“He vuelto” (mis reflexiones después de un mes de descanso de las RRSS)

Escoger el propio tiempo es ganar tiempo. (Sir Francis Bacon)

– He vuelto.

– ¿Y qué? – pensará más de uno.

Es lógico. La mayoría de personas, dentro del ajetreo del día a día y la abrumadora sobreinformación cargada de millones de estímulos que nos bombardean sobre todo procedentes de la Red (insana mezcla entre big data y fast food), no puede considerar relevante el simple dato de que yo regrese a la misma después del destierro voluntario iniciado el pasado 25 de noviembre:

En otras palabras: que haciendo buena la nueva LOPD (y GDD), he ejercido mi derecho de desconexión; que aún así hemos seguido publicando, digamos, a “medio gas”, de forma casi siempre automatizada y dando un perfil bajo en redes; que ahora regreso, aunque lo voy a hacer también a medio gas, sin florituras, si bien obviamente llevando de nuevo las riendas y dando en este caso un perfil medio; y por último, siendo esto lo más y al mismo tiempo lo menos importante de todo: que a la mayoría de personas les dará exactamente igual -insisto, como es natural- tanto que me vaya como que regrese, y más aún la forma en que lo haga y los matices apuntados, datos que ni siquiera alcanzan la categoría de triviales. Quizá usted sea una de esas personas. Pero es curioso que aún así usted está leyendo esto; nos lo tendríamos que hacer ver.

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Últimamente utilizamos el móvil para hablar… ¡Como hace 20 años!

Bien. Lo primero que tengo que decir es que a mi también me da igual lo que piense esa “mayoría”. Me explico para que no se malinterprete: no es que uno de los efectos de esta desconexión (semidesconexión en realidad) sea el pasotismo, la insensibilidad o la indiferencia social, y mucho menos respecto de las personas que aprecio y admiro (y en parte he echado de menos), pero sí que se relativiza, y mucho, la necesidad de interactuar con esas y otras personas en la Red. Los que ya están en mi vida han seguido estando, y tras esta experiencia lo están más que nunca. Y los que nunca han formado parte de ella, y aquí sí que pido disculpas a los más sensibles (es difícil mensurar el gigantesco alcance de la susceptibilidad en las RRSS), no sería sincero si digo que los he echado de menos. Y no he echado en absoluto de menos, desde luego, a los mediocres trolls y haters que, como a toda persona con un mínimo de impacto en redes, me dedican de vez en cuando sus inofensivos dardos. Y muy poco a las personas digamos “normales”  (en el buen sentido) de mi ámbito profesional a los que, de otra manera, inferior en cantidad y superior en calidad, he seguido siguiendo, valga la redundancia. Al final los artículos te llegan. Los tuits evidentemente no. Lees menos pero estudias más.

En fin, que quería contar lo que se experimenta desde el ostracismo digital. Prometí compartir sensaciones. Ante todo, lo recomiendo, más que nada porque el balance es muy positivo, ahora verán. También es cierto que cada persona lo vivirá de una manera. En mi caso ha tenido los siguientes efectos en esencia beneficiosos:

  • Sentí una gran liberación casi al instante. Dedicaba, como muchos de vosotros, un montón de horas a la semana a leer y participar en las RRSS, pero pasados los primeros días (en los que, no lo negaré, se siente una leve ansiedad muy parecida al síndrome de abstinencia), te das cuenta de que no lo necesitas. Tampoco uno es tan necesario ni mucho menos importante, por lo que la experiencia tiene también su parte de cura de humildad. Y es que un mes más tarde ojeo por encima el timeline de lo acaecido durante los últimos 30 días en las distintas redes y veo, como evidentemente era de esperar, que mi ausencia no ha tenido el más mínimo impacto. La vida sigue, tanto dentro como fuera de la Red.
  • Tengo más tiempo, obviamente, para hacer otras cosas más productivas o simplemente que me gustan. Hagan una prueba. Tienen una opción en su iPhone (y su equivalente en Android) que es Ajustes – Tiempo de uso. Entren a consultar la información que allí aparece antes de seguir leyendo, en concreto en relación a “Los últimos 7 días”… Bien, quizá el dispositivo le muestre un tiempo de uso (no equivale, todo hay que decirlo, al tiempo de conexión) de más de 5h de promedio, y en el resumen por aplicaciones seguramente Whatsapp lidera el ránking, con unas preocupantes 8h semanales. Y sumando el tiempo consumido también en otras RRSS el número de horas probablemente se multiplica por 2… En cuanto al número de consultas diarias al dispositivo, en el peor de los casos quizá se encuentra en torno a las 120… ¿Se mueve usted en esas cifras o por encima? Mal vamos. Yo ahora estoy muy por debajo.
  • Me fijo más en el mundo que me rodea. Precisamente uno de los efectos de no mirar el móvil continuamente es poder levantar la cabeza y observar, con cierto pesar, cómo otros lo hacen. Y cuando ves el ejército de zombis en el que nos estamos convirtiendo te dan todavía menos ganas de hacerlo. Otro clásico es el de las personas que están sentadas en la misma mesa, compartiendo comida o cena, pero compartiéndolo con quien no está. Lo cierto es que superamos con creces los niveles normales de uso y abuso de nuestros dispositivos móviles, y a cambio no llegamos a los niveles mínimos exigibles de educación. Seamos exigentes con estos últimos: la próxima vez que alguien, sin más explicación, interrumpa una conversación presencial con usted porque le entra un mensaje de Whatsapp, márchese mientras lo vea contestando con el dedito y si quiere luego le envía también usted un mensaje por Whatsapp explicándole el motivo. Seguro que le hará más caso que antes.
  • He mejorado la vista. Parece una tontería, pero aunque evidentemente entrar menos en las redes no elimina la miopía, el hecho de fijar la vista durante muchas menos horas en los dispositivos electrónicos mejora la capacidad de enfoque y la agudeza visual.
  • He adelgazado 3 kilos. Obviamente porque he practicado más deporte en ese tiempo libre extra, ya que no se adelgaza simplemente por no entrar en Twitter o Facebook. Y podría haber caído algún kilo más si no estuviéramos en la época de indecentes comilonas en la que estamos.
  • Me da igual lo que otros piensen, con los matices ya apuntados. Lo cierto es que cuando no estás en las redes muy pocos hablan de ti para bien o para mal (salvo que seas una celebridad), pero ¿quién lo necesita? Poca madurez demuestra quien necesita del peloteo y los aplausos constantes para alimentar su ego, o quien entra al trapo de las críticas para vencer a duras penas en debates que en el fondo son absolutamente prescindibles. Cuánto tiempo perdemos en demostrar que tenemos la razón. Quizá estamos demasiado pendientes de lo que los demás piensan de nosotros. Nuestra felicidad no se puede medir en likes, salvo que tengamos 14 años o arrastremos alguna tara emocional… Si no estás en las redes tampoco te puedes “defender” si es que alguien cuestiona tus opiniones o incluso te cuestiona a ti, pero… ¿realmente qué más da? Cada uno que piense lo que quiera. Tengo que decir que este mes he mejorado mi vida “social personal”, sobre todo en relación a mis seres realmente queridos. Parece una contradicción, aunque solo lo es desde el punto de vista terminológico, que huyendo de las redes sociales uno mejore su vida social. Pero es así.
  • He vuelto a leer en papel. Y por gusto, es decir, no solo libros de trabajo sino literatura. Y es realmente un gusto, un gran placer que tenía ya demasiado tiempo aparcado. Yo leía mucho hace años y ahora he recuperado esta sana afición, sobre todo antes de irme a dormir (momento en el que hasta hace un mes le daba los últimos vistazos al móvil).
  • Enlazando con lo anterior: he dormido más y mejor. Y es que hay que reconocer que aguanto menos leyendo un libro que interactuando en las redes, obviamente porque se trata de una actividad mucho más relajada, y como “caigo” antes duermo más.
  • Siento que tengo más energía e incluso más lucidez. También he recuperado creatividad. Esto se debe a múltipes factores: el deporte, dormir más, poder canalizar mejor el tiempo y el esfuerzo, no participar en esos debates poco productivos…
  • Estoy más alegre (que ya es decir), y diría que por las mismas razones indicadas en el punto anterior.
  • No ha bajado (ni subido demasiado) mi número de seguidores en las abandonadas redes, pero sí ha descendido sensiblemente el número de visitas al blog. Es normal, debido a la menor difusión. Pero tampoco pasa nada: nuestro objetivo es que los contenidos resulten útiles a quienes los lean; mejor si los lectores son más, pero me siento muy contento con lo que puedo aportar con este espacio. Y es que aún así cerramos el año de Nosoloaytos con unas increíbles 850.000 visitas (aprox). Muchas gracias. Cada vez que publiquemos una entrada la seguiremos difundiendo a través de las redes. Y por supuesto también compartiremos contenidos de otros compañeros, algo que durante este mes lógicamente no hemos hecho pero que por supuesto vamos a recuperar, porque poner en valor a otros es de las mejores cosas que se pueden hacer por la Red.
  • En fin, alguna más relacionada con las anteriores: mayor duración de la batería del móvil, mejora de la capacidad de concentración y rendimiento, mayor y mejor organización del tiempo (y aprovechamiento), etc…

Y esto es lo que quería compartir. Ahora, tras este mes de desconexión, he vuelto. Pero quiero insistir, y ya acabo, en que no vuelvo de la misma forma. Me quedo con la parte positiva de las redes y evidentemente, visto lo visto, me separo de la parte más nociva que tienen, porque la tienen. En consecuencia reduciré cantidad y aumentaré calidad.

La tecnología es un siervo útil, pero un amo peligroso. (Christian Lous Lange).

Nos vemos en las redes… O mejor: tomando un café.

© Todos los derechos reservados. Nosoloaytos. Web oficial de Víctor Almonacid Lamelas 2018. Aviso legal.

Anexo. Feliz Navidad… ¡Y feliz 2019!

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