El bloqueo democrático: una cuestión de inmadurez

Mediados de julio. Siguen pasando las semanas y no se atisba ni rastro de investidura en el Estado. Una vez más, y ya van unas cuantas en los últimos años, los partidos son incapaces de llegar a pactos o acuerdos para la formación de un nuevo Gobierno (y mucho menos para llegar a un pacto de legislatura), mientras que otros partidos aparentemente próximos en lo ideológico ni se sientan a negociar (nos referimos a los teóricos “centro” y “centro izquierda”). Este fenómeno, entre otros calificativos, merece como mínimo el de “inmadurez democrática”. 

Chiste forges sobre repetición de elecciones

Todo esto es muy español, como aquello del “no te ajunto” del colegio, o lo de “me enfado y no respiro”, mientras que algunos políticos nuevos aquí pero que vienen de otros lares ya bregados, en este caso Valls, ofrecen su escaño sin condiciones a un antagonista político simplemente por sentido democrático (y por apoyar a la opción de gobierno pese a todo más cercana a su ideología, teoría conocida como la del mal menor). Por supuesto este gesto ha sido mucho más criticado que aplaudido: ¿qué es eso de pactar con el rival? Mejor profesarse un odio infantil, tanto en su modalidad real como en la de “postureo”.

niños enfadados
Niños enfadados y poco dispuestos a negociar. Fuente: http://www.educapeques.com

El caso es que estaba leyendo el excelente artículo “Contra la cultura del bloqueo”, de Eduardo Madina, en el que recuerda que el procedimiento de investidura para la elección del lehendakari o la lehendakari de Euskadi (que deriva del artículo 33 del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma Vasca), impide normativamente las situaciones de bloqueo. Su desarrollo queda fijado en el 165 del reglamento del Parlamento vasco.

  • El 165.6 dice lo siguiente: “Si ninguno de los candidatos o candidatas alcanzara la mayoría absoluta, se repetirá la votación en el plazo de 24 horas y será elegido o elegida lehendakari el que de entre ellos obtenga el mayor número de votos”.
  • El 165.11 nos da lo más relevante: “En la votación pública por llamamiento para la investidura, cuando hubiera más de un candidato a lehendakari, los parlamentarios, al ser llamados para la votación pública nominal, responderán con el nombre de uno de los candidatos, o bien declararán que se abstienen”.

Como bien indica Madina, la clave es el “o bien declararán que se abstienen”. Y prosigue: “El reglamento del Parlamento vasco anula la posibilidad de que una suma de formaciones incapaces de formar gobierno junten el número de escaños suficientes como para impedir que el país lo tenga. Es decir, anula la posibilidad de bloqueo institucional e impide la repetición electoral. Extirpa del juego político la opción —acariciada siempre por los políticos pequeños— de impedir que un país tenga Gobierno si no son ellos mismos quienes lo forman”.

Otro sistema que nos agrada es el de designación del Alcalde, y es que para la administración local la Ley no permite que puedan producirse situaciones de bloqueo de su investidura. En efecto, el art. 196 de la LOREG dispone:

En la misma sesión de constitución de la Corporación se procede a la elección de Alcalde, de acuerdo con el siguiente procedimiento:

  • a) Pueden ser candidatos todos los Concejales que encabecen sus correspondientes listas.
  • b) Si alguno de ellos obtiene la mayoría absoluta de los votos de los Concejales es proclamado electo.
  • c) Si ninguno de ellos obtiene dicha mayoría es proclamado Alcalde el Concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos populares en el correspondiente Municipio. En caso de empate se resolverá por sorteo.

Este sistema tan simple se acerca sin embargo a la perfección (aunque a alguien le parezca ridículo lo del sorteo), y de facto impide que concluya la sesión constitutiva sin que de ella salga una persona por la puerta ya convertida en Alcalde o Alcaldesa.

Todo lo contrario ocurre en la Constitución, en la que el art. 99 permite que se disuelvan las cámaras ante una situación de bloqueo como la que de momento estamos viviendo, y en consecuencia se convoquen nuevas elecciones que, de celebrarse este mismo año, serían por cierto nuestros sextos comicios (repartidos en tres interminables jornadas electorales). No pasa nada, como son baratos…

Artículo 99 de la Constitución

1. Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

2. El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.

3. Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.

4. Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores.

5. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

En fin. Conste que la culpa no es del art. 99, sino de quienes permiten que la situación llegue hasta su último párrafo, algo que como bien sabemos no es la primera vez que ocurre. Y es que este párrafo quinto es, en efecto, muy decepcionante. En primer lugar porque da el más que generoso margen de dos meses para que algún candidato se presente a la investidura con posibilidades de obtener la confianza del Congreso (¿sabían que por ejemplo en Grecia el nuevo primer ministro tomó posesión de su cargo dos días después de elecciones; o que, una vez metidos a negociar, en Dinamarca, Mette Frederiksen tardó tres semanas afianzar un pacto de Gobierno con un resultado electoral tan fragmentado como el nuestro?), lo cual nos lleva a situaciones interminables de declaraciones, estrategias y política de salón, agotadoras ya a estas alturas del año sobre todo después de los aludidos cinco comicios. ¿Cuándo se van a poner a gestionar? Y en segundo lugar porque, por si fuera poco todo lo anterior, el fantasma de las nuevas elecciones amenaza con repetir de nuevo todo el suplicio. Mientras tanto los problemas de la sociedad, tales como el paro, la desigualdad social o la violencia de género, les aseguro que no se toman dos meses de parón ni en general descanso alguno. De hecho lo normal es que, sin gestión, vayan a peor.

Esto no siempre ha sido así. Los que tenemos una edad (“una edad”, ni mucha ni poca), recordamos una época en la que absolutos antagonistas políticos, valgan Fraga y Carrillo como ejemplo extremo, se sentaban en una mesa y llegaban a acuerdos de mínimos, apelando a lo que antes se llamaba “sentido de Estado”. Era la época de los pactos, de los perdones, de mirar al futuro (y de construirlo). Era la época de ser adulto. La época de la transición, de los procesos constituyente y estatuyente, del arranque de una democracia que ahora no pasa por su mejor momento… No fue fácil, y de hecho no hubiera sido posible sin talla política, sin amplitud de miras y madurez, sin voluntad de llegar a acuerdos… Y la voluntad de llegar a acuerdos implica negociar con el ánimo de ceder.

Hoy en día la negociación se basa en imponer unas condiciones que ya de inicio se consideran prácticamente innegociables, una contradictio in terminis que más que negociación nos empuja a llamarla “apariencia de negociación”. Una negociación formal, no material, y que a veces ni se produce.

Otro tema que nos desagrada es el de “ofrecer” puestos de dirección pública en el marco de esas negociaciones de cartón piedra, evitando por un lado la concesión de Ministerios (algo que puede entrar dentro de la estrategia política), pero propiciando por otro la politización del staff medio alto y alto de la Administración. El mensaje que se lanza es el de “no vas a mandar nada, porque los Ministros están por encima de esos puestos, pero vamos a colocar a los tuyos”. Esto nos parece inaceptable. E ilegal, por cierto, toda vez que la Ley de régimen jurídico (heredera en este punto de la LOFAGE) admite que por supuesto los Ministros y los Secretarios de Estado sean órganos completamente políticos, pero sin embargo establece que los cargos de Subsecretario, Secretario general técnico, Director general y Subdirector general deben ser obligatoriamente funcionarios de carrera (véanse los artículos 58 y siguientes). Es decir, que no se trata de coger al primero que pasa por la calle (o por la sede del partido) y nombrarle Director General de un Ministerio, del mismo modo que produce vergüenza ajena leer la noticia de que el Presidente de Brasil se está planteando nombrar a su hijo embajador en Washington. Cuánto nos cuesta en algunos países separar la dirección política de la dirección pública profesional/funcionarial.

Solo falta saber cuánto le queda a este sainete. Las últimas noticias que tenemos es que se habla de modificar el aludido art. 99 de la Constitución para facilitar que la lista más votada sea la que gobierne. No está mal la propuesta, pero intuimos que, si finalmente se propone, no saldrá adelante por falta de consenso, como no puede ser de otra manera en este país, y que cualquier otra medida que vaya en el mismo sentido finalmente se bloqueará, porque siempre habrá alguien que se sienta perjudicado, enfadado, puede que indignado, y se tapará la nariz y la boca para no respirar. Y cuando esto ocurra no será, ya a estas alturas, ninguna sorpresa; será una muestra más de enrocamiento e inmadurez.

© Todos los derechos reservados. Nosoloaytos. Web oficial de Víctor Almonacid Lamelas 2019. Aviso legal.
Anuncios

One response to “El bloqueo democrático: una cuestión de inmadurez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s