¿Qué NO es Smart?

Smart City, smart island, smart citizen, smart innovation, sensorización, datos, territorios inteligentes… ¿Qué es o cómo debe ser un servicio público Smart? En el pasado CNIS intentamos aproximarnos a la respuesta de lo que es a partir de sucesivos descartes de lo que, desde luego, no es.

  • Y como dijimos, Smart no es montar naves espaciales mientras todavía no está implantada la tramitación electrónica de los expedientes, o los usuarios no disponen de sede electrónica para relacionarse con la Administración.
  • No es Smart, bajo ningún concepto, implantar proyectos concretos de forma asilada, solo porque son chulos, sin una coherencia con las necesidades de la ciudad o el territorio, y al margen de cualquier estrategia.
  • Nada Smart, y por desgracia ocurre, que dichos proyectos además obedezcan exclusivamente a razones políticas o estéticas.
  • Porque de hecho no es nada Smart que no se basen en las demandas ciudadanas de la gente, o mejor, en los datos que provienen de la experiencia de usuario de los propios ciudadanos.
  • Por lo que no es Smart cualquier proyecto que se implanta al margen de los datos, siendo imprescindible tener implantada, además de la administración electrónica, la transparencia (en una fase 1.0) y la apertura de datos a partir de los grandes datos (2.0), para facilitar también acaso la colaboración (3.0). Sin estas previas es imposible hablar de fases más avanzadas (4.0) como la Inteligencia Artificial (AI) o Internet de las Cosas (IoT).

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  • No sabemos si es Smart, pero desde luego no es justo, afirmar que un pueblo o localidad de tamaño mediano o incluso pequeño y que por tanto no es ciudad no puede aspirar a ser Smart, por aquello de que solo las “cities” pueden ser Smart City. No es una cuestión de número de habitantes. Ni siquiera de presupuesto. Cualquier administración debería poder ser inteligente. El tamaño no es tan importante.
  • Y no me dirán que no es muy poco Smart dejar de fomentar la contratación electrónica, la colaboración público privada y la utilización de las distintas modalidades de la compra pública innovadora (CPI) para con ello integrar al tejido empresarial, especialmente PYMEs y emprendedores.
  • Por esto mismo, tampoco es precisamente Smart que la Administración cargue en solitario con el peso de transformar el servicio público. Independientemente de que los contratos tengan que ver o no con la tecnología… ¿Por qué no insertamos en los pliegos de los nuevos contratos cláusulas que impongan a los futuros concesionarios la obligación de sensorizar o incorporar las TIC a la prestación de los servicios públicos? Eso sí sería bastante Smart…
  • Y salvo que no queramos ser el dios de la montaña (y además un dios muy poco Smart), que vive por encima y al margen de los mortales, habrá que integrar también a dichos mortales, así como a los lobbies y asociaciones que los agrupan, en los proyectos y estrategias. Debemos pensar que los ciudadanos también son inteligentes (Smart citizen), y si no lo son tanto los podemos (in)formar y empoderar, y en todo caso escuchar.
  • La tecnología es importante, pero no sería muy Smart, la verdad, considerarla como el fin y no el medio. Aún menos Smart es olvidarse de que la verdadera esencia del servicio público es mejorar la calidad de vida de las personas, por lo que si dicho fin, u objetivos finales, no tienen en cuenta políticas públicas sociales, o relacionadas con el deporte o el medio ambiente, veremos que estamos muy desenfocados.
  • Tampoco es del todo Smart hacer benchmarking puro y duro, incluso reconociendo que hay buenas prácticas y casos de éxito, porque cada ciudad o territorio tiene sus propias características (económicas, culturales, demográficas, sociales, geológicas…). Por ejemplo, nuestro modelo en la isla de Ibiza debería estar basado, evidentemente, en el turismo inteligente. Todos los servicios deberían pivotar alrededor de esta idea. Cada uno tiene su idiosincrasia.
  • Tampoco es muy Smart, ni muy justo, que según donde una persona esté empadronada tenga un nivel o calidad en la prestación de los servicios públicos municipales, solo porque su Ayuntamiento sí/no ha emprendido medidas Smart. Unos metros más al norte, o al oeste tanto da, su vecino que sin embargo reside ya en otro término municipal disfruta de los mejores y más modernos servicios. Y ni siquiera paga más impuestos. El principio de igualdad en todo su esplendor…

Una ciudad inteligente (en el mejor de los casos) no está mal, pero digo yo… ¿No es mucho mejor un territorio inteligente?

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2 respuestas a “¿Qué NO es Smart?

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