Si ya han acabado de hacer política, hagan políticas

Facta, non verba

Resaca electoral. Estamos física y sobre todo mentalmente agotados. El hecho de que empiece a hablarse de una posible tripitición electoral nos produce una tremenda desazón. No, por favor. Ya hemos cubierto el cupo de política, necesitamos políticas (públicas). Sigue leyendo

La problemática de los contratos menores y alternativas a los mismos

Contratos menores. Quién los ha visto y quién los ve… Nuestro criterio es tratar de evitarlos a través de una mayor planificación de las necesidades y de figuras como las centrales de compras. Muchos meses después de la LCSP de 2017, todavía se discuten cuestiones relativas a su “nuevo” régimen jurídico formal. Esto debería ser interpretado en el sentido teleológico y europeo que en el fondo lo impregna, lo cual nos debería llevar a una menor utilización de la contratación menor; y por supuesto a su total transparencia, que a la postre es transparencia en la gestión, ya que los contratos menores (y sus alternativas, que a continuación veremos) son esencialmente “contratos de gestión”. Sigue leyendo

Comentarios de urgencia al Real Decreto-ley 14/2019, de 31 de octubre, por el que se adoptan medidas urgentes por razones de seguridad pública en materia de administración digital, contratación del sector público y telecomunicaciones

En el BOE de hoy (martes, 5 de noviembre de 2019) aparece publicado el Real Decreto-ley 14/2019, de 31 de octubre, por el que se adoptan medidas urgentes por razones de seguridad pública en materia de administración digital, contratación del sector público y telecomunicaciones, una norma que entra en vigor mañana y que fue aprobada por el pasado Consejo de Ministros de 31 de octubre, de la que destacamos los siguientes aspectos: Sigue leyendo

Los 7 pecados capitales en la Administración

Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1866, artículo 8, «El pecado», V: La proliferación del pecado)

De los creadores de “10 (arque)tipos realmente tóxicos en una organización pública”, “30 (ó más) tribus existentes en nuestras organizaciones públicas” y “15 emoticonos presentes en algunas organizaciones públicas“, llega “Los 7 pecados capitales en la Administración”. Cualquier parecido con la realidad es… la realidad. Dedicado a los que saben reírse de sí mismos, y desde luego también a los ofendiditos y a otros con la susceptibilidad a flor de piel. Comencemos: Sigue leyendo

Derecho de acceso universal a Internet y Ayuntamientos

El derecho de acceso a Internet es uno de los derechos digitales que posee toda persona para acceder a Internet con el fin de ejercer y disfrutar de sus derechos a la libertad de expresión entre otros derechos humanos fundamentales que conforman la democracia, de forma que los estados y las Naciones Unidas tienen la responsabilidad de garantizar que el acceso a Internet sea ampliamente disponible, no pudiendo restringir injustificadamente el acceso de una persona a Internet. El acceso a Internet está reconocido como un derecho fundamental por las leyes de varios países. (fuente Wikipedia) Sigue leyendo

Antropocentrismo: un nuevo enfoque #SmartCity

“Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es sólo información, sino también juicio, la manera en que se recoge y maneja la información” (Carl Sagan)

Según el Diccionario de la R.A.E, “antropocentrismo” (De antropo- y centro), es la teoría filosófica que sitúa al hombre como centro del universo. De la teoría antropocentrista original, que data del siglo XVI, cambiaremos la referencia al “hombre” por “las personas”, y por supuesto abandonaremos el error histórico de considerar, desde un enfoque natural, al ser humano como medida de todas las cosas, a la vista de los descubrimientos astronómicos posteriores que nos otorgan un papel más bien humilde en el Universo. Por lo demás, y aplicado a los Gobiernos y la administración, qué duda cabe que el ciudadano, las personas, sí son el centro de la actividad pública.

Las políticas públicas deben pivotar sobre la persona, haciendo bueno ese moderno antroprocentrismo que defendemos. En consecuencia, todas estas políticas deben ser participativas e involucrar, tanto en su definición con en su destino, a todos los actores públicos y por supuesto a todas las personas, pero poniendo si cabe más el acento en quienes más lo necesitan: los niños y los mayores. Por último, la eliminación de la aludida brecha digital sigue siendo un reto para los poderes públicos que, no obstante, debemos abordar. Abandonemos por tanto de debates sobre servicios propios e “impropios”. Estos son los nuevos servicios públicos locales, los que los Ayuntamientos deben prestar y que el resto de administradores deben financiar.

El servicio público debe pivotar alrededor de las personas, no de la administración. Personas que tienen reconocidos legalmente una serie de derechos electrónicos de última generación, entre los que podría incluirse el derecho de acceso gratuito a Internet. Otros derechos sociales de última generación son los que tienen que ver con el maltratado medio ambiente (hoy en día bajo el concepto de la sostenibilidad), el deporte y el esparcimiento, todo ello por supuesto sin descuidar ni un ápice los servicios sociales básicos. En definitiva, las personas son tan importantes en la moderna Smart City que sería legítimo rebautizar el término como Human City. Y es que se nos antoja imposible que una ciudad sea inteligente sin que sea, ante todo, una “ciudad humana”. Una ciudad como Alzira, por ejemplo, cuyo Ayuntamiento pone en valor a sus ciudadanos, de manera que los servicios públicos municipales están completamente orientados hacia las personas y su calidad de vida.

Pero no confundamos “City” con “ciudad”… Defendemos un modelo de Ayuntamiento de cualquier tamaño, que presta sus servicios (no importa tanto si propios o “impropios”) pensado en el ciudadano, sensorizando los inmuebles y espacios públicos y en general aprovechando la tecnología para hacer la vida más fácil; que tiene implantada la administración electrónica y sobre todo es interoperable para dar cobertura a los derechos electrónicos de los ciudadanos y también (que no se olvide) para responder de  la mejor manera posible la atención presencial; que es legal y transparente, muy participativo, y está donde está el ciudadano (en la Red, en los móviles, en las redes sociales…) a fin de ofrecerle toda la información e interactuar (open government); que fomenta el ahorro de energía, la economía y las iniciativas empresariales de futuro, es decir, las tecnológicas y sostenibles… El gran beneficiario de todo ello no será tanto el político o el empleado público (que también), como toda la ciudadanía. Es un proyecto precioso, complejo pero factible, con un coste de inversión más bajo de lo que parece y en todo caso subvencionable o financiable con la colaboración pública o privada, o público-privada, siempre con retorno de la inversión (se ahorran millones de euros con la reducción de cargas administrativas, RCA) y ese intangible que no se valora en dinero que es la excelencia.

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Ciudad de finales del presente siglo. Sostenible, eficiente, humana… Un modelo “homologable”, sin perjuicio de la necesaria adaptación


Es el ciudadano el que tiene que validar este modelo. El sistema de gobierno abierto tiene una parte políticamente estética, que es la transparencia, pero realmente esta es un medio técnico para la consecución de los más altos fines: mejora de la calidad democrática, participación ciudadana, colaboración con el resto de actores públicos y privados, promoción económica, mejora de los servicios públicos. Otros instrumentos, como la rendición de cuentas, el análisis de una gran cantidad de datos (big data) y la apertura de un cierto número de estos datos (open data), contribuyen incluso con más potencia para la consecución de estos mismos fines. Estamos finalizando 2019. Nos encontramos en un momento histórico que podríamos denominar sociedad de la información, pero no sociedad del conocimiento. El conocimiento es la fase siguiente a la información, y supone su tratamiento de forma inteligente. Es deber de los poderes públicos informar sobre cómo gestionar la información. Claro está que para ello la previa es aprender a gestionar esos mismos datos para lo público.

En resumen, el futuro pasa por el nivel de gobierno municipal, desde el modelo del gobierno abierto (transparente, participativo, colaborativo), que desarrolle una administración o servicio público inteligente (que supere la fase de administración electrónica y aún la de administración automática) para una sociedad del conocimiento (más allá de la sociedad de la información). Y conocer estos procesos nos ayudará a controlarlos, ya que, con o sin nosotros, se van a desarrollar igualmente.

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