Entrevista en el suplemento especial Smart Cities del diario Levante EMV

No es habitual, y por eso hay que celebrarlo, que el suplemento de un periódico de información general (y además el primero en tirada de toda la Comunidad Valenciana) se dedique de forma monográfica a hablar de Ayuntamientos, y más concretamente de administración electrónica y Smart Cities. A continuación reproducimos la entrevista que fue publicada en el día de ayer en el diario Levante, remitiéndonos por lo demás al monográfico, cuya lectura total por supuesto aconsejamos.

Entrevista con Víctor Almonacid. Secretario de la Administración Local, categoría superior. Experto en administración electrónica y proyectos Smart

LEVANTE EMV.- ¿En primer lugar podría definir qué es una Ciudad Inteligente y cómo mejora la vida de sus ciudadanos?
V.A.- Una ciudad inteligente (smart city) es aquel municipio de cualquier tamaño (no necesariamente “ciudad”) cuyos servicios públicos son excelentes. Me pregunta cómo mejora la vida de los ciudadanos,y precisamente este es el fin de los proyectos smart: mejorar los servicios hasta que alcancen su nivel más alto de calidad y consecuentemente así mejorar la calidad de vida de las personas, resolviendo al mismo tiempo problemáticas sociales. Se suele relacionar smart city con tecnología. La tecnología es importante, cierto, pero es simplemente instrumental como luego explicaremos. Al final lo importante es hacer un diagnóstico de los servicios que tenemos y diseñar una estrategia de mejora, teniendo en cuenta al mismo tiempo una serie de factores múltiples como la participación ciudadana, la desigualdad social, la economía, el medio ambiente, el deporte, la protección de la infancia y de los mayores, el turismo, o el cumplimiento de las normas como la legislación sobre protección de datos.

LEVANTE EMV.- ¿Cuáles son los pilares o principios que debe reunir una ciudad para ser considerada una Smart City?
V.A.- Si una ciudad inteligente es aquella cuyos servicios públicos han alcanzado un alto grado de calidad, tenemos que la tecnología es el principal medio para conseguir aquel fin: se implanta en los espacios públicos, las infraestructuras y los medios instrumentales de los servicios. En este sentido se sensorizan elementos como contenedores, autobuses, luminarias o la propia vía pública. De esos sensores se extraen unos datos muy útiles que se gestionan en una plataforma, y con los que a la postre se pueden tomar decisiones inteligentes como la de decidir que el camión de basura no haga la recogida de los contenedores que aún no están llenos, con el consiguiente ahorro público. Además, parte de esa gran cantidad de datos (big data) se ofrece a los ciudadanos, asociaciones, empresas y otros actores sociales (open data), porque otra de las características de una ciudad inteligente es que empodera a sus ciudadanos (smart citizen), para que de esta manera se involucren más y participen en la gestión pública (open government), fomentando al mismo tiempo la colaboración público privada ya a nivel más empresarial, con especial atención a las PYMEs, que probablemente son las más beneficiadas del manejo de esta información. Perdonen por cierto tanto anglicismo, pero como comprenderán estos conceptos no los hemos inventado nosotros, sino que vienen de fuera, y son términos ya utilizados a nivel mundial que nunca está de más conocer. 
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“Una Smart City es aquella en la que el ciudadano se involucra en la gestión pública” (entre otras cosas)
Hablando de forma más concreta sobre los pilares en los que se apoya, me resulta chocante que a algunos responsables públicos se les llene la boca hablando de alguno de estos temas (smart city, transparencia, participación), por ser más estéticos, pero no se preocupen de que su Ayuntamiento disponga de una sede electrónica donde la ciudadanía pueda tramitar una solicitud sin desplazarse al Ayuntamiento o ser notificado por comparecencia electrónica y no por carta. Sin administración electrónica, y concretamente sin interoperabilidad, no hay transparencia, ni smart city, ni nada. No podemos decir que funcionamos de forma inteligente cuando todavía se nos pierde un papel, o una factura, o pedimos al ciudadano una fotocopia del DNI o un certificado de empadronamiento, o se forman colas kilométricas en la oficina de atención ciudadana… Por eso considero que es un error ponerse a construir una nave espacial si lo más moderno que tenías hasta el momento era un 600.

LEVANTE EMV.- ¿Desde su posición de entendido en la materia cómo ha visto evolucionar las Smart Cities en la Comunitat Valenciana  en la última década?
V.A.- Lo que vi al principio, y soy muy honesto, eran más bien proyectos parcheados, basados en iniciativas muy concretas y muchas veces aisladas de cualquier tipo de estrategia, y que no siempre trataban de responder a una problemática real y que tampoco habían pedido los ciudadanos, a quienes por cierto nunca consultábamos. En todo caso hubo iniciativas interesantes ya en la década pasada. Obviamente en la Comunitat Valenciana siempre va a destacar Valencia, que es con mucha diferencia la ciudad más grande y con más recursos. Fue nuestra primera Smart City. Después se subieron al carro Alicante, Castellón, Paterna, Torrent, Elche y Alzira, que son las ciudades valencianas que actualmente se integran en la RECI (red española de ciudades inteligentes). En la actualidad se están desarrollando otras iniciativas, incluyendo las de otras administraciones públicas no municipales, como la Diputación de Valencia, que trata de liderar en su ámbito el desarrollo de proyectos smart ofreciendo el soporte técnico necesario a una serie de Ayuntamientos que de momento tienen la consideración de “piloto”, con la intención de extrapolar la experiencia al resto en un futuro.

LEVANTE EMV.- ¿Cuáles son las ciudades valencianas más avanzadas? ¿ cuáles son las Smart Cities mejor posicionadas incluso en comparación con Europa o EEUU?
V.A.- En comparación con Europa y el resto del mundo, viendo sobre todo algunos proyectos maravillosos y la decidida apuesta política en países que no siempre son “del primer mundo”, creo que estamos bastante atrás. Esto de los servicios smart todavía se ve como una excentricidad tecnológica, algo incluso alejado de la realidad, y seguramente es porque no lo hemos explicado bien ya que en absoluto es así. De las ciudades valencianas que he mencionado la mejor posicionada a nivel estatal y mundial es Valencia. Antes hablamos de su mayor potencia en cuanto a medios pero que conste que con esto no pretendemos quitarle ni un ápice de mérito. El sistema inteligente de regulación del tráfico de la ciudad de Valencia es de lo mejor de Europa en su ámbito. Estuve visitando el centro de regulación y control de datos y me pareció un proyecto smart de primer nivel. En cuanto al resto de ciudades, me van a permitir que barra para casa. Como ex responsable del proyecto Smart City de Alzira les podría hablar mucho de varias de nuestras iniciativas. Si tuviera que destacar una me quedo con el sistema de prevención temprana de incendios, y no porque haya recibido premios sino porque de verdad conseguimos acabar con los incendios intencionados (o detectarlos rapidísimamente) al colocar torres provistas de dispositivos optrónicos (cámaras) y sensores térmicos. Este proyecto es un servicio inteligente “químicamente puro”, un paradigma, ya que cumple todos los requisitos smart: soluciona un grave problema de la sociedad, incorpora tecnología, ahorra recursos, mejora el servicio público, cuida el medio ambiente, y mejora la calidad de vida de las personas en el presente y en el futuro.

LEVANTE EMV.- ¿Qué significa el concepto de territorio inteligente, la nueva fase o estadio superior al de Ciudad Inteligente? ¿Qué puede avanzarnos sobre los futuros territorios inteligentes?
V.A.- Es una buena pregunta. Todo esto de lo que hemos hablado, aunque no lo parezca, está más bien anticuado. De nada sirve que Valencia sea una Smart City si los servicios que se prestan en su área metropolitana no están integrados o no son nada “inteligentes”, ya que afectan prácticamente al mismo núcleo de población. Podemos hablar incluso de desigualdad, ya que no es justo disfrutar de un nivel mayor o menor de calidad de los servicios públicos según el municipio en el que uno está empadronado. Está claro que el territorio de una ciudad, un municipio al fin y al cabo con su Ayuntamiento, es el término municipal, pero Europa defiende desde hace unos años otro modelo de gestión inteligente mucho más coherente que ampliaría ese ámbito territorial a un territorio más o menos homogéneo en el que tenga sentido que los servicios públicos se presten de una manera coordinada, conectada y optimizada. Hablamos de territorios superiores a un término municipal e inferiores a una provincia. Podríamos hablar de áreas metropolitanas inteligentes, de comarcas inteligentes, de “superciudades” (un concepto muy interesante), o de islas inteligentes. Precisamente en la actualidad, como Secretario General del Consell Insular de Ibiza, hemos ayudado a impulsar un proyecto de este tipo porque, como decimos, tiene mucho más sentido en este caso una Smart Island que varios Ayuntamientos limítrofes haciendo la guerra por su cuenta. Obviamente este tipo de proyectos que integran a tantos actores, no ya solo un Ayuntamiento y su tejido social-empresarial sino varias Administraciones Públicas, requieren de muchísima coordinación. Pero vale la pena. Este es el tipo de inversiones que tenemos que abordar con el dinero de los contribuyentes, porque buscan soluciones a sus problemas y porque redundan directamente en su calidad de vida.
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