La administración local en la nueva estructura departamental del Estado

Ni hay dirección pública profesional, ni carrera profesional, ni evaluación del desempeño, ni una política de integridad. Todo esta hueco, solo hay vacío. Únicamente el INAP hizo un esfuerzo innegable estos últimos años por introducir en el debate algunos temas. El autismo político ha sido la respuesta (Rafael Jiménez Asensio).

Debo reconocer que el Real Decreto de reestructuración de los departamentos ministeriales no me ha dejado indiferente. Siempre desde la óptica de la administración local y la administración electrónica, y con la presunción de inocencia por delante porque, como dicen los locutores deportivos, “queda mucho partido”, solo puedo afirmar que se vislumbra poco respeto por la autonomía local; y ninguno por el nuevo empleo público, directivo, integrador e innovador, que siempre defendemos. En cuanto a la más que necesaria transformación digital de la Administración, pese a la reciente entrada en vigor de unas leyes “39 y 40” (paradigma del espíritu CORA) muy aceptables en el empuje del funcionamiento electrónico, se perciben más inseguridades que certezas.

En buena parte se nos ha adelantado en este análisis el gran Rafa Jiménez Asensio  (recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo ADMINISTRACIÓN Y FUNCIÓN PÚBLICA EN EL “NUEVO” GOBIERNO) de cuyo estudio resalto, además de la que encabeza esta entrada, la siguiente reflexión:

“…algo no casa en el diseño estructural recientemente aprobado. “Administración Pública” desaparece y de los restos del naufragio queda una “Función Pública” huérfana bajo la imponente bota de Hacienda. En un marco de contención fiscal, como el que aún nos espera, ya se sabe qué política de función pública se avecina. Aunque se haya creado una Secretaría de Estado de Función Pública (que sustituye a la de Administraciones Públicas, pero con objeto mucho más limitado), difícilmente podrá impulsar reformas estructurales, pues estas tocan de lleno a las de las “Administraciones Públicas” (tanto AGE como Territoriales) y eso, por tanto, implicaría pisar el callo de la persona titular del departamento de Presidencia y Administraciones Territoriales. También será importante, aquí, qué personas sean nombradas para las estructuras directivas, pero mucho me temo que con esa polémica disección entre Administración y Función Pública cualquier proyecto de reforma chocará con los celos personales y los laberintos corporativos.”

Por nuestra parte, y por no repetir a Rafa, estamos prácticamente convencidos de que el Ministerio denominado “Vicepresidencia, Ministerio de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales” está seguramente concebido para seguir mucho más de cerca a las CCAA que a las Entidades Locales, olvidadas y dejadas de la mano de Dios (lo cual no sería tan malo si estuviera resuelto el problema de la financiación local). Pero claro, con ese nombre y “agrupación de materias”, llámenme malpensado, la sensación es que el Departamento, dirigido probablemente por la persona más fuerte del Gobierno, tiene una vocación más centralizadora que otra cosa. Poca autonomía, de nadie, se infiere en semejante planteamiento. Paradójicamente hay dos Alcaldes entre los Ministros, los señores Zoido y De la Serna. Como no todo va a ser negativo en este artículo, debo decir que conozco y valoro mucho a este último… Y que hubiera sido un buen Ministro de “Agenda Digital” (lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que no pueda serlo también de Fomento).

Una oportunidad perdida para la Dirección Pública profesional

UDITE Cadiz
Imagen del Congreso de UDITE de 2012. UDITE es la Asociación Europea de Directivos Públicos Locales. Hablando con los compañeros de otros países a uno le entra “envidia sana” por lo bien configurada que está la figura del Directivo Público en su sistema. En el nuestro todo son dificultades: resistencias, nulo reflejo retributivo, clientelismo, desgaste personal…

La alusión de Jiménez Asensio a “…esa polémica disección entre Administración y Función Pública” no hace sino poner el dedo en la llaga de una de las decisiones organizativas más sorprendentes: el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas pasa a ser el “Ministerio de Hacienda y Función Pública”, no repitiendo nombre pero sí Ministro. Mal asunto, por un lado, separar Administración y Función Pública (¿era realmente necesario?); y mal augurio, sin duda, que dicha Función Pública vaya en el paquete de Hacienda y otras cosas, siendo el “Ministerio del dinero” la parte relevante de una cartera ministerial con un convidado menor, función pública, que por estar tan cerca de Hacienda puede que sea el primero en sentir las frías tijeras. Pero sería un error cósmico si se recorta “de ahí”. Y es que alguien se tendría que dar un baño de realidad: las personas que de verdad están implantado los cambios que mejoran la Administración son héroes (quizá antihéroes) de lo público, con un punto de masoquismo porque nunca fueron bien tratados (ni “bienpagados”). Simultáneamente, se fomenta el otro tipo de funcionario, el funciosaurio, que campa a sus anchas en el Jurásico, y es que la nueva estructura departamental no es en absoluto innovadora ni genera innovación, sino “más de lo mismo”. O peor. En un escenario de continuismo, sopor y rigidez profesional, se cocina el caldo de cultivo de la resistencia al cambio. Las leyes que propugnan cambios no son malas pero el procedimiento electrónico no se implanta solo. Es increíble que los políticos aún no hayan entendido que los empleados públicos son el músculo de la Administración. Pero no hay estímulos, ni promoción profesional, ni evaluación del dempeño. En fin: todos a fichar, y a las 15h a casa.

Especial referencia a la administración electrónica

Es bueno, y ójala no se quede en algo estético, que exista un “Ministerio de la  Agenda Digital”. Súmenle Energía y Turismo. No vamos a entrar en el hecho sorprendente (y un tanto ridículo, la verdad), de que el Ministro, de apenas 46 años, no tuviera cuenta de Twitter y, casi peor, se la creara a las pocas horas de su nombramiento por la presión popular (conste que no es un juego de palabras). El caso es que a falta de un Ministerio inequívoco de Administraciones Públicas -¿y por qué no, por fin, del sector público o de los servicios públicos?-, y simplemente porque “no lo vemos” en el de Administraciones Territoriales, parece que es en este de Agenda Digital donde cabe encajar nuestra administración electrónica.

Por lo demás, leyes 39 y 40 a parte, se debe dejar claro desde el ejecutivo que la transformación digital del sector público NO es una opción. Basta de timideces. Como afirma rotunda y atinadamente Enrique Dans en su artículo “España, el nuevo ministro y la agenda digital”:

La transformación digital de un país, y más en el entorno de una unión supranacional como la Unión Europea, tiene que comenzar por un cambio de actitudes, por una transmisión de valores que dejen inequívocamente claro que la transformación digital no es en modo alguno “una opción” o “un deseo”, sino una obligación absolutamente prioritaria. Consiste en cambiar la mentalidad de cada político, cada secretario de Estado y cada funcionario para que entiendan que es imprescindible no solo trabajar de otra manera, sino posibilitar que otros lo hagan sin interferencias. La e-Administración no se intenta: la e-Administración se impone por la fuerza. Se elimina el papel de un día para otro, se quitan las máquinas fotocopiadoras, se fuerza a trabajar sobre medios electrónicos y se dotan los medios de comunicación con el ciudadano a través de canales electrónicos que sean necesarios. Pensar que eso es “imposible”, que “es necesaria mucha formación” (cuando hoy la tecnología es más sencilla que nunca) o que “habrá mucha oposición” es posponer el problema con falsas excusas.

Con toda la razón de su parte, pensamos que únicamente le ha faltado a Dans matizar que ese cambio de mentalidad, imprescindible, se debe fomentar y no solo imponer. Y poco estímulo produce, como apuntábamos, un Ministerio que junta la cotención presupuestaria con el empleo público. Como suele decir alguna prensa sensacionalista: “desgarrador”. Por este camino el talento de lo público, harto, va a acabar fuera de la Administración. La Administración electrónica solo la pueden implantar Directivos públicos pertenecientes a una nueva generación mental, con una vocación de servicio público y sentido de la ética y de la responsabilidad nunca vista. Es esta la tendencia que se debe contagiar a los demás, y no el desánimo y el contar los días para la jubilación.

En resumen, mal aspecto, siempre a priori, de la nueva estructura departamental del Gobierno de España. Faltan los nombramientos de los cargos medios e inferiores, e incluso el nomenclátor y distribución material de algunos de estos órganos pendientes, así que el tono de la presente es, como no puede ser de otra manera, de cautela. Pero tenemos la impresión, nada más comenzar, de que se insiste mucho más en lo malo, la LRSAL, que en lo bueno, CORA. La crítica, como siempre, es constructiva. Los nuevos Ministros, a quienes deseo mucha suerte, tienen cuatro años para demostrar que mis temores eran infundados.

Anexo. Artículo “Agenda Digital: retos y desafíos para una España actual” (pdf), de Jose Manuel Sánchez (referido por Enrique Dans).

Anexo II. DOCUMENTO 100 PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL PROCEDIMIENTO ELECTRÓNICO EN LA NUEVA LEY DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO COMÚN

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