Los 7 pecados capitales en la Administración

Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1866, artículo 8, «El pecado», V: La proliferación del pecado)

De los creadores de “10 (arque)tipos realmente tóxicos en una organización pública”, “30 (ó más) tribus existentes en nuestras organizaciones públicas” y “15 emoticonos presentes en algunas organizaciones públicas“, llega “Los 7 pecados capitales en la Administración”. Cualquier parecido con la realidad es… la realidad. Dedicado a los que saben reírse de sí mismos, y desde luego también a los ofendiditos y a otros con la susceptibilidad a flor de piel. Comencemos:

1.- Soberbia. De esto hay muchos ejemplos: desde ese Catedrático de Derecho Administrativo que pone “a caer de un burro” la Ley 39/2015 por ser “demasiado electrónica” (y también, implícitamente, porque no le han llamado a él para redactarla), hasta el político que entra por primera vez a gobernar recién ganadas las elecciones y comienza a tomar decisiones saltándose a los técnicos… Pasando por el clásico del compañero que no escucha porque cree que ya sabe todo lo que hay que saber en relación al tema de conversación, o el caso, mucho más actual, de la persona que se autoconsidera innovadora pública y así lo proclama en las RRSS. Menudo caldo de cultivo para la soberbia son, por cierto, las redes, especialmente Twitter y Linkedin.

2.- Avaricia. Es ese pecado que rompe el saco. Aquí podríamos hablar de los numerosos casos de corrupción que nos avergüenzan a todos. ¿Por qué quien ya tiene todo lo que puede desear sigue mangando? Por avaricia, sin ninguna duda, además de por esa bochornosa sensación de impunidad que tienen algunos (y que se instala también en la mencionada soberbia). Mas no sólo se peca de avaricia en relación al dinero. Hay muchas personas en la Administración que se mueven en la delgada línea entre la ambición (que en principio no es mala) y la propia avaricia… “¿Por qué Caín mató a Abel? Por el ansia, tó pa mi…” (José Mota). La avaricia es lo contrario de la generosidad. Una persona que habla de liderazgo, por cierto, no debería ser avariciosa, porque el liderazgo, sobre todo el liderazgo público, consiste en poner en valor a los demás y en estar a su servicio. Por otro lado la avaricia implica codicia (de hecho son sinónimos), y por ello se encuentra conceptualmente muy cerca del siguiente pecado…

3.- Envidia. La envidia es un pecado muy habitual en la Administración española. Y además doblemente: por ser la Administración (donde los menos talentosos, o los quemados, o simplemente los que se creen aplastados por una mano negra, recelan de todos los que están teóricamente mejor que ellos), y por ser española (país oficial de la envidia y los chismes). También es cierto que no todas las organizaciones públicas son, en absoluto, iguales. Es por esto que la envidia, en ambientes culturales u organizativos especialmente tóxicos, campa totalmente a sus anchas.

4.- Ira. Pecado muy malo. Implica enfado y descontrol. Puede estar más o menos justificada (como la histórica y por desgracia frecuente ira derivada de un exceso de burocracia y de lentitud administrativa que acaba causando un perjuicio a una persona que, con motivo, se cabrea), o ser mucho más gratuita, e incluso fingida (como la de los políticos aparentemente indignados en el Congreso o en el Pleno, o la del “compañero” que finge claramente cuando parece enfadarse de forma solidaria por algo malo que te ha pasado a ti pero que a él se la trae absolutamente al pairo).

5.- Lujuria. De esto también sobra, no lo duden. Ya lo explicamos con todo lujo de detalles en “El sexo y la administración local”, entrada muy visitada (son ustedes unos morbosos) donde dimos cuenta de 10 posturas sexuales muy habituales en la Administración. A saber: “por detrás”, con numerosos ejemplos como “el Alcalde me ha dado por el…” o “Menganito se ha cambiado de administración, que se vaya a tomar por…”; sexo oral, tanto de empleados públicos (“a mi la administración electrónica me la…”) como de amables usuarios (“usted y todos los funcionarios me la…”); el misionero (recuerden que un misionero es un predicador, y de eso en la Administración hay mucho); la cuchara, una postura muy romántica; “átame”, postura que por definición impide moverse con libertad a una persona en sus relaciones con la Administración (o dentro de la propia Administración); el perrito, parecido a “por detrás” pero menos doloroso; el mamoneo, que suele confundirse con el citado sexo oral, pero hace más bien referencia ese jueguecito que se traen entre manos algunos concejales, técnicos o jefes departamento entre sí, o quizá con alguna pareja sexual externa, como un empresario o un receptor de subvenciones; el jinete, postura que requiere un caballo o un burro (no les será difícil encontrarlo); el helicóptero, que consiste en dar vueltas a gran velocidad sobre un eje lo más fijo, duro y resistente posible (como la silla giratoria de la oficina); y el sado, que se produce cuando a alguien le zurran y vuelve a por más (durante muchos años ha sido el ciudadano, si bien ahora está más repartido). En los comentarios a la entrada Lucas Ferrera añadió, con mucho tino, “la marcha atrás” (proyectos que empiezan fuerte pero finalmente se quedan en nada). En definitiva, no cabe duda de que la Administración es un lugar muy sexual y lujurioso.

6.- Gula. Este pecado capital podría ser el menos grave, no sé qué piensan ustedes. De hecho resulta bastante cómico observar cómo los asistentes picotean como si no hubiera un mañana en los cáterin de eventos como CNIS y Novagob. Tampoco anda corta de gula la tradicional comida con el contratista recién adjudicado, una práctica, dicho sea de paso, que a mí siempre me ha parecido poco ética (y nada estética). Hablando del resultado o las consecuencias de la gula, vaya por delante que por supuesto no vamos a meternos con el peso de algunos concejales, porque un servidor es el primero que podría estar más delgado (100kg de Secretario, pero sólo ocupo una plaza, que conste), si bien no deja de ser curioso que el de deportes suele ser el menos enjuto, grácil o esbelto, no me pregunten por qué… ¡Con lo bien que encaja un deportista en un cargo relacionado con el deporte!

7.- Pereza. Pues aquí el trabajo recopilatorio ya lo hizo Forges por nosotros (ver “Los mejores chistes de Forges sobre funcionarios #GraciasForges”). Cierto es que el dibujante, dentro de su genialidad, exageraba lo suyo, pero como dije en la citada entrada, “Recuerdo haber visto malas caras ante las sutiles acusaciones de vago o burócrata, pero mi actitud (y la de muchos más) era y es otra ante este tipo de chanza: el humor, si es bueno y sano, hace gracia (y hay que disfrutarlo); y en todo caso cuando el río suena agua lleva, y es que lo mejor que puede hacer uno con la crítica es transformarla en autocrítica”. En definitiva, como también dijo otro genio (Mariano José de Larra en “Vuelva usted mañana”): “Vivió el expediente dos meses en informe, y vino tan informado como era de esperar”.  

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ANEXO. Selección de “humor” de Nosoloaytos

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