Sé buen empleado público, pero sobre todo sé buena persona

“En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes”. (Howard Gardner)

“Nadie sana hiriendo a otra persona” (San Ambrosio)

Es bueno ser importante pero es mas importante ser bueno” (Anónimo)

Es importante ser bueno, pero más importante es hacer el bien” (Robert Baden-Powell)

Mañana es Nochebuena y pasado Navidad. Ya os dejé aquí mismo mi felicitación (incluyendo la de Año Nuevo): Feliz Navidad… Feliz 2020… ¡Y feliz vida!

Pero hoy quiero hablar de la importancia de ser buena persona, no ya por las connotaciones que tienen estas fechas, que también, sino como algo que deberíamos tener siempre en cuenta, por supuesto.

El otro día un compañero (José Luis Rivera) me recordó parcialmente una interesante Historia de aquel Hollywood mítico del que sólo nos quedan, prácticamente, las leyendas. Una Historia de rivalidad y odio que yo ya conocía, pero en la que a raíz de la conversación he profundizado más, completando la historia desde distintas fuentes.

¿Sabéis quién fue Olivia de Havilland? Es una actriz británico-estadounidense, nacida en Tokio (Japón) en 1916. Ganó el premio Óscar a la mejor interpretación femenina en dos ocasiones y está considerada una de las mejores actrices de la historia del cine.

¿Y sabéis quién fue Joan Fontaine? Fue una actriz británico-estadounidense, nacida en Tokio (Japón) en 1917. Ganó el premio Óscar a la mejor interpretación femenina en una ocasión y está considerada una de las mejores actrices de la historia del cine.

Y además eran hermanas.

Ambas mujeres pasarán a la Historia, en efecto, por ser dos de las mejores actrices de siempre. Pero también lo harán por ser dos de las personas que más se han odiado. Esta es su historia de desencuentros…

Ya viviendo en Estados Unidos (su nacimiento en Tokio fue circunstancial), la convivencia entre las pequeñas hermanas era más que complicada, quizá por los típicos celos de la mayor hacia la pequeña, pero llevados al extremo en este caso. Olivia era mucho más fuerte, no sólo por ser un año mayor sino porque Joan era de complexión débil, y de tendencia enfermiza. A cambio, parece que era tremendamente inteligente, y de hecho le detectaron un cociente intelectual de 160, que es altísimo. Esa supuesta envidia fue el origen de más de una paliza por parte de su hermana, la cual en alguna ocasión llegó a romperle los huesos.

Lo que sí que compartían las dos es un talento para la interpretación brutal e innato, y además ambas querían ser actrices. Desde muy jóvenes se presentaron a algunos casting. Aunque en 1938 ya habían trabajado en algunos filmes, su oportunidad más importante, con diferencia, de esta primera época, fue el casting para “Lo que el viento se llevó”, nada más y nada menos, en el que ambas ambicionaban ser elegidas para interpretar a la gran protagonista del film: Scarlett O’Hara. El papel finalmente fue para Vivien Leigh, seguramente por ser una actriz más consolidada en aquel momento. Pero las hermanas gustaron. De hecho el productor ofreció a Joan el papel de Melania, un importante personaje secundario que sin embargo no era en absoluto de su agrado. La joven Joan Fontaine, de carácter orgulloso, rechazó el papel por parecerle una “boba”, y añadió: “Para hacer de tonta llamad a mi hermana”. La producción llamó entonces a Olivia de Havilland, quien desconocía el rechazo previo de su hermana, y no sólo aceptó sino que hizo una gran interpretación, siendo nominada al Óscar a la mejor actriz secundaria. No ganó, pero lo hizo francamente bien. Años más tarde se enteró del desdén de su hermana hacia el personaje, y evidentemente se enojó bastante.

Olivia y Joan
Joan Fontaine (izquierda) y su hermana Olivia de Havilland (derecha)

Por lo que respecta a Joan, encontró su lugar en Hollywood de la mano de uno de los mejores directores de siempre, el gran Alfred Hitchcock. Con él rodó la famosa película “Rebeca”, un éxito de público y de crítica, y muy poco después “Sospecha”, una fantástica interpretación con la que Joan Fontaine obtuvo el Óscar a la mejor actriz principal en 1941. En la ceremonia de aquel año acaeció una sonada anécdota: cuando Joan fue llamada al escenario para recoger la estatuilla, su hermana Olivia intentó felicitarla… Pero Joan rechazó el saludo, humillándola no sólo ante todos los presentes, sino ante el Mundo entero.

A partir de ese momento Olivia de Havilland se juró a sí misma ser mejor actriz que su hermana. De hecho se juró ser la mejor actriz de la Historia… Y quizá lo consiguió. Trabajó mucho, ensayó, mejoró en todos los aspectos de la interpretación trabajando el método… El resultado fue su primer Óscar a la mejor actriz, conseguido por “La vida íntima de Julia Norris”, en 1947… Y repitió dos años más tarde, con “La heredera”. Su interpretación en esta película está considerada la mejor actuación femenina de la historia del cine. Ni que decir tiene que su hermana Joan no estuvo presente en ninguna de las dos ceremonias de entrega de los Óscars, y por supuesto no la felicitó.

Los años siguientes, con ambas actrices ya convertidas en dos estrellas y divas de aquel Hollywood dorado, están plagados de anécdotas derivadas de la mala relación entre ambas. Si acudían a una gala, los encargados de protocolo iban literalmente locos para colocarlas lo más lejos posible, debiendo procurar además que no coincidieran en ningún momento. Si, inevitablemente, con motivo de algún evento debían ser alojadas en el mismo Hotel, exigían que hubiera al menos 10 plantas de diferencia entre ambas habitaciones…

Pero sin duda el menosprecio más grande, la situación más grave, se produjo en 1975. Su madre Lilian Fontaine se encontraba enferma. Joan, quien tenía que salir de gira por un compromiso profesional, pidió a su hermana que la avisara si su madre empeoraba. Joan se fue de gira y la madre efectivamente empeoró, y mucho. Por su parte, Olivia tuvo la desafortunada idea de avisar a su hermana de esta circunstancia a través de un simple telegrama. Por supuesto, para cuando Joan pudo leer el telegrama su madre ya había fallecido, por lo que no pudo despedirse de ella.

Después de aquello ya no hablaron nunca más. El poco contacto que tenían definitivamente desapareció. El antiguo odio se convirtió en una indiferencia abismal.

Y pasaron los 70, los 80, los 90… Siguieron pasando los años y finalmente Joan Fontaine falleció, precisamente en diciembre, del aún reciente año 2013. Aunque ya tenía la elevada edad de 96 años, curiosamente la segunda en nacer fue la primera en morir. Gente próxima a su hermana, personas de su entorno, aseguran que la vieron muy afectada, incluso visiblemente enfadada, ante la noticia del fallecimiento de su hermana. “¿Ves? En el fondo la querías”, le dijeron… “No, si por lo que estoy enfadada es porque ella, que quería ser la primera en todo, al final se ha salido con la suya y ha sido la primera en morirse”… ¡Incorregible la anciana Olivia!

Desde entonces ya han pasado otros 6 años. Olivia de Havilland aún vive. Es el mito de aquel Hollywood que ha alcanzado mayor longevidad. Es incluso mayor que Kirk Douglas, quien también tiene 103 años cumplidos en la actualidad. Pero dicen que esta última etapa de su vida está siendo muy triste, pues parece ser que la vieja Olivia llora todos los días, aunque no dice por qué… Yo tengo una teoría: quizá en el fondo, puede que muy en el fondo, le habría gustado hacer las paces con su hermana después de todo.

Esta es una historia que me apetecía compartir ante todo porque la considero interesante, pero desde luego también tiene su moraleja: no deberíamos discutir con la familia en Nochebuena… ¡Ni nunca! Lo ideal sería tener buena relación con todo el mundo, pero como eso probablemente es imposible, al menos tengámosla con nuestros seres más próximos. Y sobre todo: no dejéis de hablaros con ninguno de vuestros seres queridos, ¡y menos durante 40 años!

La conclusión, más allá de la Nochebuena, también podría ser que para ser buen profesional se debe ser buena persona. Es la previa, no solo para ir a trabajar sino para ir por la vida. Y en el trabajo, por supuesto, el cual evidentemente forma parte de la vida. “Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”, afirmaba Howard Gardner en esta interesantísima entrevista de la cual extraemos las siguientes perlas:

Karem Respeto
  • En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.
  • Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos .
  • No alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia . Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.
  • Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.
  • Hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.
  • Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad…, pero sin darlo todo nunca.
  • En clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo.
  • Es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento…
  • Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones.

Anexos:

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