Automatización de datos y trámites: una «novedad» muy antigua

“Los hombres desaprueban, por lo común, lo que son incapaces de ejecutar.” (Reina Cristina de Suecia).

¿Alguien recuerda aquella Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de regulación del tratamiento automatizado de los datos de carácter personal (conocida como LORTAD) ? Si usted ha respondido (mentalmente) que sí, quizá sea, con alta probabilidad, un friki de la protección de datos. El caso es que era una Ley (orgánica, como corresponde a las que regulan derechos fundamentales), de un año de buena cosecha (LRJPAC, Ley Corcuera…), que regulaba, como así consta en su nomenclatura, el tratamiento automatizado de nuestros datos. No es tan nueva, por tanto, esa cuestión para algunos satánica de la automatización. Existe desde que existe la informática de hecho.

Guia FEMP 2
Hay temas en los que insistimos una y otra vez. Y las que haga falta, hasta que cale… En la imagen la primera página de nuestro Capítulo “2019-2023: Cronología de una transformación (DIGITOTAL)” en la publicación colectiva “Guía para el Buen Gobierno Local”. FEMP, diciembre de 2019.

En efecto, como establecía aquella Ley (antecesora de la antecesora de la actual LOPDGDD), dicho tratamiento «comprende el conjunto de las distintas operaciones del proceso de los datos, desde la recogida a la cesión y transmisión de los datos. Estas operaciones pueden ser o no ser automáticas, como sucede con la recogida de datos. La ley se limita a los ficheros automatizados. No se aplica a los ficheros manuales o convencionales. Únicamente se alude a los ficheros convencionales en la disposición final 2ª, que prevé la posible extensión del régimen protector a estos ficheros. También se menciona en el artículo 2-1 el «uso posterior, incluso no automatizado» de datos registrados en soporte físico susceptible de tratamiento automatizado, como objeto del régimen protector de la ley. A este uso posterior se aplica la ley, excepto si se trata de ficheros públicos cuyo objeto sea almacenar datos para su publicidad con carácter general (artículo 2-2 a)». (fuente «La L.O.R.T.A.D. y su fututo. La Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de regulación del tratamiento automatizado de los datos de carácter personal», por Manuel HEREDERO HIGUERAS).

Automatización, interoperabilidad (que no existía como tal en el citado 1992, pero sí se hablaba de «administración única»), intermediación de datos…, son conceptos que siguen escandalizando. Y sin embargo la clave del cambio, de la esperadísima mejora de los aún pesados y poco amables con el usuario procesos administrativos, es la «administración automática». No digitalicen, tal cual, la burocracia, lo digo por enésima vez, porque es el error más común al intentar implantar las Leyes 11/2007 (primero), y 39 y 40/2015 (después), y lo hemos visto tantas veces que no podemos dejar de advertirlo una y otra vez, y las que haga falta, porque se sigue cometiendo de forma masiva.

Todo esto tiene que ver con muchas otras cosas. En realidad con todas las más importantes de las que «se cuecen» (o deberían cocerse) en la moderna Administración:

  • Tiene que ver con leyes vigentes, especialmente con las citadas 39 y 40. Recordemos una vez más que el art. 41.1 de la segunda de estas leyes, al que nos hemos referido en numerosas ocasiones, establece que  “Se entiende por actuación administrativa automatizada, cualquier acto o actuación realizada íntegramente a través de medios electrónicos por una Administración Pública en el marco de un procedimiento administrativo y en la que no haya intervenido de forma directa un empleado público”.
  • Tiene que ver, también, con los proyectos de ley en marcha, como la futura LEY REGULADORA DE DETERMINADOS ASPECTOS DE LOS SERVICIOS ELECTRÓNICOS DE CONFIANZA, que regulará certificados como el sello electrónico de personas físicas y jurídicas, o el sello de tiempo electrónico, que son utilizados habitualmente en las relaciones telemáticas de ciudadanos, empresas y Administraciones públicas.
  • Tiene que ver, y mucho, con la Inteligencia Artificial y sus algoritmos, que no son sino un paso más en la automatización de trámites.
  • Tiene que ver con las famosas Smart Cities, que se basan en la sensorización y el tratamiento del big data que genera los usuarios de los servicios públicos.
  • Tiene que ver con el mercado y la economía digital, muy favorecidos por el desarrollo de la interoperabilidad a nivel europeo.
  • Tiene que ver con Internet de las cosas (IoT), y con blockchain, y con todo lo que ocurre en la famosa nube (Cloud).
  • Y tienen que ver con los Recursos Humanos de las organizaciones públicas, que quedan absolutamente afectados por ese nuevo reparto de tareas que conlleva la automatización.

En definitiva, hablamos de un impacto multidisciplinar, holístico, integral, total. No en vano últimamente hablamos de «transformación digitotal«, aunque por algún motivo la gente sigue leyendo la palabra «digital», supongo que por esa especie de dislexia que proviene de la inercia de la costumbre de haber leído ya miles de veces una palabra tan manida. Sea como fuere, esta realidad puede gustar más o menos, pero no se puede negar porque hacerlo evidencia una falta de inteligencia, de ética, o de ambas, absolutamente inaceptable en el caso de un responsable público.

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