A vueltas con los Másteres

Cuando a un servidor le invitan a participar en algún curso o evento, me suelen preguntar cómo debo aparecer en el programa. “El cargo principal” suelo decir, porque creo que es lo que corresponde, si bien a veces se explayan y, consultando mi currículum (el cual es público), en ocasiones añaden:

  • Máster en Planificación estratégica, innovación y conocimiento en la Administración pública, 2003. INAP.
  • Máster en Nuevas Tecnologías aplicadas a la Administración Pública, 2006. Universidad de Valencia. ADEIT, Fundación Universidad Empresa.

Por supuestísimo son estudios que he cursado (nunca he entendido bien a quienes mienten en estas cosas), pero les tengo que decir que en mi vida profesional me han servido para bastante poco. Perdón. Ya saben que soy políticamente incorrecto.

¿Para qué sirve, pues, un Máster?

Si les digo la verdad, o al menos lo que pienso, para decir que lo tienes. Entiendo que la estética es una cuestión importante en política (y en otros ámbitos), pero no mentir o no cometer delitos debería ser mucho más importante…

Y en todo caso no vales más por tener másteres, aunque sean “de verdad”. Al final un buen profesional se hace con la práctica. Resolviendo problemas y enfrentándose al día a día. Y así es como aprendes, y así es como sabes. La “titulitis” sirve más bien para aparentar que sabes. Y si encima el título es falso, la pantomima (y quizá el delito) ya es total ¿De verdad es tan importante tener un Máster como para jugársela de esa manera? Si uno tiene que ir a la cárcel que sea a cambio de un premio más ambicioso (digo yo)…

En resumen ¿No tienen la sensación de que estas cosas, además de antiéticas, son totalmente innecesarias?

Y es que este es un planteamiento desfasado, como casi todos los que se mueven en el mundo de la política. Hoy en día ya no tienen tanta importancia los títulos universitarios, los cuales en absoluto aseguran encontrar trabajo como demuestra este buen artículo. Y hoy en día ya no se selecciona en base al currículum, salvo las empresas más anticuadas y por supuesto las administraciones públicas, que tienen el dudoso honor de utilizar los sistemas de selección más ineficientes (es lo que dice la Ley por otra parte). En la Administración el título es necesario para participar en las oposiciones, unas oposiciones en las que se siguen evaluando conocimientos teóricos. También “dan puntos” estos titulitos a los efectos de concursos de selección y provisión. Al final hemos creado entre todos un tejido funcionarial lleno de empollones con ninguna inteligencia emocional. La alternativa, desde luego, no es crear un ejército de palmeros “de confianza” nombrados discrecionalmente por unos políticos como los que tenemos, sino reclutar o formar profesionales de la administración, solventes y éticos, que hayan demostrado tener las “nuevas aptitudes” a las que siempre nos referimos.

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Póster de la película “Masters del Universo”, protagonizada por el musculoso Dolph Lundgren, quien por cierto, al margen de su carrera de actor, es ingeniero químico entre otras cosas (y tiene el título)

Dicho todo lo cual, cambio de registro, porque quería hacer una segunda reflexión… ¿Un expediente administrativo electrónico se puede falsificar?

La respuesta es que no. Y no ya tanto por el formato, sino por la firma electrónica. Podríamos diferenciar lo que es expediente académico en sí, del título (el diploma, para entendernos). En todo caso hablamos de un expediente compuesto por documentos, actas y certificados. Si son documentos electrónicos es porque incorporan una o varias firmas electrónicas. Y si son documentos electrónicos son auténticos e inalterables. Esa firma electrónica, entre otras bondades, es la que le da a un documento el valor añadido de la veracidad. Por un lado acredita inequívocamente la identidad del firmante. Por otro, reviste de la fehaciencia temporal al documento, porque como bien saben incorpora un estampado de tiempo. No habría posibilidad, en definitiva, de falsificar, o reconstruir, o alterar, o modificar posteriormente… Lo que hay en un expediente electrónico es lo que hay. Ahí estaría todo, deseando ser consultado en los maravillosos archivos electrónicos.

Esto es esencialmente lo que he manifestado hoy en el programa de la , dirigido y presentado por (aquí la grabación; lo explico desde el min 16:16 hasta el 19: 35 del programa).

Añadan que, aunque en los medios se habla de títulos cursados antes de las vigentes Leyes de transparencia y procedimiento, estas son de aplicación a las Universidades públicas. Hoy en día, por tanto, deberían tramitarse estos expedientes y títulos de forma íntegramente electrónica. Y ni que decir tiene que por aplicación de la Ley de transparencia la Universidad no puede negarse a dar información amparándose en la protección de datos de carácter personal (esto también lo hemos oído en los últimos días), porque lo que tiene que proteger son dichos datos, pero no la información. Y menos una información tan relevante.

En fin, que seguimos teniendo problemas, con los “Másters” y con otras cuestiones vistas, problemas que podríamos tener en 1987 (año de estreno de la película “Másters del Universo”), pero no en 2018. Al menos no en un país avanzado.

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