Querer, creer y que te importe

Decíamos en una de nuestras últimas entradas que estando como estamos prácticamente en 2019, por mucho que algunos hablen de prórroga puede que estemos más bien en los penaltis. No es el momento, pues, de marear la perdiz, sino de querer cambiar la Administración, porque cambiar es mejorar, y únicamente se puede negar el cambio si también se niega la existencia de un margen de mejora. Y eso es imposible. Pero para querer hay que creer. Y para creer es imprescindible estar convencido de la parte técnica y muy deseable estar implicado emocionalmente, que de verdad te importe esto del servicio público (y que te sientas feliz de trabajar en él). Por tanto la ecuación es querer, creer y que te importe.

1.- Querer. No es el momento de marear la perdiz y sí es el momento, por el contrario, de quitarse la careta, de poner las cartas sobre la mesa y decir, con total honestidad, si en verdad queremos o no queremos tomar medidas para implantar el procedimiento electrónico, la reducción de cargas administrativas a través de la simplificación burocrática, la transparencia, la licitación electrónica anti corrupción, la reorganización interna y la digitalización accesible de los servicios.

Y si no queremos pues que no se haga y que se asuman las consecuencias, pero que no se pongan excusas como “2020”, “no hay dinero” o “no hay seguridad jurídica”, u otras (ver “Las 10 excusas más tontas para no transformar digitalmente la Administración”). Si no se quiere simplemente que se diga “no, seguiremos en papel”. Es un planteamiento tremendamente erróneo, pero honesto. Hay que ser muy falso, y creo que algunos saben de lo que hablo, para mirar a los ojos, decir “sí”, y que luego sea “no”. Y aún peor: “no porque no interesa” (¿por qué no te interesa?) o porque no es prioritario (en España no ser prioritario equivale a no ser). Y todo ello independientemente de que la ley, la sociedad y la propia situación política y económica (corrupción, crisis) exigen claramente estos cambios. Algunos viven preocupadísimos por el futuro, negándolo, temiéndolo. Todo menos crearlo:

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2.- Creer. No es posible querer sin creer. Hay muchos argumentos que avalan una transformación digital (el ahorro, la transparencia, el cumplimiento de plazos, la reducción de burocracia, la legalidad, la eficiencia, la resposabilidad por incumplimiento de la Ley 39) pero realmente hay que creérselos, todos, algunos o como mínimo uno de ellos, porque de lo contrario es imposible querer. Para querer hay que creer firmemente y encaminar tus actos según tus creencias. Ningún proyecto se implanta bien con desgana, aunque en cierto modo quieras implantarlo porque te sientes obligado por la Ley o por tus “jefes”. Como suele decir Fermín Cerezo: “si lo crees lo creas”. Argumentos para creer, desde luego, no faltan.

3.- Que te importe. Si crees y en consecuencia quieres, hay muchas posibilidades de que también te importe. Pero no es un silogismo exacto. Podríamos implantar el proyecto, y no estaría mal, por puro convencimiento técnico (eficacia, eficiencia…). Pero en las organizaciones públicas es más deseable que los empleados posean esa vocación de servicio público que hace que te lo creas desde el corazón, y no solo desde la razón.  Hablamos de una total implicación personal. Virginio Gallardo alude con frecuencia a este convencimiento emocional (o pasión).

Por tanto: querer, creer y que de verdad te importe esto del servicio público. Está llegando, y lo hace a toda velocidad, la inteligencia artificial (ver “Robots versus funcionarios” y “La automatización laboral: adiós a todos los trabajos físicos“). Es el momento de exaltar nuestra humanidad, de sentir los colores, de sudar la camiseta, de disfrutar con lo que hacemos… Pronunciamos verbos que están fuera del alcance de los robots y de la más evolucionada de las inteligencias no humanas (sentir, sudar, disfrutar). Añadan otros como liderar, comunicar, negociar, empatizar, resolver problemas desde el sentido común y otras habilidades blandas (o soft skills).

habilidades blandas o soft skills
Habilidades blandas o soft skills. Fuente: http://www.skillsoft.com

Y ahora dime… ¿Qué tipo de empleado público eres? ¿De los que creen, quieren y sienten pasión por lo público? ¡Enhorabuena!

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