10 (arque)tipos realmente tóxicos en una organización pública

Estaba en mi pensamiento inaugurar este nuevo curso escolar-laboral con una entrada técnica titulada “¿Qué es la fe pública?”. Pero el famoso síndrome postvacacional is in the air (por cierto: quien desgraciadamente sigue en el paro qué más quisiera que tenerlo, lo siento, tenía que decirlo), y siento (y veo) que la gente necesita otra cosa en el día de hoy, por lo que posponemos aquella entrada unos días y hoy publicaremos una de la etiqueta “humor”, que como siempre no está exenta de una buena dosis de crítica constructiva. Vaya por delante que la mayoría de empleados públicos no son así, pero debemos ser honestos y reconocer que algunos sí lo son y que hacen mucho daño a sus organizaciones, a sus compañeros y, quizá lo peor de todo: a los ciudadanos. Aquí van los diez arquetipos realmente tóxicos que existen en las organizaciones públicas. ¿Cuántos y cuales han sufrido?

1.- Compulso/a. El apodo de “Compulso” no viene de convulso (aunque también podría), sino de compulsa, uno de los paradigmas de la burocracia. He aquí uno de los mayores enemigos de lo moderno, de la eficiencia, de la administración electrónica, de la transparencia… Su predilección es claramente la forma y en un lugar muy secundario coloca el objetivo de dar un buen servicio público. Su frase estándar, que dirige tanto a los compañeros como a los ciudadanos, es: “lo quiero compulsado, numerado, foliado, encuadernado, sellado, rubricado, diligenciado… y todo por cuadruplicado!”.

2.- Chisme. Antes que nada, decir que consideramos que hablar en el trabajo es fundamental, tanto como medio de integración humana en un grupo como sobre todo para la mayor coordinación y sintonía de los equipos de trabajo. En este mismo blog hemos hablado en ocasiones de la importancia de la comunicación corporativa (interna y externa). Ahora bien: cosa distinta es chismorrear, inventar, murmurar, cotillear, comadrear, criticar, calumniar, desacreditar, cuchichear y farfullar de los compañeros, los políticos o los propios ciudadanos. Como mínimo supone una enorme pérdida de tiempo y por desgracia puede tener un efecto nocivo mucho mayor, de contaminación del ambiente.

3.- Parásito. Empleado indigno cuyo único talento es conseguir que otros hagan su trabajo o de otro modo pasar desapercibido en su vagancia extrema. No suele tener mala imagen dentro de la organización, precisamente por su maestría en la práctica de esta habilidad. Especialista en no hacer absolutamente nada durante las largas mañanas, y ni que decir tiene que también por las tardes, caso de que su horario exija “asistir” (en su cabeza nunca “producir”) en un momento del día que sin duda considera reservado a la siesta.

4.- Medallas. Lo peor de un “Parásito” es que además sea un “Medallas”. En efecto, la manifestación evolucionada de esa habilidad para no hacer nada y pasar desapercibido es, nada más y nada menos, que pasar a la Historia como una persona que ha hecho cosas que ni remotamente ha hecho en la realidad, y en las que ni siquiera ha participado ni tampoco apoya. Se trata de un vampiro social y laboral, un parásito no solo de trabajo ajeno, sino también de méritos. Esto, queridos lectores, por insólito que parezca, ocurre.

5.- Pergamino. Similar a “Compulso” pero en cierto modo diferente, pues mientras el objetivo de aquel es aumentar y regodearse en la burocracia, “Pergamino” está totalmente centrado en retrasar el avance de los tiempos, defendiendo, si es necesario con su vida, el papel del papel en la administración. Suele tener formación jurídica y declara sin ningún rubor que la firma electrónica no tiene validez legal, o incluso que los expedientes tienen que estar física y palpablemente encima de una mesa, o bien en un archivo (“macerando”, supongo), porque lo que algunos pretenden de forma innoble es ponerlos “en la nube”, donde fácilmente los puede atacar un hacker. Desgarrador.

6.- Mafias. Ese “jefecillo” del departamento de contratación o de urbanismo. Ese al que todos quieren ver. Ese al que te envía el concejal tras una conversación de la que jamás tendrá conocimiento ni el Secretario ni el Interventor. Ese que siempre está de comida, o que toma café cada día con un señor (muy trajeado) distinto. Ese, sí, qué miedo me da ese…

7.- Doctor No. Villano enemigo de James Bond. En una organización pública, dícese de quien siempre dice que no a todo: proyectos, iniciativas, propuestas, cambios… Mas no siempre dicen “no” literalmente; en ocasiones lo sustituyen por un “no se puede”, un “no es legal”, o un tajante “imposible”. También se conocen como “Errepetés”, porque cuando la propuesta conlleva una acción o trabajo por su parte la negativa está fundada en que la RPT (relación de puestos de trabajo) no lo contempla; es decir, que dicha tarea excede de sus funciones estrictas. Su capacidad de negación solo es comparable a su negatividad, ya que la actitud de los “Doctores No” suele ser pesimista y en definitiva tan negativa como sus opiniones sobre el fondo de las cosas.

8.- Cronómetro (también conocido como “Calendario”). 30 días trae noviembre junto abril, junio y septiembre; de 28 solo hay uno, y los demás 31… Experto en exprimir al máximo los días de vacaciones y/o asuntos propios. Y quien dice los días dice las horas, los minutos y hasta los segundos… Fichador profesional a las 8:00 h, de entrada, y a las 15:00 h, de salida (por cierto, ¿para cuándo la evaluación del desempeño?). Organizador de puentes capaz de sacarle 3 días al de mayo y no menos de 5 al de octubre, amén de una semana adicional en Navidad o Año Nuevo.

Maléfica
Maléfica

9.- Maléfica/o. Conste que aparece en primer lugar en femenino en referencia al personaje de Disney interpretado por la fabulosa Angelina Jolie, pero podría ser un hombre al igual que una mujer. En las organizaciones públicas, no es infrecuente que algún perfil “Chisme” suela ser además “Maléfico”. Su arte es la manipulación, el engaño, la contaminación como modus vivendi. Dotado de habilidades de persuasión y tergiversación, acompañadas en ocasiones de lo que denominamos un “liderazgo oscuro”, es capaz de falsear la realidad a su imagen y semejanza para boicotear un proyecto, a una persona, y (supongo que así aparece en su cabeza), un día dominar el mundo.

10.- Piscinazo. Hay jugadores que, para ganar una competición (comparto el fin pero no los medios), simulan una caída provocada por una acción ilegal del contrario que realmente nunca se produjo. El ejemplo típico, procedente del fútbol, es el del delantero que se deja caer en el área ante una supuesta falta, engañando al árbitro para que pite penalty, una acción que suele acabar en gol. Esta actuación, nunca mejor dicho, tiene más de teatro que de deporte, y de hecho sorprende la capacidad de algunos “piscineros” para interpretar padecer un dolor espantoso con creíbles gestos de sufrimiento facial. Pero todo es mentira. En la administración existe un arquetipo que de repente cae y se lleva las manos al tobillo (todo en sentido figurado pero alguna vez puede que literalmente), para a continuación coger una baja que en mi opinión es ofensiva para los varios millones de parados. Incomprensiblemente algunos médicos firman estos partes de baja, quizá para curarse en salud, nunca mejor (o peor) dicho. En ocasiones estas bajas se alargan (¿3 meses por un esguince?), o se empalma la del tobillo con una nueva de la rodilla. Todo un piscinazo.

Dicho todo lo anterior, bien es cierto que los arquetipos puros casi nunca existen en la realidad. En la práctica se mezclan. Pero esto no es bueno, sino más bien preocupante: ¿conocen algún Doctor No, parásito y medallas, que sea chismoso, compulso, pergamino y maléfico los pocos días que no está de baja? Dicho genio del mal existe. Doy fe. Precisamente nuestra próxima entrada es: “¿qué es la fe pública?”.

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3 thoughts on “10 (arque)tipos realmente tóxicos en una organización pública

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