Territorios rurales inteligentes: una medida contra la despoblación rural

Aunque sea menos conocido que otros, la despoblación del medio rural es uno de los mayores problemas de la península a nivel socioeconómico. En el presente comentario defenderemos un modelo de recuperación de las zonas despobladas a través de la incorporación de proyectos multidisciplinares tipo “smart”.

El problema, insistimos, es francamente serio. Y aunque no ocupa las portadas de todos los medios, sí que desde distintas instancias, como la FEMP, se están planteando los retos y las soluciones. También destacamos la web Contra la Despoblación Rural. La buena noticia es que no estamos de brazos cruzados, existiendo distintas iniciativas de las que damos cuenta in fine.

¿Saben lo que quiere realmente la gente? ¿Saben lo que espera de los poderes públicos?

Que alguien resuelva sus problemas. Creo que muy poca gente ha llegado a definir bien lo que es Smart City, y empiezo diciendo que no es lo mismo definir que traducir. Si pienso en un Ayuntamiento, diré antes “administración inteligente” que ciudad inteligente (¡no todos los municipios son ciudades!), y si me hablan de Smart City, siempre le daré un enfoque “Human City.” En efecto, sin olvidar el aspecto tecnológico y de las telecomunicaciones (sensorización, plataformas, big data, open data…), debemos poner cada vez más el acento en determinadas políticas públicas que resuelvan los problemas de los ciudadanos (servicios de mediación) y mejoren su calidad de vida (medio ambiente, salud, deporte, y por supuesto protección de los colectivos más desfavorecidos). Es por ello que nos encontramos en una evolución, dentro de la tendencia Smart City, que responde más a otras expresiones como Green City, Human City o Social City.

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Ciudad de finales del presente siglo. Sostenible, eficiente, humana… Megaciudades que “absorberán” su área metropolitana, pero ¿Dónde quedan los “pueblitos”?

El cambio climático es algo más que un simple “cambio”. Hoy hace frío pero el pasado verano volvió a ser el más caluroso de la Historia. Así las cosas, mientras todavía nos peleamos por un trozo de tierra, resulta que a medio plazo es posible que no haya Tierra por la que pelear. Pero la política actual va por un lado y los problemas reales de la Humanidad por otro totalmente distinto. Es cierto que no solo es importante el medio ambiente, sino, incluso más a corto plazo, la economía y el empleo, pero el nivel de gobierno adecuado para enfrentar estos problemas no es el Estatal, sino el mundial y el municipal a partes iguales (y complementarias). En unas pocas décadas la mayor parte de la población mundial residirá en las grandes ciudades. ¿No es motivo más que suficiente para poner en valor el medio rural?

Por otro lado, “tecnología” y “rural” no son conceptos enfrentados. Las telecomunicaciones deben llegar a todas las ciudades y pueblos del mundo (vía satélite u otro sistema, más moderno y eficiente, que se conciba). Y cuando la tecnología sea gratuita (o al menos muy barata) desaparecerá la brecha digital, que hoy en día existe no solo entre personas, sino también entre territorios. Tampoco resulta lógico constreñir el emprendedurismo a las grandes urbes, sino que se puede entender incluso más bien al contrario. Hay que poner en valor lo mucho de bueno que hay en nuestras zonas rurales,  y que parte de ese valor sea social pero también económico, porque la despoblación obviamente se debe, entre otros factores, a la falta de oportunidades laborales en el entorno rural. Un entorno, por otra parte, que tampoco tiene por qué asociarse únicamente a la agricultura. Tenemos muchos clichés con los pueblos.

Debemos afrontar juntos los problemas comunes a todos los habitantes de nuestro planeta. Más los problemas del Mundo son los problemas de las ciudades, y a la inversa. Sobre esos problemas destacan cuatro: la brecha económica (y digital), el deterioro del medio ambiente, el aumento de población en términos absolutos, su concentración en las enormes megalópolis del futuro, y su envejecimiento, desde luego, por el aumento de la esperanza de vida.

Estábamos ojeando el Documento de la FEMP denominado “DOCUMENTO DE ACCIÓN COMISIÓN DE DESPOBLACIÓN – Listado de medidas para luchar contra – la despoblación en España”.

En su apartado de “Economía y empleo”, reza lo siguiente:

Los cambios necesarios en la economía nacional afectan a todo el territorio,
pero el medio rural, y particularmente las entidades locales de menor
dimensión demográfica, requieren de una recuperación económica que vaya
más allá de las cifras de empleo y paro, y que signifique una recuperación de
las condiciones laborales y de vida de la población.
En el marco de la despoblación del medio rural, cualquier cambio en la pauta
demográfica que está llevando a la salida de la mayor parte de la población
joven formada hacia las ciudades, exige de estabilidad en el empleo, de
equiparación de salarios entre los trabajos del medio rural y de las ciudades,
de posibilidad de conciliación de la vida laboral y familiar, etc. Sin estabilidad,
cualquier expectativa de mejora de los indicadores demográficos -como el
incremento de la natalidad o un saldo migratorio positivo- no se sostiene.
Para ello, cualquier mejora, aunque positiva, será insuficiente si no viene
dada, por un lado, de un cambio sistémico del modelo productivo, que apueste
no solo por la I+D+i, en todas sus dimensiones, sino también, y en mayor
medida en el medio rural, por la sostenibilidad como principio rector de las
actuaciones y políticas; por un cambio del modelo territorial, que posibilite la
creación de polos de innovación en todas las provincias, asociados a los
potenciales endógenos diferenciales, entendidos como base de fortalezas y
oportunidades en el modelo territorial; y, por una mejora en las condiciones
laborales de la población.
El problema de la despoblación rural no es una consecuencia directa y
unívoca de los problemas de la economía del medio rural, dado que inciden
otros factores sociales y culturales, pero sin duda ha habido y sigue habiendo
una relación causa-efecto entre declive productivo y pérdida demográfica.
Todo ello, evidentemente, teniendo en cuenta que es imposible fijar y atraer
población activa a un territorio carente de oportunidades laborales.

Apostamos por la parte señalada en cursiva, por la apertura de los datos, y por el apoyo incondicional a los proyectos de personas innovadoras, no necesariamente pero sí esencialmente tecnológicos, un sector no solo con futuro sino que también se retroalimenta.

Apostamos, en definitiva, por los territorios rurales inteligentes. Entiéndase “territorio” no solo como un pueblo aislado, evidentemente, sino como un entorno más o menos homogéneo, como una “comarca natural”. Para ello obviamente necesitamos conectividad, una importante mejora en las telecomunicaciones, porque los centros tecnológicos, científicos y de investigación no tienen por qué estar ubicados en las grandes ciudades, e incluso se puede defender que su mejor emplazamiento es el entorno rural. Para ello necesitamos, además, una paralela importante mejora de las comunicaciones, de las infraestructuras de transportes, no tanto pensando en autopistas y autovías como en carreteras y caminos rurales. Con todo ello avanzaríamos hacia una dinamización económica y turística esencial para la lucha contra la despoblación. Y las Diputaciones Provinciales en esto tienen mucho que decir.

Nos gusta, por ejemplo, el modelo seguido en la provincia de Teruel, muy en la línea multidisciplinar de generar valor público a través de distintas políticas necesarias, a saber: generación de empleo, difusión de la ciencia, turismo, ocio y esparcimiento (especialmente para jóvenes), entre otras… Y ello a través de los proyectos Galáctica, y sobre todo Territorio Dinópolis.

Territorio dinopolis

Esta es una reflexión desde luego parcial, hecha como siempre con la sana intención de aportar. Es por ello que incorporamos como anexos los documentos que hemos podido recopilar conteniendo otras medidas encaminadas a luchar contra el problema de la despoblación.

En un momento de la Historia en el que ya se habla de vivir en la Luna e incluso en Marte, parece mucho más razonable a corto plazo trabajar (y por tanto vivir) en las zonas menos contaminadas y más infrautilizadas del Planeta. Después de todo de allí salieron nuestros padres y abuelos, quizá nosotros mismos, en los 60 y 70 ¿O ya se les ha olvidado?

© Todos los derechos reservados. Nosoloaytos. Web oficial de Víctor Almonacid Lamelas 2018. Aviso legal.

Anexos:

 

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