Inteligencia emocional en el centro de trabajo (I): resiliencia

Comenzamos aquí una serie de cinco pequeños estudios dedicados al análisis y desarrollo de la inteligencia emocional en el centro de trabajo. Hemos tenido a bien iniciar dicha serie con una entrada sobre la resiliencia, que en principio habíamos subtitulado: “Cómo convivir con las injusticias”.

Decíamos hace un tiempo: “(…) se acabaron los cursos de la Ley 30/92, porque ahora lo que necesitamos son organizaciones y empleados más eficientes e inteligentes; los artículos de la Ley siempre van a estar ahí para leerlos o estudiarlos. Debemos pues formarnos en habilidades directivas, liderazgo, técnicas de comunicación, gobierno abierto, igualdad de género e inglés administrativo, entre otras “novedades” que no deberían serlo tanto… Si usted discrepa con lo anterior probablemente tenga buenos argumentos y algo de razón, aunque probablemente también necesitaría asistir a una acción formativa específica que desarrolle su inteligencia (emocional, que conste)“.

Personalmente no concibo un perfil adecuado del moderno empleado público, de cualquier categoría, que omita la aptitud de la inteligencia emocional. Dicha inteligencia se fundamenta en diversos rasgos del propio carácter, muchas veces trabajados específicamente o desarrollados a partir de experiencias y acontecimientos, más que en la inteligencia en sí. De entre estos rasgos, uno de los más importantes es la resiliencia, término no definido por la RAE pero importantísimo en psicología, campo en el que se define como la “capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc”. Esta es la definición de Google, que gráficamente acompaña de un ilustrativo ejemplo: “la resiliencia potencia la felicidad”. Pues igual esta debería ser nuestra aspiración profesional: ser felices.

Entendemos que hoy en día, al menos hasta que se produzcan y consoliden unos cuantos cambios muy necesarios, la resiliencia en las organizaciones públicas equivale a nuestra capacidad de convivir con la injusticia. En efecto, si por algo se caracterizan las organizaciones públicas (de puertas hacia dentro), en la actualidad, es por la “sensación de injusticia”. Esto es algo que un día cambiará, con la generalización del intraemprendizaje, la mayor capacitación en general, la evaluación del desempeño, y el desarrollo de la ética pública y de la citada inteligencia emocional.

Doy fe de que en la selección española de fútbol no hay ningún tipo de "perfil" de Terry

Doy fe de que en la selección española de fútbol no hay ningún jugador del perfil “tipo Terry”.

Pero la injusticia es muy nociva, más que por el mero hecho injusto en sí por los efectos que tiene sobre la moral de las personas. Me gustaría poner un ejemplo de “injusticia” dentro de otro equipo de trabajo como es un equipo de fútbol. John Terry, conocido sin duda por algunos lectores, es un buen futbolista británico al tiempo que una persona “especial”, inmadura y pendenciera, dato avalado por el mero hecho de que su wikientrada cuente con un apartado de “Vida privada- Escándalos“. Digamos que el tipo no es un modelo de conducta, y muchas personas han sufrido los efectos de su mala ética y mal carácter, incluidos algunos rivales lesionados por su juego innecesariamente duro. Pero probablemente la víctima más maltratada por John Terry no sea un rival, sino su excompañero Wayne Bridge. Ocurrió que Terry, por puro capricho, tuvo y mantuvo relaciones poco platónicas con la mujer de Bridge, en su momento compañero de equipo y también de selección. Digamos que compartían vestuario y también mujer, aunque el bueno de Bridge no lo sabía. Cuando se hizo público el affaire, es cierto que a Terry se le retiró el brazalete de capitán (años después se le devolvió) y Bridge rompió su relación con él, pero curiosamente el más perjudicado por este asunto fue el propio Bridge, quien, muy afectado, abandonó el Chelsea al tiempo que dejó por la puerta de atrás la selección inglesa; y jamás volvió a levantar cabeza, deportivamente hablando. Sin perjuicio del episodio de “cuernos”, especialmente sangrante para Bridge fue su salida de la selección. El entonces entrenador de la misma era el italiano Fabio Capello, quien consideró que la conducta de Terry era merecedora de una sanción en forma de retirada del brazalete de capitán. Capello, por cierto, fue a la postre otra víctima de Terry, pero eso ya es otra historia. Lo que no cuestionó el técnico en aquel momento era la presencia del por otra parte gran defensa liderando la zaga. Pero Bridge, jugador más que aceptable, era sin embargo mucho más prescindible en la potente selección inglesa, y ante la tesitura de tener que apartar a uno de los dos de la convocatoria, vista la muy mala relación entre ambos, el técnico italiano optó por la mejor decisión deportiva. En definitiva, Bridge acabó sin equipo, sin selección y sin mujer, una situación muy injusta causada por un “compañero de trabajo”, pero que a la postre acabó condicionando no solo este, sino muy mucho su vida entera.

In fine, nuestra aspiración profesional debe ser, repito, ser felices. Pero para eso hay que ser fuerte y optimista. El día a día no siempre es fácil. Las personas, y las propias circunstancias, nos lo ponen complicado. Siempre hay “compañeros” tóxicos o como mínimo egoístas, como Terry, quien además es un líder oscuro (el arquetipo nº9), un tipo realmente duro; el pistolero que le ponía las cosas difíciles a Clint Eastwood o John Wayne, con cuyas mujeres además se habría acostado antes de desenfundar contra ellos. La vida, qué duda cabe, también es dura (aún mucho más que Terry) y en ocasiones muy injusta. El trabajo también lo es. Pero el optimismo es mucho más duro si cabe. Resiliencia. Seamos más fuertes que la fuerza que nos ataca. Y recuerden siempre uno de los 30 pensamientos de las grandes sabias:

“La cuestión no es quien me va a dejar, es quién me va a parar” (Ayn Rand).

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Publicado el diciembre 14, 2015 en Ayuntamientos, Deporte, Intraemprendizaje, Recursos Humanos. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. María Antonia Bueno Fayos

    Buena reflexión siempre y especialmente ahora, a unos días de canalizar nuestra fuerza, como dice la cita “…. quién me va a parar”.

  2. ya puestos: no dejarse seducir por el reverso tenebroso…

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