La época de los inventos Vs. la de la innovación pública

Darwin, Lamarck, Cajal, Lyell, Mendel, Von Liebig, Edison, Dalton, Faraday, Maxwell, Bunsen, Kirchhoff… Si por algo pasó a la Historia el s.XIX es sin duda por dos aspectos. Uno es sin duda la agitación política (si bien es el s.XX el que tiene el bochornoso honor de ser el que agrupa más guerras, agitaciones y genocidos): en Europa de revolución en revolución, consolidándose una especie de alternancia entre gobiernos revolucionarios y monárquicos que en la terminología actual podríamos denominar respectivamente “de izquierdas” y “de derechas”, aunque con muchos matices desde luego; en América latina se forjó el independentismo; y en África todo lo contrario, pues el imperialismo sobre todo británico y francés campaba a sus anchas… El otro es la excelsa generación de inventores, verdaderos innovadores, que proliferó en apenas unas décadas.

Para hablar de “la época de los inventos” manejaremos la fantástica obra de Messadié, G. (1995), Grandes inventos de la Humanidad (Madrid, Alianza Editorial).

Lo primero que hay que decir es que, en realidad, la hipotética “época dorada de los inventos” no existe, pues en puridad durante toda la Historia, de forma repartida (desde luego no homogéneamente) se han producido estos felices hallazgos, e incluso podemos decir que de haber un momento histórico que destaque en este sentido no es el siglo XIX, sino más bien la actualidad. Por otra parte, los tres grandes inventos de la Humanidad, que son la agricultura, la ganadería y la metalurgia, son infinitamente anteriores. Ni siquiera el considerado mayor inventor de la Historia, Herón de Alejandría, pertenece a la época mencionada… ¿Qué ocurrió entonces entre los años 1800 y 1920 aproximadamente? Varias cosas, a saber:

  • Anteriormente los (y las) genios inventores, muchos de ellos anónimos, diseñaban y construían sus utensilios de forma individual según su propia necesidad a satisfacer, no existiendo obviamente una normalización ni mucho menos producción en serie.
  • Por diferentes razones, incluida la anterior, tenemos la trágica convicción de que muchos grandes inventos se han perdido, quizá algunos para siempre (otros sin duda se han reinventado siglos más tarde). El paradigma de esta afirmación es sin duda la Escuela de Alejandría. Herón nos dejó su eolípila o máquina de vapor, pero seguramente muchos ingenios más, como mínimo algún sistema de poleas, como gran matemático y experto en mecánica que era, debiendo también reconocerse su papel como temprano precursor de la geodesia, la óptica e incluso la robótica. El citado y sus compañeros realizaron un legado excelso que desgraciadamente se ha perdido en un 90%. Los romanos machacaron la mítica Biblioteca de Alejandría, el mayor depósito de saber del mundo antiguo, mientras que la infame Edad Media hizo el resto con el saber acumulado en la Antigüedad ¿Cómo es posible que Colón ignorase la precisa cartografía helena tantos siglos después? Por su parte los antiguos chinos inventaron nada menos que el puente colgante, el motor hidráulico, el reloj mecánico, el cardán, y siglos más tarde la pólvora, inventos que permanecieron inéditos para el resto del Mundo durante cientos de años.
  • El problema apuntado en el punto anterior es en cierto modo lógico y en una buena parte se solucionó con la creación de los documentos de patentes en la Francia revolucionaria, si bien hasta entonces se concedían por autoridad real, por lo que el sistema tampoco era muy fiable. La ley revolucionaria de 1791 concede el llamado diploma de invención, y aunque instaura un sistema no exento de fallos (¿todo el mundo conoce esa ley? ¿bajo qué criterios se difunden los inventos?) al menos la patente registraba la nueva invención.
  • Esta supuesta “época de los inventores” se apoya claramente en el contexto que citamos ut supra, esto es, la Revolución política y la Revolución Industrial. Hacía muchos siglos ya que Arquímedes se planteó canalizar las fuerzas de la Naturaleza, pero es el nacimiento de la industria el que se replantea, esta vez muy en serio, cómo utilizar potentes fuentes de energía que reemplacen la simple energía del músculo humano, como el vapor y la electricidad.
  • Con anterioridad (s.XV) se había producido un gran invento, sin duda uno de los más grandes, que además influyó más que ningún otro sobre el resto, pues permitió a su vez su difusión: la imprenta. Este invento se desarrolló realmente en distintas fases pero sin duda la invención de la imprenta moderna por parte de Gutenberg, eso sí, unido posteriormente a la aparición de revistas científicas y sobre todo al fenómeno de la alfabetización masiva, permitió difundir y conocer las novedades a miles de personas en poco tiempo, privilegio antes reservado a una exigua élite. Por si esto fuera poco, en el s. XIX se añade el hecho de que las grandes potencias europeas, por supuesto los estados punteros en tecnología, exportan a todo el mundo sus ingenios a través de dos tipos muy distintos de relaciones internacionales: las coloniales y las comerciales.
  • A mayor abundamiento, tras la Reforma, los protestantes aportaron ciertamente un enorme plus de amplitud mental, una especie de liberación individual, por lo que se puede decir que la radicalmente católica Edad Media fue en este sentido, como en tantos otros, especialmente tenebrosa, vinculando prácticamente cualquier idea original o innovadora con el Maligno, con nefastas consecuencias para su autor – “Pasaba horas estudiando la Biblia y la vida de Cristo. En particular le gustaba la filosofía expuesta por Cristo en el Sermón del Monte. Tenía muchos amigos cristianos. Al preguntársele por qué no se convertía al cristianismo, respondió: “Cuando usted me convenza de que los cristianos viven conforme a las enseñanzas de Cristo, seré el primero en convertirme”. ” (Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi) -.
Excelente definición de intraemprendimiento realizada por Julia C. Naranjo
Excelente definición de intraemprendimiento realizada por Julia C. Naranjo

Y hoy en día todavía hablamos de inventos, si bien sería más preciso hablar de “mejoras”. Lo cierto es que personalmente me queda la sensación de que el primer leit motiv de la invención humana es, no nos engañemos, la vagancia, por encima incluso del dinero, de la gloria y del poder. Es cierto que esta visión pesimista se puede matizar, y desde luego nos deja en una posición más digna afirmar que es el ahorro de energía (al fin y al cabo el avión recorre las distancias mucho más rápido que el coche, el tren o el barco) pero cabría preguntarse, desde luego sin desprestigiar estos útiles inventos, si no es más ágil física y mentalmente la persona que no utiliza habitualmente el mando a distancia o la calculadora. Obviamente hablamos de un individuo (cuyo objetivo no puede ser vivir lo más acomodado posible), si bien en el trabajo una automatización que suponga un ahorro de tiempo y dinero, con el mismo o mejor resultado, resulta fundamental.

Y vamos con la segunda parte. Para abordar la innovación y el intraemprendizaje en el momento actual partiremos del excelente estudio “Construyendo una cultura de innovación. Una propuesta de transformación cultural”, de Julia C. Naranjo-Valencia y Gregorio Calderón-Hernández, publicado en Elsevier-Revista de Estudios Gerenciales (Vol. 31. Núm. 135. Abril – Junio 2015), un texto sugerido por Borja Colón en twitter. Allí se contienen interesantes definiciones de “comportamiento innovador” e “intraemprendimiento”.

En primer lugar, y como complemento a las numerosas ocasiones a las que nos hemos referido a la innovación, en la obra de referencia se define el comportamiento innovador como un proceso multietapas en el cual el individuo reconoce un problema, genera ideas o soluciones, se esfuerza por promover y fomentar el apoyo para las ideas o soluciones y elabora un prototipo aplicable o modelo para el uso o beneficio de la organización (Slagter, 2009). Consistente con esta definición y siguiendo a Naranjo (2010), se ha medido el comportamiento innovador a través de 8 ítems que permiten evaluar las 3 etapas más generales del comportamiento innovador: la generación de ideas (ítems 1, 2 y 3), la promoción de las ideas (ítems 4 y 5) y la implementación de las ideas (ítems 6 y 7). El último ítem es una pregunta general sobre comportamiento innovador.

El análisis de la variable «comportamiento innovador» permite concluir que la empresa es más fuerte en las primeras etapas del comportamiento innovador, es decir, en la etapa de generación de ideas; en contraste, a medida que se avanza en el proceso el comportamiento se hace más débil; así, las puntuaciones más bajas se asignan a la etapa de implementación de las ideas (tabla 3). Los empleados en general se reconocen más fuertes en comportamientos orientados a buscar mejoras en los procesos, tecnologías, productos, servicios o relaciones de trabajo existentes, y más débiles en lo que tienen que ver con tratar de encontrar los fondos necesarios para poner en marcha las nuevas ideas.

Tabla 3. Resultados «comportamiento innovador»
Ítem Ponderación
1 Busca cómo mejorar los procesos, tecnología, productos, servicios o relaciones de trabajo existentes 4,34
2 Propone ideas creativas 4,17
3 Prueba las nuevas ideas, tratando de evaluarlas 4,10
4 Promueve y defiende las nuevas ideas de otros 4,10
5 Trata de persuadir a los demás de la importancia de una nueva idea o solución 4,06
6 Trata de encontrar los fondos necesarios para poner en marcha las nuevas ideas 3,89
7 Desarrolla planes y programas adecuados para implantar las nuevas ideas 4,04
8 En general, es innovador 4,06
Ponderación 4,09
Fuente: elaboración propia (autores citados).

Por su parte, el emprendimiento (entrepreneurship) es una variable interesante de medir en tanto integra 3 dimensiones asociadas con la innovación: la capacidad innovadora, la proactividad y la mentalidad de riesgo. El análisis de esta variable (medida a partir de Naranjo, 2010) permitió contrastar algunos resultados anteriores. En concreto, se encontró que de las 3 dimensiones, la que los empleados consideran que está más presente en la empresa es la capacidad innovadora, seguida de la proactividad, y en menor medida la mentalidad de riesgo (tabla 4).

Tabla 4. Resultados «intraemprendimiento»
Item Ponderación
1 La dirección potencia mucho la investigación y desarrollo de nuevos productos y tecnologías 4,47
2 Se han introducido nuevas líneas de productos en los últimos 3 años 4,70
3 Los cambios introducidos en los últimos 3 años en los productos han sido muy importantes 4,61
4 Se trata de ser los primeros del sector en introducir nuevos productos o tecnologías 4,21
5 Se emprenden acciones que posteriormente adoptan los competidores 4,04
6 Se adoptan medidas agresivas contra la competencia (más que una postura de vivir y dejar vivir) 3,59
7 Se desarrollan proyectos de inversión de alto riesgo con expectativas de alta rentabilidad 3,69
8 Se adoptan posturas audaces para aumentar la probabilidad de explotar nuevas oportunidades 3,91
9 Debido al entorno, se adoptan una variedad de decisiones valientes para conseguir los objetivos 3,91
Fuente: elaboración propia (autores citados).

La conclusión por supuesto es que la mejora de las organizaciones públicas -si bien la teoría de Naranjo y Calderón-Hernández es aplicable, por supuesto, a todo tipo de organizaciones- no depende en absoluto de la invención y sí de la innovación. Y esta depende a su vez de la capacidad de reconocer un problema y resolverlo de una manera, en buena lógica, innovadora. El emprendimiento (o intraemprendimiento), su primo hermano, depende a su vez de esa capacidad innovadora, pero también de dos asignaturas pendientes en lo público: la proactividad y sobre todo la mentalidad de riesgo. La administración todavía es demasiado conservadora para fomentar perfiles emprendedores, pero tendrá que empezar a abandonar certezas porque actuando de manera estática la única certeza es que va a perder su legitimidad y su misma razón de ser. En cuanto a los empleados públicos, cabría preguntarse, desde el cariño pero también desde la (auto)crítica, si tienen perfiles profesionales válidos para encontrar empleo (y mantenerlo) en el sector privado (informática, idiomas, habilidades directivas, habilidades en comunicación, proactividad, capacidad de resolución de problemas…)

En resumen, que no hace falta que vuelva Leonardo, ni siquiera Edison (quien por cierto, entre otros cientos de cosas prácticamente inventó los comicios electrónicos en 1868, eso que todavía no hemos implantado)… A falta de grandes genios, lo suyo sería fomentar un nuevo perfil de empleado público, innovador, para que la Administración innove desde dentro. Y para fomentarlo la innovación debería tener premio, y no “palos” como hasta ahora. Parece lógico.

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