Dación de fe de un caso de no éxito en la Administración

Ser innovador no es sólo innovar. Es innovar cuando sabes que lo más cómodo y lo menos perjudicial para ti sería no hacerlo.

Reflexiones previas

Vivimos en la época de la llamada posverdad, un neologismo que representa lo que antes conocíamos como “media verdad”, sabiendo que la verdad o es entera o no es verdad, porque la parte de mentira siempre va a condicionar o tergiversar el resto de la información.

Vivimos en una época en la que la tecnología ha alcanzado un grado de avance tal que nos permite relacionarnos cómodamente de formas que hasta hace muy pocas décadas no éramos capaces ni de soñar, pero en la que más de una Administración defiende impasible que una persona debe comparecer en sus oficinas y presentar forzosamente una fotocopia del DNI para solicitar un derecho que en realidad ya debería estar disfrutando sin que se lo reconociera un papel.

Vivimos en una época en la que a una persona se la considera innovadora únicamente por ser joven o por tuitear cosas amables y populares todo el santo día. Una época en la que un ponente acude una mañana al INAP y entra por la puerta de un aula henchido de orgullo para impartir una clase sobre liderazgo, tan sólo unos segundos después de haber entregado, sumiso y cabizbajo, a los controladores del curso, un “certificado de pernocta” firmado y matasellado por el recepcionista del hotel donde ha pasado la noche. Una época en la que muchos dicen que hacen, pero no hacen; una época en la que algunos están, pero no trabajan.

En esta época en la que lo políticamente correcto, la foto que recomendarían nueve de cada diez dentistas, el supuesto éxito o la estética del mismo, y la apariencia en todas sus modalidades parece que son lo que más importa, quizá haya llegado el momento en el que debemos defender lo auténtico, y verbalizar, e incluso ensalzar, el no éxito… Sobre todo porque el no éxito es real, y siempre un aprendizaje. En las siguientes líneas vamos a dar fe (“pública”, y “a distancia”) de un caso de no éxito en la Administración.

El proyecto

En el día de ayer dimos por finalizada la comisión de servicios que me unía al Ayuntamiento de La Laguna desde el pasado 1 de marzo. Seis meses, la mitad del año inicialmente previsto. Un periodo que, aunque breve, ha dado margen de sobra para poder aportar al mundo toda una experiencia de “no éxito”. Esta es la experiencia que les quiero contar. Y como hay mucho que contar les sugiero que lo lean tranquilamente, si puede ser cuando dispongan al menos de diez minutos largos.

Lo cierto es que, aunque en su momento agradecí la llamada de mis futuros compañeros Sara y Estanislao, fue un verdadero milagro que finalmente aceptara su propuesta de ir a un Ayuntamiento tan lejano a mi entorno. Cuando me explicaron el proyecto, implantar la administración electrónica, pensé que era “lo de siempre”, pero es cierto que la organización tenía tamaño y potencial como para representar un reto interesante, al menos durante una temporada porque también teníamos claro que la forma de provisión debía ser la comisión de servicios, y es que aunque me animaron a cubrir la plaza en propiedad esto me parecía demasiado aventurado. Sólo faltaba articular la forma… Y así es como se nos ocurrió la idea del teletrabajo, a modo de proyecto piloto. ¡Ese era el incentivo emocional que me faltaba! En concreto optamos por la modalidad de teletrabajo parcial, no total, combinando la presencialidad durante 15 días al mes y al menos 10 laborables, con el teletrabajo, y acordando asimismo que los días de desempeño presencial eran indisponibles, por lo que el trabajador no disfrutaría de ningún tipo de permiso, licencia, asistencia a cursos, o días de asuntos propios durante estos días, yendo este tipo de situaciones siempre a cargo de los días de teletrabajo. Y todo ello vinculado a un objetivo, que, expuesto ahora de manera más amplia, era exactamente el siguiente: “Impulsar, coordinar e implantar la puesta en marcha del procedimiento electrónico que viene establecido en las distintas leyes del sector público, así como de modernizar y mejorar los procesos administrativos municipales de cara a la mejora de su eficacia y eficiencia. De forma concreta se detecta la necesidad de adaptar los procesos administrativos del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna a determinadas novedades regulatorias, especialmente por lo que respecta a lo establecido en la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público, la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público, y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, así como en las leyes estatal (19/2013) y canaria (12/2014) de transparencia, y distintos reglamentos, como los reguladores del Esquema Nacional de Seguridad (RD 3/2010), el Esquema Nacional de Interoperabilidad (RD 4/2010) y el control Interno en las Entidades del Sector Público Local (RD 424/2017).”

¿Les parece una barbaridad de trabajo? Pues ahí estábamos, muy bien encaminados. Para implantar un proyecto, aunque sea uno definido en parte por las Leyes, no existe una metodología estándar. Sí puede haber unos pasos más o menos naturales, pero es necesario adaptar e innovar, porque no todas las organizaciones son iguales, y tampoco es lo mismo implantar la administración electrónica en 2019 que diez años antes o diez años después. Nuestra estrategia, en este caso, pasaba por la integración con las herramientas y plataformas de adhesión del Estado (algo que por razones obvias en proyectos anteriores no podíamos hacer), completando esos ítems con otros como la adquisición de un gestor de expedientes, previo un trabajo interno, por supuesto, de simplificación y reingeniería de procedimientos. De hecho la estrategia, una estrategia que siempre ha estado viva, se apoyaba sobre tres grandes ítems:

  1. Actualización y simplificación de los procedimientos.
  2. Herramientas de soporte del funcionamiento electrónico.
  3. Organización y RRHH.

La fase previa, como no puede se de otra manera, fue de diagnóstico. Observé que el problema mayor de la organización era la excesiva departamentalización: poca comunicación y poca coordinación entre las distintas unidades orgánicas del Ayuntamiento (del cual penden a su vez varias entidades dependientes). Este es un problema habitual en muchos Ayuntamientos, especialmente los grandes. Otro problema serio, en parte derivado del anterior, era la hipertrofia y excesiva burocratización de los procedimientos. Por dar un par de datos significativos (y por supuesto anonimizados, porque cuando hay un problema no hay que buscar culpables, sino causas y soluciones), en la tramitación de determinado procedimiento empleábamos 559 días, mientras que en la tramitación de otro para el que “sólo” empleábamos 243 días, generábamos por tanto la friolera de 65 documentos. Esto se tenía que simplificar. En el apartado de lo bueno, vi que disponíamos de recursos: suficientes recursos económicos y muy buenos recursos humanos, no tanto en lo técnico (dicho con todo el cariño) pero sí en lo que para mí es lo más importante: la actitud. Esta constatación me mantenía muy optimista, y de hecho admito que en un primer momento infravaloré totalmente la magnitud de la resistencia al cambio, quizá porque vi muy buena predisposición por parte de una gran mayoría y no recordé (porque en esto ya tenemos experiencia) que al principio los resistentes permanecen silenciosos.

Esta primera fase también consistía, por así decirlo, en verbalizar el cambio. Por ejemplo, organizamos una fantástica jornada abierta también a empleados de otras AAPP (“I Jornada sobre Administraciones públicas inteligentes”) con grandes ponentes como Borja Adsuara, Daniel Cerdán, Pep Budí y Encarna Hernández. Y no sólo lo verbalizábamos, sino que trabajábamos y no poco, en tres foros creados por los compañeros antes de mi llegada: los comités sectorial y transversal y el grupo de trabajo de modernización (sí, lo sé, le teníamos que haber llamado “de innovación). Luego explicaré cómo acabaron esas reuniones… Pero sobre todo, en esta fase inicial cambiamos la manera de comunicar (de hecho antes no se comunicaba, lo cual es un hándicap que no se puede permitir ninguna organización, pero mucho menos una grande). Empezamos a comunicar de una forma natural y transparente toda la información sobre los cambios, así como las cuestiones “administrativas” que se iban suscitando (o que íbamos observando). Yo buscaba dar transparencia y legitimidad al proceso, y también la culturización jurídico técnica del personal. Me consta que al principio chocaron Circulares como la de “Publicación de actos administrativos sin contravenir la LOPDGDD”, o la de “Sustituciones de Decretos por otros posteriores (tipología)”, en la que por fin acabamos con esa figura extraña del “dejar sin efecto”, ya que pudimos explicar cuándo procede el uso de figuras como la revocación de actos o la rectificación de errores (este tema al final se convirtió en una entrada). Luego estos correos tenían su debate, como debe ser, y el aluvión de consultas que venía durante los días siguientes a las Circulares lo recuerdo con una mezcla de satisfacción, por sentirme útil a los compañeros, y cierto agobio, por el elevado número de consultas. Pero así trabajábamos, y no nos iba nada mal. La gente lo agradecía, porque nunca antes tuvo tanta atención, y el proyecto avanzaba (especialmente en las reuniones de los comités y el grupo de trabajo de modernización). Aún sin ser completamente electrónicos, pudimos mejorar mucho en agilidad funcional, y también “salvamos los muebles”, por ejemplo, en transparencia, alcanzando un índice de 7,07 frente a la media de los municipios canarios de 5,03. Conste que no somos muy “de índices”, pero desde el Comisionado de Transparencia me indicaban que este año podíamos suspender, de modo que nos pusimos las pilas…

Por mi parte, desde el principio intenté compaginar lo mejor posible la quincena de trabajo presencial con la de teletrabajo (o trabajo telepresencial, aunque algunos siempre le llamaron “ausencia” y no “telepresencia”). Nunca fue fácil a nivel personal, pero desde el punto de vista de la organización del trabajo creo que le fui cogiendo el truco: se trataba de agrupar en dos semanas muy intensas todas las reuniones, la formación y otras cuestiones y gestiones de careo necesario; mientras que las otras dos semanas, en realidad de mayor trabajo pero mucho más espaciado y con posibilidad de organizarlo, nos dedicábamos a estudiar y redactar las cuestiones más intelectuales. En cuanto a la firma, obviamente no había ninguna diferencia entre los periodos de presencia y los de telepresencia, y por supuesto se despachaba exactamente con la misma regularidad (y con la misma herramienta: una firma electrónica, que como tal es telemática, evidentemente). En esta primera etapa el teletrabajo apenas recibió críticas, si bien debo dar cuenta no obstante de que sí hubo un funcionario que consideró necesario, supongo que para su tranquilidad, “elevar” la cuestión a Dirección General de la Función Pública de Canarias, con quienes acabé reuniéndome para explicarles, entre otras cosas, algunas nociones básicas sobre firma electrónica y también sobre posibles sustituciones o delegaciones impropias en casos distintos de una baja, una enfermedad o cualquier otro tipo de ausencia clásica, pero a mitad de discurso me percaté de que en los casos de telepresencia lo mejor es no delegar, para no levantar suspicacias, y hacer exactamente todo lo que diga la Ley que debe hacer en este caso un Secretario, incluida la (tele)asistencia a las reuniones, si bien en este caso lo cierto es que el titular del órgano de apoyo a la Junta de Gobierno Local (básicamente, mi puesto) no es miembro ni del Pleno y ni siquiera de la propia Junta de Gobierno, por lo que no es preceptiva su asistencia ni computa a efectos del quórum para su válida constitución. En fin. Esto, visto ahora con el tiempo, no pasó de ser una simple anécdota.

El caso es que así, sin prisa, sin pausa, y utilizando un método en parte improvisado que intentábamos perfeccionar y adaptar continuamente, la cosa iba avanzando. Y lo hacía bastante bien.

El mediocre contraataca

Y llega junio. Nueva Corporación. A río revuelto ganancia de enredadores (¿verdad que el refrán podría ser así?). Fue un momento de impás en el que irrumpió en escena una resistencia al cambio hasta entonces subyacente, una resistencia no obstante brutal y aparentemente dispuesta a todo.

En efecto, este es uno de los hechos vividos en los últimos meses de los que más claramente puedo dar fe. En el Ayuntamiento de La Laguna encontrará usted a muchas buenas personas, la inmensa mayoría, pero también una resistencia al cambio de las peores que yo haya visto. Y es que ocurre, como en muchas organizaciones públicas (y supongo que privadas, aunque es un sector que conozco menos), que, por desgracia, un 98% de buenos empleados (buena actitud, y en bastantes casos buenas competencias técnicas) están en manos de un 2% de áspides. Estos últimos no destacan por su talento, qué va, y de hecho son la viva imagen de la mediocridad, pero sí tienen habilidad para la manipulación, y saben procurarse una posición idónea que les permite disponer del tiempo libre necesario para maquinar. Son personajes siniestros que actúan con malicia y osadía, y suelen actuar también con nocturnidad, por lo que sólo los ves cuando lo tienes encima. El mediocre carece de nobleza. No va a dudar ni un segundo en utilizar una ventaja, y mucho menos en atacar un punto débil. El mediocre va a ver una llaga y va a ir corriendo a introducir el dedo. Un mediocre nunca te va a ganar en el cara a cara, pero sí son peligrosos “a los puntos”, porque dedican un tiempo que el resto no tiene para dar millones de pequeños mordiscos, y es que trabajan como las pirañas cuando se comen una vaca. De este pequeño grupo, en realidad son únicamente dos o tres los que verdaderamente manejan los hilos, mientras que el resto son simplemente “tontos útiles” que sacan su pequeña tajada, o a veces ni eso. Nada nuevo bajo el sol, insisto, por desgracia.

El caso es que de repente se cuestiona más que nunca el teletrabajo. Quizá porque a algunos les parece que es ese punto débil por donde poder atacar. Era una cosa nueva, supongo que muy rara para algunas cabezas… Simultáneamente se cuestiona, y no debe ser casualidad, el proyecto de implantación de la administración electrónica. La administración electrónica puede generar muchos tipos de resistencia, y desde luego la nostalgia al papel o el amor a la zona de confort no es ni de lejos la peor de ellas. La administración electrónica es transparencia, entre otras cosas porque supone un nuevo modo de trabajar que genera un reguero electrónico de todo lo que se hace, y también saca a la luz incluso lo que no se hace. La administración electrónica es el enemigo número uno de las corruptelas. Una corruptela no es uno de esos gigantescos pelotazos urbanísticos de los de antes, de eso cada vez veremos menos; una corruptela es una pequeña o no tan pequeña trama, un chiringuito, una red clientelar oculta que utiliza una entidad pública para el beneficio personal de sus integrantes. Integrantes, pese a todo, mediocres, cuyo único nexo de unión con los otros integrantes es que comparten mediocridad. Los mediocres se reconocen y se apoyan entre ellos… Pero con esto hay que acabar. En la Administración Pública española no pueden existir aún estas cosas, a estas alturas.

¿Qué es lo que ocurrió exactamente?

Julio. El mes empieza bien, pues podemos celebrar el “Curso sobre el proceso de una transformación digital basada en las herramientas del Estado”, que tuve el honor de organizar con la ayuda del gran Gerardo Bustos, quien además nos honró con su presencia como ponente. El grado de satisfacción de los asistentes al curso fue muy elevado, e incluso vi que pudimos elevar el nivel de entusiasmo. Desde su finalización nos pusimos a trabajar en una segunda edición para octubre (la cual ya no se celebrará), abierta al resto de personal, ya que la primera edición se planteó, por distintas circunstancias, para uno aforo de no más de 40 personas.

Unos días más tarde aparece un escrito de la Junta de Personal poniendo en duda, con intensidad, mis condiciones de (tele)trabajo. Este escrito, al que no me referiría si no hubiera aparecido ya, a diestro y siniestro, en los medios, se basaba esencialmente en la afirmación de que “el trabajador desempeña unas funciones respecto de las cuales dudamos si podrían encajar o no bajo este sistema”, y en la no negociación previa con los Sindicatos (a pesar de que el art. 37.2.c) del Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público establece que “Quedan excluidas de la obligatoriedad de la negociación, las materias siguientes: c) La determinación de condiciones de trabajo del personal directivo”.). El caso es que este escrito, qué duda cabe, tenía gato encerrado. Era, ante todo, innecesario, y estaba redactado en un tono hostil aún más innecesario. Y era, además, extemporáneo, porque no se cuestionó ni se pidieron explicaciones sobre mi teletrabajo en marzo cuando llegué (cuando habría sido más lógico), y sin embargo cinco meses después se ponía en duda una situación real, demostrada y demostrable, como era el buen desempeño precisamente durante esos últimos cinco meses. Así lo acreditaba la existencia de numerosos correos electrónicos de trabajo enviados o contestados no sólo cualquier día sino incluso a cualquier hora (y otras tantas llamadas telefónicas),  la acreditación de cientos de documentos electrónicos firmados telemáticamente por mi durante los días y horas en los que me encontraba teletrabajando, o la elaboración y envío de textos (por ejemplo las famosas Circulares) y documentos durante los mismos días. En definitiva, si un puesto de trabajo ya se está desempeñando mediante la modalidad de teletrabajo, queda pues demostrado que ese puesto de trabajo se puede desempeñar mediante la modalidad de teletrabajo. Y visto el avance del proyecto tampoco se podía discutir que se estaba desempeñando al menos con la misma dedicación y calidad exigible al trabajo presencial. De hecho a lo mejor era ese el problema, y es que cuando de verdad uno no hace nada lo suelen dejar en paz. Los mediocres tienen una especie de pacto de no agresión con los vagos (entre otras cosas porque en parte son los mismos). Cosas de la Administración.

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Mediados de julio: las comisiones sectorial y transversal, esos foros en los que nos reuníamos para impulsar la administración electrónica, se suspenden indefinidamente. Esto nos dejó ciertamente perplejos a todos los que formábamos parte de las comisiones.

Intentamos no obstante seguir con el proyecto, fundamentalmente reuniendo, de manera casi clandestina, al grupo de trabajo de modernización (lo que quedaba de los tres foros iniciales, una vez suspendidas las comisiones); e impulsando los ítems del momento, especialmente el relativo a la reingeniería de procedimentos en el que nos hallábamos inmersos, de lo cual se dio cumplida información mediante correo enviado a todo el personal el 22 de julio. Otra Circular importante emitida esos días fue la de “Unificación de los documentos Decreto y Certificado del Decreto” (de 25 de julio), que supuso una gran novedad en la organización, por cuanto suponía omitir tanto la generación del certificado como la firma de éste. A nivel documental este nuevo documento unificado incorporaba dos certificados electrónicos: la firma del Alcalde o Concejal, y el sello de órgano de la Secretaría Técnica, por lo que tenía el “honor” de ser la primera actuación administrativa automatizada de la historia del Ayuntamiento. Por supuesto, también se eliminó de la cabecera la referencia a la fecha del Decreto por cuanto pudiera incurrir en contradicción con la fecha de la firma electrónica del Alcalde o Concejal (en el caso de que la emisión del Decreto y su firma no se realizaran el mismo día), cuya fehaciencia temporal en todo caso prevalecería sobre cualquier otra fecha que se indique. Como siempre, la Circular concluía con un “Quedo a vuestra disposición en este mismo correo para dudas y aclaraciones. Muchas gracias a todas y todos por vuestra colaboración”, porque para eso estamos y porque esta es la fórmula que había demostrado funcionar.

Agosto, lejos de ser tranquilo, supuso el desmadre definitivo de la cuestión. Trayendo a colación el aludido escrito sindical, se publicó el famoso “artículo de investigación” sobre el tal “Secretario que da fe pública a distancia”, escrito desde una ambigüedad y una posverdad de manual, con poca o ninguna ética periodística pero con mucho desdén hacia mi trabajo y una ironía subyacente desde el título que quiere hacer ver que en realidad eso de dar fe pública a distancia es imposible, porque la fe pública es “ante mí” (¿cómo si no?), y que teletrabajar es de jetas (curiosamente el periodista elaboró el artículo teletrabajando, y su “empresa” es un Diario digital). Visto con perspectiva, esta estrategia para desgastar al impulsor de un proyecto que se quiere boicotear es impecable. Se llevó el tema a los medios aprovechando varias coyunturas: una, que en realidad es una desgraciada constante, la mala imagen social de los funcionarios; otra, la confusión generalizada entre “alto cargo político” y “alto cargo funcionario” (una confusión de la que somos responsables, en parte, los propios colectivos que no hemos sabido explicar a la sociedad lo que hacemos); y otra, el cambio de color político del Gobierno municipal y las supuestas condiciones paradisíacas de un alto cargo colocado hace tan solo unos meses por Coalición Canaria. La tormenta perfecta. En definitiva, una buena estrategia al servicio de una muy mala causa y llevada a cabo a través de unas malísimas formas, evidentemente.

Unos días más tarde (porque las acciones en caliente las carga el Diablo), y tras calibrar el impacto del ataque, nos vimos finalmente obligados a emitir nuestro COMUNICADO DE PRENSA.

Nunca me cansaré de agradecer el apoyo y el cariño que recibí durante los días siguientes, un apoyo gigantesco tanto en cantidad como en calidad. Me sentí realmente arropado e incluso reforzado. Y no sólo por los cientos de mensajes recibidos públicamente a través de redes sociales como Twitter, Facebook y Linkedin (ver), sino por las numerosas llamadas y mensajes personales de amigos, compañeros y también gente que no conocía, la verdad, pero a quienes agradezco más si cabe su posicionamiento.

En el apartado de lo negativo dos cosas (y bastante negativas, la verdad):

1.- Pese a que tuvimos, tal y como se ha mostrado, el apoyo de cientos de personas, no lo tuvimos por parte de dos instituciones que sí debían haberlo mostrado pública e incondicionalmente: el colegio que se supone que defiende al colectivo de habilitados de carácter nacional cuando estos sufren ataques ya de este calibre, especialmente cuando se pone en tela de juicio su imparcialidad e independencia; y el Ayuntamiento para el que me he dejando la piel, y más concretamente las personas del Ayuntamiento con el poder suficiente como para parar estos ataques, los cuales perjudican, y mucho, al propio Ayuntamiento (mucho más que a mí). ¿Cómo se permite esto? Conste que no tengo absolutamente nada en contra del actual equipo de Gobierno (y de hecho algunos concejales se despidieron de mí de una manera muy amable), pero de verdad que no entiendo cómo se está consintiendo que unos pocos hagan tanto daño a tantos, y la propia institución, además de que todo apunta a que lo seguirán haciendo. Los pactos de Gobierno, los programas, las políticas públicas y las buenas ideas, difícilmente pasarán de la teoría a la realidad si no hay detrás una buena Administración, organizada y funcional, eficaz y eficiente, legal y transparente, que lo haga posible.

2.- La segunda, en parte derivada de la anterior, es que, pese a todo, tras este incidente parece que quedó decidido hacer depender la validez legal del teletrabajo de un informe que debía emitirse no sabemos por parte de quién, un informe cuya sola petición a estas alturas podía tener tintes insultantes hacia mi persona, porque ¿si ahora de repente se resolvía que no era posible tele trabajar, qué he estado haciendo durante los últimos seis meses? Me pregunto si se hubieran declarado nulos de pleno derecho todos los documentos firmados e intervenidos por mí. Que son cientos, por no decir miles. Y ya ni cuento todo lo que he hecho, teletrabajando, en el impulso del proyecto. Más allá del desprecio hacia mi trabajo, el disparate es de campeonato. No deja de sorprenderme, y llámenme inocente, ese interés por controlar el horario y no los resultados.

Una decisión que se toma sola y una arremetida final

Y pasó el mes de agosto, desde luego no el mejor que recordamos. ¿Qué ocurrió durante el recién acabado septiembre? Bien, ahora nos van a permitir que, a pesar de estar hablando de temas serios, y por supuesto sin renunciar al rigor, mantengamos el humor (porque, siendo honesto, hemos vivido situaciones que no son nada agradables, pero jamás han logrado ni lograrán anular nuestra forma de ser). Tras el episodio anterior, “El mediocre contraataca”, también podríamos titular este inciso “El retorno del Secretario”, título que, a falta de una enorme gracia, serviría al menos para indicar que en el día de hoy retornamos al Ayuntamiento de Alzira… Pero aún nos queda por contar el final de nuestra historia, vamos allá.

Domingo 1 de septiembre: último día de unas semivacaciones en las que hemos teletrabajado (sobre todo porque no queríamos más problemas con el tema de la delegación). Me espera el doble vuelo Valencia-Barcelona-Barcelona-Tenerife. Como no puede ser de otra manera, se retrasa el primer vuelo y tenemos problemas con el transbordo. Pierdo el segundo vuelo por 1 minuto (y eso que corrí tanto que Usain Bolt lo habría perdido por 2 minutos) y la compañía es tan “amable” de ofrecerme un billete para el primer vuelo matutino del día siguiente, junto con un vale para una noche de hotel y una cena que consistía en rebañar las bandejas de lo que quedaba de buffet en el restaurante del hotel.

Y de repente lo ves claro. Te ves allí tumbado en una cama más pequeña que tu propio cuerpo, con la cara apuntando a una TV microscópica donde ronronea una película a la que no prestas atención alguna… Y te ves pasando la última noche de tus pseudo vacaciones en el último sitio que podías esperar, lejos de tu familia, lejos de todo lo que desearías tener cerca tanto física como emocionalmente, y entonces no tomas la decisión: la decisión te toma a ti, te invade, justo al mismo tiempo que el dolor cervical.

Alfonso Alcántara, profesional de los RRHH a quien tenemos en alta consideración profesional, dice que valores tus logros profesionales por lo que consigues, pero también por lo que dejas en el camino para alcanzarlos. Y añade “¿Está mereciendo la pena? A veces no está claro.” Hace poco un amigo me dijo algo parecido: “¿Hasta dónde estás dispuesto a sacrificarte profesionalmente? ¿Dónde está el límite?”. Y aún lo podríamos expresar de otro modo: ¿Cuánto estás dispuesto a perder sólo por hacer lo correcto? Afortunadamente una persona de cierta edad tiene o debe tener claro su orden de prioridades: la salud, la familia, los amigos, la calidad de vida, la tranquilidad emocional (cosas que pensaba que no iban a peligrar tanto gracias al teletrabajo). En definitiva: tu bienestar personal y por supuesto el de las personas que quieres… Todo eso está muy por encima de cualquier proyecto profesional, y también por encima del propio Ayuntamiento (no de este Ayuntamiento sino de cualquier Ayuntamiento), y quien diga lo contrario miente. Han sido seis meses de trabajo intenso, de un esfuerzo titánico intelectual, económico, profesional y sobre todo personal. Nunca pedí un aplauso, ni mucho menos una recompensa, pero sí esperaba que se valorase un poquito más. Y que se entendiese, que en realidad es lo mismo, ya que lo que no se entiende difícilmente se puede valorar, y es que muchas personas importantes del Ayuntamiento ni siquiera se han molestado en intentar entender lo que estábamos haciendo, a pesar de que sí nos hemos esforzado en explicarlo. Pero no podemos ayudar a quien no quiere ser ayudado. Y a estas alturas tampoco me apetece, la verdad. Y no es por falta de determinación, ni mucho menos, ni porque no me sienta capacitado para combatir, una vez más, la resistencia al cambio de turno, pero resulta que todo esto ocurre en una organización que no es la mía, durante una comisión de servicios que igualmente iba a finalizar el próximo 29 de febrero (¿para qué apurar hasta el final?), y todo ello a 2.000 km de casa. Demasiados inconvenientes. Y es que cuando algo no compensa, no compensa…

De modo que redactamos el escrito de renuncia a la comisión de servicios, la Corporación lo aceptó, y el Ayuntamiento de Alzira lo reaceptó. El 30 de septiembre sería mi último día. Todos contentos (supongo). Entonces, aprovechando que aún estaba en la primera quincena del mes, “de cuerpo presente”, escribí un mail informativo a los compañeros, como tantas veces antes, porque hacerlo ya desde Valencia hubiera sido poco elegante. Esta vez no era una Circular sino un mail de despedida. Vamos a adjuntar su texto, algo que no era nuestra intención inicial (ya que, insistimos, los destinatarios exclusivos eran los compañeros), pero a la vista del tiempo transcurrido y de las circunstancias acaecidas (en seguida se filtró, como ahora explicaremos), en este momento no nos parece inoportuno compartirlo. Eso sí, ahora (no antes), y por decisión del autor. Además, pensamos que es bonito, porque de hecho la mayoría de compañeros me evocaban (y me evocan) palabras de cariño y agradecimiento.

Estimados compañeros y compañeras.

Os envío estas palabras para despedirme de vosotros, con brevedad y afecto, ya que somos muchos y me resulta imposible hacerlo de manera individual.

Estos últimos meses he tenido la suerte de trabajar para un gran Ayuntamiento, que presenta una elevada complejidad, la cual me ha permitido crecer profesional e incluso personalmente. Unos meses en los que hemos podido impulsar un proyecto de mejora de los procesos administrativos y cumplimiento legal, que por supuesto no ha finalizado pero sí se encuentra bien encarrilado y que ahora os toca a vosotros continuar.

Espero que también sintáis que hemos podido aportar cosas positivas, que ahora el Ayuntamiento es un poco mejor y que otra manera de trabajar es posible, ya que ese era exactamente el objetivo. Por lo que a mí respecta debo emprender otro camino, porque en la vida tenemos un tiempo y unas energías limitados, y lo más inteligente es dosificarlos y emplearlos de la manera que resulte más beneficiosa para un mayor número de personas, sin que ello perjudique a quien realiza el esfuerzo.

Dicho lo cual me despido, con agradecimiento, y recordando por medio de la poeta Gloria Fuertes lo que yo entiendo por “buen trabajador público”, un concepto que ella definió a la perfección, obviamente sin pretenderlo, en un verso titulado “El Cuento”:

Lo primero, la bondad;
lo segundo, el talento.
Y aquí termina el cuento.

Besos y abrazos.

En realidad, este inciso final de Gloria Fuertes, es lo más importante. Nuestro trabajo técnico se puede evaluar, porque ahí queda. Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, o sabido… Hemos cometido errores, sin ninguna duda, pero nadie podrá decir jamás que “aquel Secretario que estuvo tan poco tiempo” (o “aquel Secretario que daba fe pública a distancia”, a estas alturas, tanto da), no fue una buena persona. Lo fue, porque es así como le educaron sus padres. Lo fue, porque su manera de entender el trabajo, y más concretamente el ejercicio del liderazgo, es siendo bueno técnicamente, pero sobre todo siendo bueno con los demás (educado, amable, cortés, servicial…). Y de verdad que no tiene tanto mérito. Es una cuestión de valores. “Aquel Secretario”, en realidad, hizo lo que siempre había hecho durante toda su carrera: aportar, portarse y apartarse.

En fin. Este sencillo correo de despedida recibió 73 respuestas francamente amables y en algunos casos cariñosas (algunas muy emocionantes para mí, que me van a permitir que guarde en el corazón). También recibió una respuesta muy rara, porque la estadística es así. Y tuvo cientos de no respuestas, algunas también amables y otras no tanto, ustedes me entenderán. Aunque mucho mejor que los correos, desde luego, fueron algunos apretones de manos, conversaciones, miradas de cariño, besos y abrazos durante esos últimos días.

Pero claro, algunos no podían consentir que me fuera tan tranquilo. Una de esas “no respuestas”, o mejor dicho, la persona que hay detrás, filtró, una vez más, información interna del Ayuntamiento al mismo periodista/medio de comunicación. Y se publicó mi correo tan sólo unas horas después de que yo lo enviara a mis compañeros, algo que de inicio, y como mínimo, se puede calificar de precipitado. Y no diremos que además supone una vulneración del 18.3 de la Constitución o un delito de violación de correspondencia, porque debemos hilar muy fino cuando hablamos de cosas tan graves (aunque algunos, con eso de “me informan mis fuentes”, se mueven en el filo de la navaja), pero sí que parece muy poco ético extraer una noticia de un correo interno, porque el mensaje iba destinado exclusivamente a mis compañeros, a quienes son personal del Ayuntamiento y por eso mismo tienen una cuenta de correo con la extensión “@aytolalaguna.es”. Tampoco era una noticia oficial en ese momento, ya que la finalización anticipada de la comisión de servicios se estaba tramitando y en todo caso ni el Ayuntamiento ni yo mismo lo hicimos público. Pero lo peor es que se utiliza ese correo, en el que obviamente subyace la idea de que marcho del Ayuntamiento, para dar y publicar la primicia de que “el Secretario que da fe pública a distancia” se va. Y todo esto se hace intentando dar apariencia de diario bien informado (y tanto, menudo filón de información tiene dentro del Ayuntamiento de La Laguna), añadiendo alguna pulla final nuevamente del tipo posverdad: “se ha despedido” (esto tiene una doble intención inequívoca), “no ha hecho falta el informe” y “daba conferencias y las cobraba sin haber pedido al Pleno la compatibilidad”. Menudo nivel. Parece más una rabieta final que una noticia. Bien. Al menos quedó claro, por si había alguna duda, que es y siempre ha sido un funcionario quien filtraba las cosas internas del Ayuntamiento. Uno de los del 2%, evidentemente. ¿Saben? El mayor error de ese 2% es que infravalora al otro 98%, que son muchos más y también muchísimo mejores. Sólo tienen que darse cuenta.

Autocrítica

No crean que no me he formulado la pregunta de si, al margen de las circunstancias y vicisitudes descritas, yo mismo tengo algún porcentaje de culpa (o más bien de responsabilidad) en que el proyecto sea un claro ejemplo de “no éxito”. Y la respuesta es sí.

En primer lugar debo reconocer que quizá dejé que se mezclaran demasiado los plazos de la comisión de servicios (en principio 1 año) y del proyecto (desde luego bastante superior al año, aunque sí hubo un compromiso de dejarlo totalmente encarrilado durante la comisión). Tampoco es cierto que nos comprometiéramos con la Corporación a implantar todo un proyecto de cumplimiento total de las Leyes 39 y 40, más la de Transparencia y más la de Contratos, todo ello en el plazo de 1 año, y mucho menos que afirmara aquello de “y si sobra tiempo, Smart City”. Pero pudo ser un error temporizar, y este es un error que precisamente nosotros no solemos cometer, porque nuestra consigna es que las cosas se hagan al ritmo natural que te marca el propio proyecto, por supuesto impulsándolo constantemente, para que no se duerma. Aún así, con el ritmo de trabajo que llevábamos lo podríamos haber conseguido incluso en el plazo de un año, pero lo cierto es que al final no lo hemos hecho, por el motivo que sea (no nos gustan las excusas), y eso de alguna manera demuestra que era francamente difícil. Tampoco teníamos una idea real exacta del estado de la administración municipal, por lo que manejar plazos tan optimistas sin duda fue aventurado, y si en aquel momento hubiéramos tenido el citado dato de los 559 días en tramitar un expediente, le habríamos asignado al proyecto un plazo de ejecución muy superior al año (quizá 559 días, permítanme la broma), independientemente de que nuestra comisión de servicios estuviera concedida por el Ministerio, en principio, por un año.

Tampoco tuve en cuenta, seguramente, la dimensión de la organización. Sí en cuanto a los grandes números (habitantes del municipio, plantilla, entes dependientes, departamentos, expedientes…), pero no en cuanto a lo que podía cocerse en el backstage de una organización tan grande: diversos lobbies, líderes ocultos, intereses de todo tipo, y la entremezcla de todo lo anterior. Infravaloramos el alcance de la resistencia al cambio que podía generar un proyecto tan transversal en una organización de gran tamaño y complejidad. Y todo ello en un lugar también nuevo para mí… Canarias no es ni mejor ni peor que otro territorio que yo conociera antes, pero Canarias, qué duda cabe, es diferente. Canarias tiene su propia idiosincrasia, y la Administración canaria no es en absoluto una excepción.

Por otra parte, la Administración es una realidad compleja. Una realidad en la que cuando hablan mal de ti o de cualquier otra forma te atacan, es muy probable que esto ocurra porque estás haciendo las cosas bien. Pero hasta eso lo debes tener en cuenta, y como cualquier otra vicisitud, se debe gestionar. Me pregunto si lo hemos gestionado adecuadamente. Yo diría que a nivel mediático sí, porque cuando se rebasan determinadas líneas rojas, cuando el ataque es público y tan hostil y personal, uno no tiene otra opción que defenderse. Pero a nivel interno me pregunto si pude haber acudido directamente a la fuente del conflicto, porque esta sigue siendo la mejor manera de gestionarlo. Es probable que en este caso no hubiera servido de nada, pero también recordamos proyectos anteriores en los que pudimos conseguir que los mayores enemigos se convirtieran en aliados. Quizá me faltó paciencia esta vez, o simplemente preferí no desgastarme más con esto, porque, como decía, el tiempo es limitado y las energías también.

Un caso de “no fracaso”

Acabo de describir  un caso de “no éxito”, sí, pero también de “no fracaso”.

“No éxito”, desde luego, porque si se comienza un proyecto con un objetivo principal y este no se consigue, no resulta posible, ni honesto, calificar dicho proyecto de éxito. Y poco importa el motivo por el que no se consiga o lo cerca que se quede uno de la meta, porque los resultados son fríos, no entienden de excusas (aunque sean buenas), ni de circunstancias (aunque sean imprevisibles) ni de culpables (aunque los haya). Los resultados sólo entienden de resultados. Los resultados se consiguen o no se consiguen, los resultados son resultadistas, como el coach Simeone.

Pero “no fracaso”, ante todo, porque el éxito y el fracaso son relativos. Como señala en gran Xavier Marcet, “Deberíamos crear empresas más para la consistencia que para el éxito entendido como pelotazo. Nos iría mejor. Es la consistencia la que permite reproducir los éxitos y no al revés. El éxito puede ser coyuntural. La consistencia aspira a ser cultural y denota trayectoria”. Y es verdad. ¿Cuántos artistas recuerdan de los llamados one-hit wonder (un solo éxito)? Recordarán canciones como “My Sharonna”, “Video Killed the Radio Star” o “Don’t Worry Be Happy”, pero no tanto a los cantantes o grupos que las interpretaban (The Knack, The Buggles y Bobby McFerrin, respectivamente). Personalmente me siento muy satisfecho por mi trayectoria profesional en los últimos 20 años, de los cuales el periodo descrito (6 meses) sólo representa una pequeñísima parte. Por otro lado, nuestra forma de trabajar (y de ver la vida) se basa mucho en el mundo del deporte, un mundo en el que cuando el trabajo, la actitud y el esfuerzo han sido los adecuados, uno no se puede sentir “fracasado” (palabra que no es en absoluto sinónimo de “derrotado”). Cuando tú haces las cosas bien hay muchas posibilidades de que el resultado acompañe, pero nadie lo puede garantizar porque este también depende de factores externos que uno no puede controlar.

“No fracaso” porque en todo proyecto hay más de un objetivo, y aunque no se consiga el principal, que suele coincidir con el objetivo final, sí se ha recorrido un gran camino (y la prueba es la aparición de una fuerte resistencia al cambio), pudiendo verificarse el cumplimiento de hitos parciales que aún están ahí y de consolidarse, siempre que no se destruyan, van a permitir continuar exactamente donde lo hemos dejado.

“No fracaso” porque el aprendizaje que te da una experiencia así es brutal, y porque de las situaciones complejas se sale reforzado y se experimenta un crecimiento personal y profesional que luego le sirve a uno más que diez “másteres” de esos que coleccionan los políticos.

“No fracaso”, porque a ver si después de todo esta experiencia va a servir para impulsar definitivamente el teletrabajo en la Administración Pública española, una modalidad de desempeño que nos hemos propuesto implantar (y hacer que se implante).

“No fracaso” porque cuando conoces a personas estupendas, descubres lugares nuevos, y vives una etapa personal distinta, corta pero intensa, dura pero bonita, en la que adquieres un bagaje cultural y personal inolvidable a través de experiencias y vivencias únicas, a eso jamás se le puede llamar fracaso.

Y “no fracaso” porque innovar no es decirle a los demás lo que tienen que hacer, sino hacer, arriesgar, liderar, impulsar… Cambiar lo que está mal o simplemente se puede mejorar. Porque la innovación es, después de todo y más que nada, salir de la zona de confort; arriesgar; emprender proyectos nuevos, de cero; poner en riesgo varias cosas, incluida la reputación… Y porque haciendo todo esto uno se siente mucho más innovador, después de todo, y más vivo, que no haciendo absolutamente nada nuevo en años. O peor: que no haber hecho nada nunca.

Agradecimientos

Pues este es mi relato, totalmente sincero, objetivo hasta donde hemos sido capaces, e incluso autocrítico, porque en la crítica está el aprendizaje. Esta es la historia de los últimos seis meses de mi vida (profesional). Intensos, ¿verdad? Este es en definitiva mi caso de “no éxito” (¿te animas a contar el tuyo?), del cual hemos dado “fe pública” (porque lo hacemos públicamente a través de una publicación) y “a distancia” (porque usted, querido lector, querida lectora, no vive en mi casa). Gracias por leerlo hasta el final. Espero que le resulte útil a mucha gente, porque no son pocos los profesionales que se encuentran inmersos e involucrados en este tipo de proyectos, y en todo caso espero que aclare algunas cosas. Yo admito que necesitaba escribirlo, y además necesitaba explicarlo con todo lujo de detalles, porque una vez el asunto saltó a la palestra la información se ha distorsionado de muchas maneras. Y sobre todo, porque un buen día tomé la decisión menos cómoda, hice las maletas rumbo a un lugar maravilloso llamado San Cristóbal de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad, y me presenté allí humildemente, para ayudar, para innovar, para salir de la zona de confort y hacer que otros salieran, para implantar un proyecto de mejora que podía beneficiar a todos, empezando por los ciudadanos. Pero en ese ínterin se puso en duda muy seriamente mi trabajo y mi reputación. ¿Y todo por qué? Por cosas realmente feas, como siempre: por la resistencia al cambio, por mantener algún chiringuito, y por alguna de esas ridículas batallitas políticas siempre abiertas en las que los funcionarios estamos hartos de que nos metan en el fuego cruzado. Se han producido situaciones francamente injustas, y pienso muy honestamente que algunos no tenían que haber permitido que esto ocurriera, porque sabían que iba a ocurrir.

Doy las gracias una vez más a los compañeros y compañeras del Ayuntamiento de La Laguna, y especialmente a todas las personas maravillosas que se han cruzado en mi camino. Sólo por vosotros ya ha valido la pena. Me refiero a fantásticos profesionales y personas como Sara, Estanislao, Ana y Juanma, Javi, Toñi, Mercedes, Mari, Inma… A las chicas de Secretaría (¡muchas gracias por el regalito!). A José Alberto, Cande y compañía por confiar en mí sin apenas conocerme. A los compañeros que me despedisteis con tanto cariño en aquella última comida. Y también a buena gente que ya conocía pero que, por trabajar o vivir en Tenerife, han tenido estos meses la oportunidad y el detalle de tratarme bien y de ganarse (o afianzar) nuestra amistad: Daniel, Juan Carlos, Pedro… Gracias. Y me debería referir a muchos más, pero como bien sabéis el problema de las listas es que salvo que sean enormemente largas siempre son injustas. Al menos “son todos los que están”.

Os echaré de menos, amigos.

Como echaré de menos los fantásticos parajes naturales del Parque Rural de Anaga, una mezcla maravillosa entre la Selva Negra de Alemania y Tierra Media del Señor de los Anillos.

Adiós. Y gracias. Nos vemos en el futuro. Porque el futuro también llegará, por completo, a la Administración. A todas y cada una de las Administraciones Públicas. No tengan la más mínima duda.

© Todos los derechos reservados. Nosoloaytos. Web oficial de Víctor Almonacid Lamelas 2019. Aviso legal.

 

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11 respuestas a “Dación de fe de un caso de no éxito en la Administración

  1. Yo acuso ¡¡¡¡ como el célebre artículo de E. Zola. Así debería titularse tú entrada y muchas otras. Yo acuso a ese 2% que confunde, marea y lucha por mantener sus privilegios, que se vanaglorian sin pudor de esos mismos privilegios, los cuales ni siquiera tienen la humildad de reconocer que no los merecían. Que atacan como hienas cualquier error, traspiés o mínima duda sin compasión aunque los efectos de ese error sean nulos o inexistentes. Esa gente que en absoluto piensa en el bien común y general de la administración a la que sirven, sólo a sus propios intereses personales y espurios. Porque a esa gente no le costó llegar a su puesto con sangre,sudor y lágrimas o se les ha olvidado. Se les ha olvidado que forman parte de un equipo (Ayuntamiento) que se debe a los vecinos. ¿te imaginas querido Víctor que nosotros con los que sabemos por razón de nuestro cargo explicaremos a los atribulados vecinos ¿en que se gasta su dinero? ¿porque se tarda tanto en conseguir un papel? ¿porque no tienen aún firma biométrica o acceso telemático a todos sus trámites? ¿porque no les atiende como es debido en las oficinas de atención al ciudadano? “Estaríamos cometiendo un error que las hienas se encargarian de volver en nuestra contra, incluso puede que estemos cometiendo un delito o al menos una falta disciplinaria grave o muy grave.

    Nunca los fines siempre los medios. Da igual que el fin sea bueno, que sea necesario y que además deba de conseguirse pronto y ahora. Siempre habrá algún mediocre que se fije en los medios, que ponga todo el foco en los medios (y va con segundas). Ya lo comenté en la última entrada de mi blog: https://elnuevofuncionarioconhabilitaciondecaracternacional.wordpress.com/
    precisamente aprovechando TU noticia que RESISTENCIA AL CAMBIO: SOBRE LAS GANAS Y EL TALENTO se necesitan más ganas que talento sobre todo para la transformación digital de la Administración.

    Siempre he dicho en público y en privado que mi forma de entender mi trabajo ha sido conocer y seguir a profesionales como tú y como Concepción campos y seguiré haciéndolo. Quizás, hasta copie tú proyecto de la Laguna espero que con más suerte, porque de no éxito también tengo mi dosis a mi nivel. Yo me he encontrado hace ya casi tres años exactamente el mismo problema que tú a nivel interno (igual en todo) y la suerte de no ser mediático y no estar en un municipio grande por lo que lo temas de prensa y ataques directos personales no lo he vivido. Pero tras casi tres años y como dices tú poder demostrar los logros que no son pocos, da la sensación que no se ha hecho nada. Que se ha complicado todo por culpa e un secretario loco que ha venido por aquí. Y yo como tú aunque aguantando mucho más tiempo estoy cansado. Todo tiene un desgaste y tú ejemplo me ha servido para ver que no soy yo sólo que les pasa a más y mejores profesionales y también que da tanta pena……

    Sólo quiero hacerte una pregunta ¿cuantas personas con responsabilidad parecida a la tuya, puede y debería haber sido política también te ayudaban en el día a dia ? o te lo pregunto de otra manera ¿llevabas tú sólo sobre tus hombros el 90% de este proyecto? si no es así ¿puedes darme un porcentaje o idea aproximada?

    Y te lo dijo porque quiero acabar mi comentario con un : ESTOY HARTO DE NO TENER ÉXITO SOLO QUIERO UN NO FRACASO COLABORATIVO.

  2. La resistencia al cambio… es increíble. Me ha gustado mucho tu entrada en el blog. Me ha aportado ideas claras sobre el teletrabajo y sobre todo lo díficl que es romper con los hábitos anteriores. Muchas gracias.

  3. No he podido parar hasta finalizar la lectura de tu relato. Sigo tu blog desde hace tiempo y he disfrutado escuchándote en conferencias organizadas por Miguel Ángel de Bas, innovadores públicos.
    Me he encontrado a lo largo de mi trabajo con la misma piedra con la que veo que has tropezado por ser un excelente profesional, yo trabajé sin descanso, regalando tiempo libre en el trabajo y fuera del trabajo; también guardo miles de correos electrònicos y de documentos de trabajo elaborados en fin de semana. Tuve la suerte de trabajar en un proyecto de implantación de Administración Electrònica donde dejé mucho puesto que los mediocres acabaron con el proyecto y conmigo de paso. Yo sí acabé con una baja laboral en la que hice “encefalograma plano”, tocada para el resto de mi vida laboral aunque con bastante resiliencia, sigo yendo a foros que me parecen muy interesantes con días libres y vuelvo a levantarme después de la caída.
    El proyecto en el que se utilizò un Plan avanza del Ministerio se tirò para volver a empezar de nuevo, con dinero público, gracias a ese 2% que sigue en las trincheras, capaces de desperdiciar el dinero público sin ningún miramiento porque sienten amenaza cuando ven que otros modos de trabajar son posibles.

    • Hola Mercedes. Siento mucho el caso que comentas y que te perjudicó tanto a nivel personal. Yo he contado el mío precisamente para desenmascarar a estos mediocres boicoteadores de proyectos cuya misión en la Administración es frenar cualquier tipo de avance que les remueva de su chiringuito. Como funcionarios lo tenemos difícil para luchar contra esa lacra. A lo mejor ya es hora de que nos ayude la sociedad, porque efectivamente lo que está en juego es su dinero y la calidad del servicio público. Un fuerte abrazo.

  4. Leído entero. No te desanimes. El que da todo lo que tiene sólo puede estar orgulloso de su forma de actuar. Un abrzo grande.

  5. Buenas noches.

    Comparto tu desazón. Sabes que no soy de gestos públicos pero estos últimos ataques hacia ti no me han hecho dudar ya que no sólo se ataca a tu persona, sino que siento que se ataca a la innovación, a la ilusión, a la imaginación, a la inteligencia y a la mejora. Todos esos valores que, querido Víctor, mal que te pese, tu encarnas.

    A Rey muerto, Rey puesto.

    A por otro nuevo proyecto.
    Un abrazo amigo, nos vemos pronto.

  6. Gracias, Victor, por tu testimonio.
    Te sigo desde que un compañero me recomendó tu blog y, desde ese momento, leo todas tus entradas. Me resulta enormemente motivador ver cómo hay personas que, además de su gran capacidad, formación y experiencia, son por encima de todo defensores de unos valores que, desde mi punto de vista, son la base para todo lo demás.
    Espero poder asistir a alguna de las conferencias o cursos en los que participes. Mucha fuerza para esta nueva etapa. Todos los grandes cambios se consiguen gracias a personas capaces de arriesgar y sin miedo al posible “no éxito”, porque lo importante es hacer todo lo posible para que ese cambio se produzca. Por eso, siempre será un “no fracaso”.

  7. Grande Víctor, gran profesional que se deja la piel en su trabajo y que ha demostrado una vez más su talento como persona y su compromiso como funcionario público. Seguiremos avanzando, teletrabajando e innovando. porque nos debemos a la ciudadanía que desea una Administración que resuelva, de manera eficaz y eficiente, los problemas de las personas facilitando sus vidas. Nos vemos pronto amigo y con tu experiencia tenemos como mínimo, para un libro y una obra teatral. Abrazos

  8. Hola Victor. Sigo tu blog desde hace bastante tiempo y leer tu relato me ha traído recuerdos que me hicieron mucho daño.Entiendo perfectamente todo lo que has vivido, pq aunque te pueda parecer increíble pasé una situación idéntica hace ya mas de 4 años. El proyecto no era de administración electrónica, sino que se me dió el encargo de manejar un ente público, definamoslo como “complicado”. Todo se entremezcló: lo politico, lo personal, lo profesional…..fue horrible. En mi bagage profesional ha sido la mejor experiencia que he tenido, pq me permitió ejercer mucha responsabilidad, liderazgo, toma de decisiones, nuevas tareas, … y eso siempre te ayuda a conocerte un poco mejor a ti mismo. El problema es cuando trabajas con personas durante x años y cuando parece que el cambio politico se aproxima, te consideran “amigo” de unos y “enemigo” de otros. Ahi comenzó mi pesadilla….

    Yo trabajaba de media mas de 12 horas diarias, muchos fines de semana y con viajes interminables…. que me hicieron aprender mucho, pero dejar mi vida personal a un lado. Mereció la pena, pq el proyecto salió adelante, pero ahora creo que no volvería a repetirlo.
    Me veo totalmente identificada cuando hablas de los mediocres, esos enemigos silenciosos… son malísimos y pueden destrozar la reputación de una persona. Eso es lo que intentaron hacer conmigo. Lo bueno es que siempre te encontrarás con gente en este camino de la administración que sabrá reconocer en ti, no solo al buen profesional, sino a la buena persona que se lleva dentro.Y creéme , a medida que vaya pasando el tiempo acabarás recibiendo alguna que otra “noticia” que te lleve a saber que los “mediocres”, tb se acuerdan de ti.
    Ya se que cuando se pasa tan mal, eso no sirve de mucho, pero te aseguro que algo ayuda.
    Entiendo perfectamente la situación, a mi me dejó muy tocada llegando incluso a poner en tela de juicio mi propia valia como persona y eso es muy duro. Ahora lo veo con perspectiva y me alegro por la experiencia, pq los mediocres no consiguieron arrebatarme lo que para mi tiene mucha importancia: mis ganas de trabajar y mi ilusión por mejorar la vida de todos los que nos rodean; que no lo olividemos: somos empleados publicos.

  9. ¡¡La resistencia al cambio!!…¡¡Qué pena!!…
    Lo que podía ser un referente para el resto de ayuntamientos de la isla y la provincia se fue al traste…
    La verdad es que nos habiamos ilusionado … ¡¡Llegaba aire fresco!! … ¡¡Nuevas ideas!!… ¡¡Nuevas inquietudes!! … ¡¡Formación!! … ¡¡Actividades!! … Teniamos la esperanza de que tu presencia y tu trabajo en la Laguna arrastrara al resto de Ayuntamientos … !! … ¡¡Qué pena!!… Cuánto ha perdido el Ayuntamiento de la Laguna, La Ciudad de la Laguna, y, por tanto, el resto de administraciones de la provincia…
    Pero, ¿han ganado los mediocres?…. ¡¡No!!, han perdido los ciudadanos de La Laguna y, esto, creo se va a ir demostrando con el paso del tiempo….
    ¡¡Animo Victor!! y ¡¡Adelante!!

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