@paugasol

El recién finalizado #Eurobasket2015 nos ha dejado, además de grandes partidos de baloncesto que permanecerán en el recuerdo de los que somos aficionados, una de las mayores y mejores lecciones de liderazgo en pos de un éxito finalmente materializado de forma brillante. Un liderazgo que es el gran ausente en la moderna gestión pública, pero que se necesita más que nunca. El ejemplo que exponemos es absolutamente aplicable a lo público. Pero ¿qué tiene de especial Pau Gasol y su forma de liderar?

La Selección española de basket ha ganado, por primera vez contra todo pronóstico, el campeonato del Eurobasket 2015, considerado por los que entendemos un poquito de este deporte el torneo más complicado de cuantos se disputan. Aunque todos los jugadores lo han hecho fantásticamente bien, Pau Gasol ha sido reconocido como el mejor jugador de la competición (MVP) por sus espectaculares promedios de 25,6 puntos, 8,8 rebotes, 2,9 asistencias y 2,3 tapones por partido. Sin embargo a nadie escapa que su impacto en el juego es incluso muy superior a lo que estas impresionantes cifras indican.

Como jugador de baloncesto, stricto sensu, Pau es sencillamente imparable. Domina todos y cada uno de los aspectos del juego, demostrando una técnica, inteligencia y voluntad muy por encima de sus rivales. Después de una primera fase en la que ya fue el mejor (destacando los 34 puntos y 10 rebotes contra Italia), en la eliminatoria de octavos de final contra Polonia logró la mejor marca de su carrera en triples, anotando 6 de los 7 intentados, para un total de 30 puntos y 4 asistencias. Todo ello en un partido que Pau estuvo a punto de no jugar por unas molestias que se agravaron en la rueda de calentamiento. Pero ¿por qué ese día el fantástico pívot, acostumbrado a mates y ganchos, tiró tantas veces a canasta desde la larga distancia? A esto en baloncesto le llamamos “leer del partido”. La razón por la que ese día jugó de esta forma es que su defensor, el durísimo Marcin Gortat, consideró que una buena forma de parar a Pau era “flotarle” (en el argot, “concederle espacio para que tire pero no entre a canasta desbordando por técnica o velocidad). Con dos metros de distancia entre ellos Pau no podría rebasar a polaco, quien le esperaba a mitad de su trayectoria hacia el aro… Y quizá tampoco “postearle” (jugar en el “poste bajo” de espaldas al aro), porque Gortat es uno de esos jugadores fornidos de los que si te hacen una falta fallas los tiros libres por el dolor que te deja en el brazo. Pero con dos metros de distancia se puede tirar con cierta comodidad, algo que no esperaba el pívot polaco, y ocurrió que aún no siendo un especialista Pau anotó 6 triples con un solo fallo, una cifra reservada solamente a los mejores “escoltas”. Pero más impresionante aún que el porcentaje de acierto es esa capacidad de hacer en cada momento lo que hay que hacer, improvisando si es preciso. El ejemplo que dejó este partido es claro: en ocasiones hay que olvidarse de lo que uno hace mejor y hacer lo que la situación requiera hacer, porque por muy fuertes que seamos es mucho mejor entrar por una rendija, sin esfuerzo, que derribar un muro (Gortat es un muro, desde luego). Eso sí, hay que encontrar la rendija.

Pau y Rafa después de la final del Eurobasket 2015: muchos valores en la foto
Pau y Rafa después de la final del Eurobasket 2015: muchos valores en esta foto

Contra Grecia Pau repitió exhibición en un partido muy difícil en el que el equipo hizo gala de mucha sobriedad y fortaleza mental, liderando en este caso con unos fantásticos 27 puntos, 9 rebotes y 3 asistencias, además de numerosos ánimos, consejos y arengas (que no Orengas) que sus compañeros interiorizaban más hondo que las tácticas de un buen Sergio Scariolo.

En semifinales contra Francia Pau jugó uno de los mejores partidos de su vida, consiguiendo romper su tope de puntos con la Selección española para llegar a los 40, los cuales fueron además conseguidos en los momentos clave del partido. En un partido duro, volvió a ser decisivo en defensa con 11 rebotes y varios tapones e intimidaciones, y absolutamente imparable en ataque, no solo por la anotación, sino también por forzar 11 faltas personales de sus atónitos defensores, cifras todas ellas que le llevaron a los 52 puntos de valoración (una puntuación combinada que muestra el saldo resultante de sumar los aciertos y restar los errores en todas las facetas del juego). En mi opinión ese día la Selección española ganó la medalla de oro. Creo que los mortales no podemos llegar a imaginar la fortaleza, la concentración, la voluntad, las indomables ganas de ganar que son precisas para doblegar a una excelente y atlética Selección, la francesa, en su casa, ante 27.000 ruidosos acólitos, y con todo tipo de factores en contra, desde las bajas de los añorados Marc, Calde, Ricky y Navarro hasta una actuación arbitral “casera” (el término es sutil, créanme), pasando por la semilesión de Rudy Fernández, que tiene el gran mérito de haber jugado los últimos partidos muy limitado por el dolor. Esta vez había que tirar de casta, de esa indómita voluntad del que se propone algo y muestra el resto del mundo que jamás se rendirá para conseguirlo. Evidentemente nadie esperaba que los franceses nos dejaran hurtarles la gloria en su propio campeonato, y ellos lo pelearon hasta el final, pero como dijo  Ayn Rand: “La cuestión no es quien me va a dejar, sino quién me puede parar”. La motivación mostrada y contagiada por Pau Gasol en esta antológica semifinal fue sencillamente memorable. Así se muestra el camino. Liderazgo en estado puro. 100% liderazgo, sin aditivos, conservantes ni colorantes.

Por último, en la final contra Lituania, el jugador de Sant Boi sumó 25 puntos, 11 rebotes, 4 asistencias y alcanzó un fantástico 43 en valoración, unas cifras que intuyo habría incrementado de haber sido necesario, pero que el partido, relativamente tranquilo, no exigió. Aún así desbloqueó nuestro ataque en las pocas ocasiones que se presentaron tímidas crisis en nuestro juego.

In fine: Pau es el mejor, y lo es por su absoluto dominio del deporte del baloncesto, pero sobre todo porque hace mejores a los demás (¿vieron a Claver superándose a sí mismo, a “Chacho” sumando asistencias que Pau o los espacios que generaba Pau transformaban en canastas, o a Rudy aguantando un insufrible dolor?). A la postre Campeones: objetivo cumplido.

Muchas veces nos preguntamos por qué escasean los líderes públicos. Diría que hay muchos motivos pero uno de ellos es, sin duda, que no se ofrecen cargos públicos (o la posibilidad de ocuparlos) a los que ya han sido grandes líderes en otras facetas de la vida, y no hablo solo del deporte.

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