“La otra” contratación electrónica (Smart City)

Mucho hemos hablado -y lo seguiremos haciendo-, de licitación electrónica, pero dice la Ley de contratos que las fases de un contrato son preparación, licitación-adjudicación, efectos o ejecución y extinción (por cumplimiento o resolución). Siguiendo con la tarea divulgativa (o “de traducción para todos los públicos”) de los entresijos de la administración que nos hemos autoencomendado, vamos a dimensionar adecuadamente el concepto “contratación electrónica”… La revelación de hoy, por así decirlo, es que el paso a electrónico del ciclo integral de un contrato (es decir, que sean electrónicas todas sus fases) supone al mismo tiempo el paso de una administración electrónica a una administración inteligente (Smart City, si esa administración es una ciudad).

En efecto, pocas cosas hay más importantes para la administración actual que implantar de una vez la licitación electrónica (legalidad, transparencia y eficiencia están en juego)… Pero tras la adjudicación, una administración electrónica debe propiciar la continuación también electrónica de las restantes fases de la vida del contrato, lo cual nos llevaría a formalizar electrónicamente el documento contractual –el momento de la perfección y eficacia del contrato es el de la firma de la última persona que deba rubricar-; pasando por la fase de ejecución del contrato, especialmente pensando en los servicios públicos, en la que las relaciones y comunicaciones recíprocas entre la administración y el ya contratista se realizan por medios electrónicos –las de datos son automáticas, las de texto son convenientes-, al tiempo que se facilita la correcta y eficiente ejecución (y control) del contrato mediante las llamadas plataformas de ciudad (desarrollaremos esta idea); y por supuesto la fase de pago, ya que, finalmente, concluida la obra, el servicio, el suministro o la prestación de que se trate a satisfacción del órgano contratante, se procederá a la formalización de este último trámite mediante la expedición de la factura electrónica acreditativa del pago realizado. Con ello se cierra el círculo. La administración electrónica o es total o no es.

Y es que la contratación electrónica, en la mayor amplitud del concepto, no puede terminar en la fase de tramitación del expediente. Es sin duda esta primera fase –que a su vez agrupa dos: preparación y adjudicación (o si se quiere: tramitación y licitación electrónica)- la que se identifica más directamente con la administración electrónica mientras que la fase subsiguiente, la de ejecución del contrato adjudicado y firmado, se adentra claramente en el terreno del servicio público, el cual, si se presta también de forma eficiente, experimenta una gran mejora en cuanto a calidad y rentabilidad. Desde este punto de vista la contratación electrónica consistiría en el establecimiento de plataformas basadas en sistemas automáticos de información o monitorización del servicio, de forma que siguiendo el análisis extraído de dicha información ello permita replantear el propio servicio a fin de mejorarlo. Quizá no deba pasar el autobús a las 5 de la mañana, porque el coste es muy superior al número de usuarios, pero en determinadas épocas del año son precisos servicios especiales. Asimismo, quizá podamos prescindir también de la recogida de contenedores del domingo por la tarde, porque el lunes a las 5 de la mañana están más llenos y la recogida causa menos molestias porque los camiones no coinciden con los coches, ni siquiera con los autobuses porque acabamos de decidir que el servicio “arranque” a las 6 A.M (es importante este nivel de coordinación entre los servicios). Pero para tomar todas estas decisiones necesitamos los datos del servicio. Se procurará que las empresas concesionarias incorporen las últimas TIC, como los sensores o localizadores inalámbricos, así como otras medidas que fomenten la economía y el medio ambiente. Las mismas contratistas serán las que vuelquen los datos del servicio en la plataforma, si bien lo ideal es que la administración los obtenga directa y automáticamente a través de los centros de control. Cuando todo es electrónico estos datos van y vienen, y por supuesto se utilizan para tomar decisiones orientadas a mejorar el servicio en términos de calidad y eficiencia. A esto le llamamos Smart City.

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