque nunca lo han hecho y la propia inercia de la inacción continua les conduce inexorablemente a ser tan inútiles como siempre. Eso sí, su inutilidad se manifiesta y se agudiza más que nunca. Quedan totalmente en evidencia desde el momento en el que el sistema que les daba cobijo está a punto de desmoronarse. Por el contrario, otros integrantes de la sociedad civil, algunos profesionales como camioneros o trabajadores de supermercados o simplemente personas particulares que se han ofrecido a hacer cosas por los demás, sí están siendo, más allá de toda duda, un servicio público. Como decíamos el otro día, “ha hecho más por el interés general estos días una persona mayor confinada que haya podido coser cien mascarillas en su casa, que algunos empleados públicos durante toda su vida”.

Volviendo a los empleados públicos, diríase que esta situación extrema los está dividiendo en dos grandes grupos: los vocacionales, que normalmente dan el 100% pero, si la situación lo exige, pueden llegar a dar el 200 (y además lo hacen con gusto, obviamente no por las circunstancias), y las rémoras del sistema. Pero realmente no es así, porque esta división no se está produciendo ahora. Ya existía, y además desde hace mucho tiempo, pero estaba perfectamente camuflada dentro de una nube de permisividad .

No podemos decir que una administración funciona realmente bien si no lo demuestra con un buen índice de resiliencia ante situaciones extraordinarias que ponen a prueba los cimientos de la organización, así como de los servicios que presta. Pero salvo honrosas excepciones, no estábamos preparados. El plan de contingencia frente a algo así era… Ninguno. En cuanto a los empleados públicos, algunos deberán empezar a interiorizar que uno no cobra la nómina de marzo de 2020 porque aprobó una oposición en marzo de 1987. Uno cobra la nómina de marzo de 2020 por el trabajo y el rendimiento que aporta al servicio público en marzo de 2020. Asombra comprobar las carencias digitales de algunos perfiles “de jefe”.

Por eso resulta casi cómico cuando los discursos más innovadores (y muy necesarios) en materia de Recursos Humanos, se refieren a cuestiones como la flexibilidad, el liderazgo o las soft skills. Y es que, si la situación no fuera ciertamente dramática, nos daría la risa cuando alguien habla de inteligencia emocional, de sentido común, de empatía, de capacidad de trabajo en equipo, de dotes para relaciones interpersonales, o de “actitud positiva”; mientras sucede que dentro de un despacho cerrado a cal y canto habita un espécimen con el ceño fruncido que cree saberlo todo, y que tiene muy pocas ganas de nada, excepto de cortar las alas a quien ose mostrar cualquier atisbo de iniciativa. Un espécimen, para más señas, que siempre va a encontrar el argumento para no dejar hacer, pero que nunca va a dar una alternativa en positivo. Ahora este sujeto está ¿teletrabajando? Probablemente no, porque seguro que opina que la normativa o la seguridad jurídica (a la seguridad de las comunicaciones probablemente no llegue) no lo permite. Yo mismo sufrí continuos ataques hace tan sólo unos meses (¡nada menos que en 2019!, no en 1985), porque determinadas personas opinaban que un secretario de Ayuntamiento no puede teletrabajar, ni siquiera unos días, entre otras cosas porque la fe pública consiste en el cotejo de un original que hay que ver, asir y contrastar con la copia, y que la firma electrónica nunca será lo mismo que el garabato. La Corporación, confundida ante estas quejas, iba a pedir un informe externo para verificar este extremo porque, en efecto, la cuestión le resultaba francamente dudosa. Y todo esto ocurrió, no el primer día, sino después de haber teletrabajado eficazmente ya varios meses… ¿Por qué damos tanta cancha a la malicia o la ignorancia?

Sin duda esta crisis está desenmascarando a esos ignorantes venidos a más, a los jefecillos, a los incompetentes, a los corruptos… En una palabra, a los prescindibles. A todas las rémoras que teníamos (y aún tenemos) parasitando y pesando como el lastre. No sumando, ni siquiera siendo inocuos, sino lacrando, minando, atacando, desmoralizando. Y todo ello bastante bien retribuido por cierto.

Jefe
Jefe duro y con puro (como los de antes). Ver esta imagen pronto será como estar en un museo. Fuente: Can Stock Photo

Nuestro mayor reto ahora mismo es pararle los pies al SARS-CoV-2, claro está. Pero cuando volvamos “a la normalidad” deberemos afrontar otros retos, porque el riesgo de volver a las andadas es elevado si nadie lo impide. Pero debe impedirse a toda costa, porque no es aceptable que algunos quieran seguir siendo “jefes” de lo anterior. Y tampoco queda muy claro, ahora mismo, qué es exactamente un jefe, ya que esta situación ha redefinido totalmente las jerarquías administrativas.

Hace poco Xavier Marcet publicó su artículo “Los otros virus”:

Y por cierto, ¿dónde queda el debate de si la administración electrónica entra en vigor en octubre del 16, del 18 o del 20? Ahora mismo o somos telemáticos (teletramitación, teletrabajo) o somos contagiados. Obviamente hablamos del personal “de oficina”, claro está, pero dado que este es el que tiene un mayor peso cuantitativo, sin duda su digitalización arrastra la de toda la Administración. Por eso quizá sea el momento de volver a modificar la Disposición final séptima de la Ley 39/2015. Propongo la siguiente redacción:

«Entrada en vigor.
La presente Ley entrará en vigor al año de su publicación en el “Boletín Oficial del Estado”.
No obstante, las previsiones relativas al registro electrónico de apoderamientos, registro electrónico, registro de empleados públicos habilitados, punto de acceso general electrónico de la Administración y archivo único electrónico producirán efectos a partir del momento en el que una pandemia mundial u otra catástrofe de gran magnitud nos obligue irremediablemente.»

Esto demuestra la importancia real que tienen los plazos. Nunca han sido tan importantes y parece que ahora menos que nunca. Si se desea cumplir con la obligación legal se hace inmediatamente, o en cuanto resulte posible, pero no se juega con los plazos ni se apuran estos al máximo, teniendo en cuenta además que estamos hablando no de implantar, sino de “empezar a implantar”. ¿Cuándo tenían pensado algunos dar el primer paso? Ahora los plazos se ven repentinamente acortados por una situación de emergencia extrema en la que, hablando de burocracia, los más ágiles, accesibles y, por supuesto, los más telemáticos, están más preparados. Hablamos tanto de organizaciones como de empleados públicos.

¿Y por qué los que hablaban de prorrogar y de agotar los plazos se sienten ahora tan confundidos? Porque son prescindibles, al igual que sus opiniones. Porque ya no son capaces de decirnos qué es lo importante y qué lo urgente, y porque no tienen ni idea de cómo ser jefes en un momento en el que sólo sirven los líderes, entendiendo por liderazgo no el arquetipo de líder que arrastra a las masas, sino cualquier iniciativa que aporte algo de valor en un momento tan dramático que absolutamente ninguna ayuda, de ningún tipo, sobra:

Se ha hablado mucho durante esta crisis de los sanitarios, héroes sin ninguna duda, empleados públicos de primera línea que evidentemente no pueden teletrabajar (como algunos más) y que aparecen a la cabeza del grupo de los imprescindibles. Pero existen muchos sectores en lo público, y a todos ellos es común que cuando viene lo malo se acentúan como nunca las diferencias entre insustituibles (excelente), útiles (muy bien) e innecesarios. Y no hablamos sólo de lo público sino de toda la sociedad civil. Estos días hemos asistido, con indignación, al comportamiento insolidario e inconsciente de verdaderos zoquetes; en enorme contraste con el ejemplo esperanzador de personas que ponen su tiempo y talento, cualquiera que este sea, a disposición de los demás. El objetivo: paliar o al menos hacer un poco más llevadera esta situación.

En resumen, las organizaciones clásicas no sirven como recipiente del nuevo paradigma funcional, porque este es electrónico, telemático, ágil, abierto, ético, colaborativo… Un tablero de ajedrez sirve para jugar al ajedrez, pero si lo que en realidad necesitas es una tablet para jugar a cualquier cosa (pudiendo abrir cualquier aplicación, no sólo el juego del ajedrez), vas a intentar desplazar los cuadraditos pintados de negro y blanco con el dedo y… Bueno, enseguida verás que no se mueven.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Miguel Ángel Gimeno Almenar dice:

    Muy buen artículo. Yo mismo. aunque no sea un as de la informática ni un entusiasta de la actual normativa en materia de Administración Electrónica, procuro ponerme al día todo lo que pueda, comenzando por asesorarme y dar la lata, y siguiendo por hacer por mí mismo cada vez más cosas, ya que es el único camino posible. Hay otros que necesitan a quien sea hasta para encenderles el ordenador y luego, si sale algo mal, echarles la culpa de su propia incompetencia. Y, efectivamente, no es cosa sólo de ahora: he visto gente de alta cualificación de profesiones técnicas diciendo hace ya muchos años que la justificación de la adjudicación directa por razones técnicas la tenían que hacer los jurídicos o el secretario municipal, porque estaba contemplada en unl artículo de una Ley…

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