Caducidad, prescripción y el tiempo en la Administración (y en la vida)

¿Saben cuál es la diferencia entre caducidad y prescripción? Es bueno saberlo porque, en Derecho, el transcurso de tiempo tiene consecuencias jurídicas.

La caducidad, en Derecho Público, es básicamente una forma de finalización del procedimiento… Siempre que haya sido iniciado a solicitud del interesado (salvo la excepción que comentamos acto seguido), que se produzca su paralización por causa imputable al mismo, y que la Administración le advierta que, transcurridos tres meses, se producirá esta caducidad del procedimiento -consumido este plazo sin que el particular requerido realice las actividades necesarias para reanudar la tramitación, la Administración acordará el archivo de las actuaciones, notificándoselo al interesado, el cual podrá recurrir-. (artículo 95 LPAP). Además “En los procedimientos en que la Administración ejercite potestades sancionadoras o, en general, de intervención, susceptibles de producir efectos desfavorables o de gravamen, se producirá la caducidad. En estos casos, la resolución que declare la caducidad ordenará el archivo de las actuaciones, con los efectos previstos en el artículo 95.” (artículo 25.1.b LPAP).

La prescripción en Derecho Público equivale a la llamada prescripción extintiva del Derecho Civil (diferente de la prescripción adquisitiva o usucapión, que es un modo de adquirir la propiedad). Se trata de un concepto amplio, pues los plazos están muy presentes en todas las instituciones del antiguo Derecho Administrativo, unos plazos que, irremediablemente, transcurren. Unos plazos que a la postre finalizan y conllevan la prescripción de la institución a la que van asociados, como las infracciones y sanciones, una obligación (por ejemplo tributaria), un derecho subjetivo, o una acción (cuyo ejercicio es en realidad otro derecho).

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Imagen de “Alicia en el país de las maravillas”. El conejo blanco está obsesionado por los plazos, aunque, en honor a la verdad, en ningún momento dijo esa tontería de que la administración electrónica entra en vigor en octubre de 2018
Más en la realidad jurídica interactúan caducidad y prescripción, precisamente porque son diferentes. Concretamente la caducidad no produce (por sí sola) la prescripción de las acciones del particular o de la Administración, pero los procedimientos caducados no interrumpirán el plazo de prescripción.

En los casos en los que sea posible la iniciación de un nuevo procedimiento (aunque esté caducado) por no haberse producido la prescripción, podrán incorporarse a éste los actos y trámites cuyo contenido se hubiera mantenido igual de no haberse producido la caducidad. En todo caso, en el nuevo procedimiento deberán cumplimentarse los trámites de alegaciones, proposición de prueba y audiencia al interesado.

Todo ello según la citada Ley de procedimiento (LPAP), una Ley que tiene su propia forma de computar el tiempo (ver El cómputo de plazos en la Ley de procedimiento), y una Ley, al igual que muchas otras, que se aprueba en una fecha, se publica en otra y entra en vigor cuando le da la gana (ver Plazos, vacatio legis, prórrogas… y penaltis).

Sin abandonar la Administración, observamos cómo el tiempo pasa, y se acerca el fatídico mes de octubre (una fecha por cierto que para nosotros siempre ha sido testimonial) de este 2018 (un año que era ciertamente importante para la Administración). Aunque la Administración seguirá yendo, en todo caso, por detrás de la sociedad (y a años luz de la vanguardia tecnológica).

Relacionadas con el Derecho y la Administración están las locuciones latinas, en las cuales siempre está muy presente el tiempo (cuyo transcurso realmente obsesionaba a los clásicos). Entre las locuciones jurídicas, destacamos la famosa Prior tempore, potior iure (“Primero en el tiempo, mejor en su derecho”). En cuanto al resto, encontramos muchas referencias al tiempo en locuciones como In illo tempore​, que se traduce al castellano como “en aquel tiempo”. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, y mucha gente se queja de cómo pasa el tiempo… Y de ahí nos viene otra, la sonora Tempora tempore tempera (de forma literal “oportunamente aprovecha las épocas”, pero mejor “disfruta de cada momento intensamente”). Aunque no hay que quemar todas las naves y sí ser un tanto prudente, de modo que memento paupertatis in tempore abundantiae (“en tiempo de abundancia recuerda la pobreza”).

Las locuciones no dejan de ser gotas de sabiduría, enseñanzas para la vida. Una vida en la que tenemos los días contados, y de ahí lo valioso que es nuestro tiempo. Y por eso debemos seleccionar bien con quien lo compartimos, porque “con algunas personas se pierde el tiempo, con otras se pierde la noción del tiempo y con otras recuperamos el tiempo perdido”. Sin duda estas ultimas son especiales, y como dijo Chaplin: “Se necesita un minuto para notar a una persona especial, una hora para apreciarla, un día para amarla, una palabra para herirla, pero luego toda una vida para olvidarla”.

Y dado que es limitado, no se me ocurre mejor forma de pasar el tiempo que no pasamos trabajando que dedicándolo al ocio y las aficiones (solo, en familia, con la pareja, o con amigos, pues uno decide en efecto con quién comparte su tiempo…). Y en general a todo aquello que nos hace felices, puesto que una buena vida se puede definir como aquella en la que los buenos momentos superan ampliamente a los malos (aunque es cierto que también influye la intensidad, no solo la duración de dichos momentos). Personalmente valoro muchísimo los momentos de risa. Sí, risa pura y dura… ¿Cuánto tiempo al día pasa usted riendo?

Diversión, ocio, aficiones… Para mí, una estas aficiones es el deporte, todo un mundo con su propia jerga, donde un “tiempo muerto” equivale a una pausa para recibir instrucciones del entrenador, y un “fuera de tiempo” significa que la jugada queda invalidada porque muy poco antes se terminó el partido (o una de sus partes, o la posesión). También hay deportes que se dividen en dos tiempos, otros en tres y otros en cuatro… Incluso existen deportes en los que la duración no está previamente establecida, porque el juego se termina cuando se alcanza un marcador, no un tiempo.

Y así acabamos, quizá porque ha prescrito pero en ningún caso caducado, esta reflexión de verano. El tiempo, como decíamos, sigue pasando, y volverá el otoño con su temido mes de octubre. Y antes de que nos demos cuenta llegará 2019. Y a partir de ahí el futuro, un futuro que podría ser maravilloso, o catastrófico (ver 8 momentos históricos en los que la Administración puede (o va a) desaparecer). O las dos cosas.
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One response to “Caducidad, prescripción y el tiempo en la Administración (y en la vida)

  1. Reblogueó esto en IUSLEXBLOG. y comentado:
    Victor Almonacid trata la diferencia entre dos instituciones muy estudiadas en el derecho administrativo español: La caducidad y la prescripción y aprovecha el final para … (miren el enlace).

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