Viviendo el gran cambio (algunos apuntes sobre el estado actual del sector público español)

Quería poner en negro sobre blanco algunos apuntes sobre el estado actual del sector público español. Nos encontramos, por si alguien aún no se ha dado cuenta, en un momento de cambio total y absoluto. Una renovación administrativa sin precedentes, y que ni mucho menos va a estar exenta de feroces resistencias al cambio. Pero es ahora cuando vienen los cambios de verdad, la verdadera transformación. Hasta el momento, pese a todo, no hemos hecho grandes cambios, al menos a gran escala y de manera homogénea e interoperable.

Decir que no hemos hecho demasiados cambios es tanto como reconocer que no hemos innovado suficientemente. Pero si no innovamos me temo que va a ser mucho peor, porque cuando los cambios son naturales se acaban imponiendo solos. Esto es mucho más traumático que un cambio gestionado de forma inteligente. desmotivado.es_La-naturaleza-siempre-sigue-su-curso_132224124356

La innovación es humana; el cambio es prácticamente darwiniano. La naturaleza siempre sigue su curso. Y siempre gana.

En las organizaciones públicas cuando no se innova amenaza la revolución, que es un cambio radical. ¿Acaso dudan de que una ciudadanía exigente y poco satisfecha puede, por sí misma, cambiar la administración? Pero la innovación es mucho menos ideológica, más “interna” y planificada, más racional, mucho más pragmática y eficaz. Y desde luego mucho menos traumática.

La innovación es la modalidad de cambio más deseable.

Esta innovación se ha llevado a cabo en muchas empresas, pero no se ha hecho, salvo honrosas excepciones, en las instituciones públicas. El sistema tampoco la fomenta, desde luego. Sí ha habido conatos de innovación, a nuestro juicio mal entendida, que ha consistido en la imposición de reformas, normalmente de carácter normativo a golpe de “Decretazo” o de “ley Pisuerga“. Esto también es un error. Los “paquetes de reformas” no suelen ser innovación; no son eficaces porque son demasiado impactantes. Activan absolutamente todas las resistencias. Los procesos de cambio no se deben plantear en clave reformista, ni mucho menos unilateral o “impuesta”, porque se perciben como hostil.

La administración electrónica se hace mayor de edad

La administración electrónica es un medio para este fin, el de innovar. La modernización de la organización y el funcionamiento de las entidades públicas es mucho más un instrumento técnico para mejorar que un objetivo en sí mismo. La innovación sería la meta, el fin al que sirven estos medios. La modernización o las TIC, implantadas aisladamente, no mejoran necesariamente los procedimientos o los servicios. Cabe preguntarse lo que necesita la sociedad. Necesita, pensamos, mejores servicios. Tiene un gran problema que es el paro, por lo que una de las medidas más importantes debe ser favorecer a las PYMES y emprendedores a fin de reducir sus cargas burocráticas. El 4% del PIB son las cargas administrativas. Esto es inaceptable. Hay que animar (y no desmoralizar) a este tipo de nuevos empresarios, algo que no decimos nosotros sino la Directiva de Servicios desde hace casi diez años. Esto es administración electrónica pero también es Smart City. Esa Human o Social City que defendemos.

A nivel normativo el BOE va a echar humo las próximas semanas. Tenemos una nueva Ley de Procedimiento que está a punto de aprobarse, y que valoramos positivamente a pesar de que, ciertamente, se puede considerar más una reforma que una innovación. Pero el impacto no debería ser tan grande cuando hace más de una década que el propio Derecho, no tan retrasado en este tema, da cobertura y exige (nunca con rotundidad, ahora va a ser la primera vez) que el procedimiento sea electrónico. La idea es la de “papel cero”, algo con lo que es imposible no estar de acuerdo porque en este momento la alternativa ya no podría ser el procedimiento weberiano del s.XX, sino únicamente esa administración híbrida, mixta, que mezcla de forma ineficiente papeles con documentos electrónicos, firmas manuscritas con certificados, y con sellos de caucho. Facturas (que van al cajón de siempre) con eFacturas. Archivos con eArchivos. Portales de transparencia con documentos que “se extravían” cuando hay un cambio de Gobierno. Y todo ello fluyendo a través de dos registros de entrada, y otro dos de salida. Un desastre mucho peor que el expediente íntegro en papel.

La administración electrónica, la única posible en definitiva, hasta ahora ha sido en cierto modo un adolescente problemático, pero en este momento cumple la mayoría de edad y se le debe exigir un cierto grado de seriedad y madurez.

Innovación sí o sí

Precisamente cuando la administración (todas ellas, y todos los procedimientos de cada una de ellas) sea totalmente electrónica, entonces la innovación será coser y cantar. Pero ¿cómo se innova?. “La innovación es la imitación inteligente”, decía Drucker. Es verdad el tópico de que todo está inventado, y es por eso que debemos aprender a hacer benchmarking (ver aquí y sobre todo aquí).

Datos e información

Otros medios para innovar son la cultura de datos y la ética pública, ambos relacionados con la ya manoseada transparencia. Respecto de la primera idea, observamos que se suelen utilizar de forma sinónima las expresiones “sociedad de la información” y “sociedad del conocimiento”, pero no lo son del mismo modo que no son palabras sinóminas información y conocimiento. De momento, como sociedad, nos hemos quedado en la primera. La información son los datos. Pero “conocimiento” supone aplicar de forma práctica esos datos, dándoles un entendimiento de causalidad que permita resolver los problemas u obtener una mejora o un beneficio legítimo. De momento somos consumidores de datos, pero no sabemos qué hacer con ellos. Lo grave es que la administración tampoco, pero cuando aprenda mejorará enormemente el servicio público.

Trans(a)pariencia

También parece que se confundan la ética y la estética. Casi todos los gobernantes quieren demostrar que son muy transparentes, o dicho de una manera un tanto infantil pero muy gráfica, que son “altos, rubios y con los ojos azules”. Pero muchas veces no es verdad, sino simplemente el dominio del parecer sobre el ser. Y hablando de ser, ser así tampoco es tan importante (alto, rubio y con los ojos azules es Urdangarín, y una vez un señor dijo de él que su conducta era “no ejemplar”). Pero es mucho mejor rendir cuentas: decir no solo lo que hacemos bien sino también lo que hacemos mal, y comprometerse a mejorarlo. No somos perfectos, pero el ciudadano no nos pide que lo seamos, solo que seamos honrados y gestionemos aceptablemente bien los asuntos que nos conciernen. Pero sorprendentemente muchos responsables públicos aún no lo han entendido. Tratan de dominar los medios, mantener a toda costa su (¿buena?) imagen reputacional, quizá para que les vuelvan a votar dentro de cuatro años. Pero falta mucho para eso; antes hay que gestionar. En la cultura de la apariencia los gobernantes se lavan las manos en público solo para que parezcan limpias. Pero lavarse las manos es algo que uno debería hacer en privado, sin que nadie le viese. Deberíamos lavarlas para tenerlas limpias de verdad, libres de gérmenes. Los microbios no se ven, porque son muy pequeñitos. Las manos pueden parecer limpias y no estarlo.

Economía

La Ley de Racionalización de la administración local (LRSAL) fue, a nuestro entender, una de las más erradas políticamente de la Historia. A priori se trata de una “ley económica” que partía de la premisa, totalmente equivocada, de que el déficit público se encontraba más en los Ayuntamientos que en el Estado o las CCAA. Pero eso no era ni es verdad. Más bien al contrario. Y cuando llegó la Ley lo fue menos que nunca. Desde los primeros rumores de su aprobación y durante su año de tramitación tuvo más bien un efecto racionalizador anticipado. Fue después de las elecciones de 2011 cuando se empezó a ahorrar de verdad en los Ayuntamientos, por supuesto siempre con el Interventor como “poli malo”. Para cuando llegó la LRSAL a finales de 2013 había superávit. Ahora tenemos sobre la mesa un lío con los servicios públicos municipales que es “de padre y muy señor mío”. Pero la realidad dice que las CCAA no tienen ni medios ni dinero, por lo que como mínimo las cosas deberían quedarse igual que están. Y se han quedado.

Estudio del Perfil de Innovador Público

Pero al final, lo hemos dicho muchas, veces, quienes innovan son (somos) las personas. Estos innovadores hasta ahora han sido superhéroes y superheroínas con mucha vocación de servicio público y poco tiempo libre. Esperamos con impaciencia el día en que el talento y la iniciativa se premien, implantando de una vez la evaluación del desempeño para que no todo dependa del altruísmo.

Adjuntamos en este punto el estudio realizado a partir de los resultados de la encuesta lanzada por el Club de Innovación, un magnífico trabajo de Miguel de Bas “colaborado” precisamente por innovadores públicos. En él se recogen las características de nuestros innovadores, sus puestos de trabajo, sus administraciones, etc.

Comunicación (interna y externa)

Otra de las manifestaciones del cambio en lo público es el cambio sociotecnológico acaecido en la forma de comunicarnos: las personas entre sí, y por extensión la administración con los ciudadanos y las empresas (al fin y al cabo también personas: una jurídica con otras físicas o jurídicas). También afecta a las relaciones internas dentro de la administración. Pero en cuanto a la comunicación externa, la corporativa, la institucional, la del open government, qué duda cabe de que se tiene que hacer de forma profesional. Señores gobernantes: por favor, no pongan a un “palmero” de Community Manager, ni de jefe de gabinete, ni de director de comunicación. Pongan a un experto, a un profesional formado y con experiencia en estas mismas lides. Y si no es del partido mejor. Y mejor aún: no lo pongan, selecciónenlo. Estas plazas deberían ser para funcionarios de carrera, no para personal eventual o de confianza. La información, las RRSS, la comunicación, la interacción… deben ser lo más objetivas y profesionales posibles, salvo que sea usted un admirador de Kim Jong-un.

El ciudadano, nuestro usuario, está en las RRSS y en los móviles. El servicio público ya debería estar ahí también. Y que sea un buen servicio, por cierto; no la propaganda que nos dejan en el buzón.

El sistema fomenta la corrupción

En este pequeño estudio sobre cambios, los que son, no podemos dejar de mencionar asimismo los que deberían ser. Cerramos pues con nuestro particular de lege ferenda. Se habla mucho, y muchas veces con razón, de la falta de honradez de algunos gobernantes. Pero si algo se debe cambiar en un momento de cambios son las peores leyes de nuestro ordenamiento jurídico, algunas de las cuales fomentan la burocracia, la ineficiencia, el peor servicio público y, por qué no decirlo, la corrupción.

  • Es por ello que la nueva Ley de Contratos, también en tramitación, debería acabar de una vez con la contratación menor (formalmente lo más parecido a una adjudicación “a dedo” que se puedan imaginar), o al menos limitarla a casos excepcionales y desde luego por debajo de unos umbrales mucho más escasos que 18.000 euros (y nada menos que 50.000 en obras). Los contratos públicos, el dinero público en definitiva, se debe adjudicar previa licitación, en concurrencia competitiva y dentro de la legalidad y los controles. Es por eso que este procedimiento debería tramitarse siempre, y también debería ser electrónico, para dejar constancia.
  • Prácticamente lo mismo podría decirse de las subvenciones, otro de los agujeros negros de la legalidad en la actualidad, una vez “muerto” (o casi) el desenfreno urbanístico.
  • Otra tara del sistema es la libre designación de algunos altos cargos directivos y técnicos, lo cual atenta o puede atentar contra los principios de imparcialidad e independencia.
  • Otra materia que se debería reforzar (o endurecer) en la ley es el régimen de incompatibilidades de los miembros de los gobiernos y sus altos cargos, ya que parte de la corrupción viene por una mala observación de estas reglas.
  • Otra posible medida normativa, y no hemos sido exhaustivos, es la de profundizar en la racionalización, en este caso sí, de la mayoría de entidades públicas instrumentales, las cuales se han utilizado en las últimas décadas para torear el derecho administrativo (hoy ya “derecho público”), huyendo precisamente de procedimientos y controles. Esto también ha sido un foco de innumerables ilegalidades.

In fine, para evitar la corrupción todos los procedimientos deben ser electrónicos; porque dejan rastro, son más transparentes, más eficientes y mucho más fáciles de controlar por parte de los interventores (legalidad) y de los ciudadanos (transparencia).

Anexo. ¿Por qué los Ayuntamientos son la administración del futuro?

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2 thoughts on “Viviendo el gran cambio (algunos apuntes sobre el estado actual del sector público español)

  1. Pinceladas de humor en una realidad muy triste, vivida a diario, me quedaría con cuatro palabras que arrastramos mucho tiempo y es una lacra social y humana, el verdadero cambio es desde dentro independiente del detonante, y no estamos solos, aunque lo pretendan desde tantos lados, no estamos solos. Gracias Víctor!
    M Antonia

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