No dejemos que maten el deporte

Cada vez que muere una persona dentro del contexto de un evento deportivo (como Francisco Romero), cada vez que muere un deportista (como Jesús Rollán o Yago Lamela), cada vez que un deportista o directivo hace trampas (doping, primas, sobornos, apuestas…), y cada vez que el dinero prima sobre los valores, muere un poco del deporte… No dejemos que maten el deporte, porque es lo mejor que tenemos y el mejor legado que le podemos dejar a las generaciones futuras. Y como la mejor “medicina” es la preventiva, listamos a continuación una serie de actuaciones tendentes a salvar el deporte de los males que lo azotan, que por desgracia son muchos y muy poderosos. En consecuencia, a continuación exponemos 6 medidas estratégicas para regenerar el deporte.

1.- Erradicar la violencia del deporte. El Frente atlético, ya expulsado, por fin, del Calderón, era (y supongo que sigue siendo) un grupo de ultras radicales particularmente violento. No me sirve aquello de “son solo unos pocos y pagan justos por pecadores”, porque si yo fuera un aficionado del “Atleti” no querría ni por asomo que se me relacionase con semejantes energúmenos. La Presidencia del club, de manera un tanto cínica, siempre ha criticado su violencia mientras por otra parte se congratulaba de lo mucho que gritan y animan, lo cual ha ablandado más a la autoridad atlética (que a la madridista con los Ultra sur o a la barcelonista con los Boixos) a la hora de reprobar a esta peña de nazis incontrolados. Mal hecho, porque ahora ha muerto una persona, y desde luego tampoco me vale eso que dicen de que el fallecido “tampoco era un angelito”. Nada más alejado de los valores del deporte que la violencia gratuita y las peleas a muerte entre aficiones. Particularmente en el fútbol hay muchos y muy lamentables antecedentes de esto. En fin. Por ser el de más rabiosa (y triste) actualidad, y para no saturar más tras el bombardeo mediático recibido en los últimos días, poco más añadiremos. Valga como colofón, eso sí, este excelente artículo que suscribimos en su totalidad y que complementa a la perfección el que nos ocupa (o viceversa): Medidas para erradicar la violencia en el fútbol (vía elmundo.es)

2.- Integrar a los exdeportistas en la sociedad.  Creamos y destruimos mitos. No tenían que haber muerto ni Marco Pantani ni los mencionados Yago Lamela o Jesús Rollán, ni otros… Hablamos de personas que seguramente han comedido errores en su vida personal o profesional, pero a los que la dura sociedad no ha tratado bien en su debacle deportiva y mucho menos en su reinserción como “personas normales”. Otros no han fallecido pero viven en el umbral de la pobreza. No son tan “privilegiados”, excepto unos pocos que sin embargo son menos de los que pensamos. Salvo los superclase (o los que, con mucho esfuerzo, compaginan el deporte de élite con estudios superiores), pocos ganan tanto como para vivir toda la vida del dinero acumulado en 10 años. La mayoría de exdeportistas profesionales viven en un mundo que prácticamente les obliga a reventar su cuerpo para superar los límites de la capacidad física humana, que les impide asegurar su futuro académico y laboral porque la gloria deportiva exige entrenar 10 horas al día, y que les hunde socialmente con tanta celeridad o más que la que emplearon en ensalzarlos. Son consumidos y regurgitados por la afición, por esa sociedad experta en crear y destruir mitos del mundo del deporte, de la música o del cine. Pero no son mitos, son personas. Al final, con 40, ó 50 ó 60 años, no queda nada: ni dinero ni cuerpo ni alma. Sé que ahora mismo estamos más en el plan de que “cada palo aguante su vela” que de ser compasivos, pero alguien tendría que ayudarles… y algunos pocos lo hacen. Por mencionar los casos que conozco de cerca, el Valencia CF ayuda o ha ayudado a alguno de sus ex jugadores más destacados. No diremos nombres pero uno fue, digamos, nada menos que el Cristiano Ronaldo de entonces. Habrá gente que esté en desacuerdo (¿por qué no se ayuda a otras personas igual o más necesitadas?), pero ojalá todas las empresas apoyaran de alguna manera (no hablo solo de dinero) a sus extrabajadores, al menos a los que más les han dado. Podría llamarse humanidad pero también agradecimiento.

3.- Erradicar el dopaje del deporte. Está claro que un ser humano no puede salvar la vida prácticamente in extremis tras pelear con un terrible cáncer y, después de sobrevivir, ganar tranquilamente 7 Tours de Francia. Tampoco es físicamente natural que un pívot de 130 kg aguante el ritmo de 5 partidos a la semana (más viajes, más entrenamientos) durante 10 meses, corriendo todas las noches varios kilómetros a ritmo de 100 metros en 11 segundos y saltando más de 1 metro en vertical unas 50 veces por partido. No es el momento de enumerar los cientos de casos de positivos por sustancias prohibidas en el deporte profesional. Somos conscientes de que el nivel de exigencia es brutal pero partimos de una premisa que aunque es uno más de valores del deporte, prácticamente es la piedra angular si hablamos de competición: no hacer trampa. También tiene que ver con la protección de la salud del deportista, por supuesto, ya que una de las consecuencias del dopaje es el llegar muy mal, o no llegar, a las edades maduras de la existencia. Otra lectura de este problema: esas otras drogas, las que no necesariamente mejoran el rendimiento o incluso lo empeoran, como las que tomaba Maradona y que se ponen muy al alcance de los ricos y famosos, deportistas o no.

4.- Mejorar los controles médicos y proteger ante todo la salud del deportista. En relación con lo anterior, y sin perjuicio de los necesarios controles antidoping, el deporte de élite supone un nivel de exigencia que redefine los límites de la resistencia humana y pone en constante peligro la salud e incluso la vida del deportista. Incrementemos pues los controles médicos, y no ya solo para deportistas profesionales, sino también en el deporte amateur, aficionado, y el de las categorías inferiores. Muchas personas pueden vivir perfectamente sobrellevando problemas cardiovasculares, o respiratorios, o neurológicos, pero morirían si llevan su cuerpo al límite. Si la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana no hubiera suprimido el examen médico obligatorio de principio de temporada probablemente no habría fallecido en pleno partido la jovencísima jugadora del CB Benidorm. No es el primero ni por desgracia será el último caso de muerte súbita en el deporte. Y en este apartado añado un consejo: soy el primero que avala, anima, e incluso aplaude, el deporte aficionado, pero no seamos brutos y guardemos algo de energía para regresar enteros a casa o para levantarnos al día siguiente sin horribles dolores de espalda o de rodillas. El deporte es saludable en su justa medida. Si usted es un oficinista de 55 años y un pelín de sobrepeso practique con moderación, porque le aseguro que ya no entra en la lista para Río 2016, y tampoco vive de esto como para esforzarse al 200%. Valga el consejo por cierto para mí mismo, no vaya a ser que alguien me recuerde el refrán de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”, y además tenga razón.

5.- Desvincular, en la medida de lo posible, la burocracia deportiva (COI, FIFA, FIBA, Ministerios y Secretarías de Estado para el Deporte…) del negocio económico. Nadie que piense más en el deporte y el deportista que en el dinero puede entender que se celebre una competición deportiva de primer nivel en Qatar. En este momento, una vez elegido ya este país como sede para el Mundial 2022, ya se habla, con razón, de trasladar la competición al invierno para evitar las temperaturas de 50º del verano qatarí. Esto supondría parar todas las competiciones en el ecuador de las mismas, machacar física y mentalmente a los deportistas y, ya puestos a pensar en el dinero, seguramente producirá pérdidas (no para Qatar, pero sí para las ligas y los clubes). Tampoco me convence mucho que un país particularmente pobre como Brasil organice un Mundial y unos JJOO en apenas 2 años. No sé exactamente cómo se toman estas decisiones para la elección de las sedes, pero cada vez está más claro que influyen razones políticas o económicas. Política y dinero encajan mal con los valores tradicionales del deporte, pero es evidente que ambos aspectos se encuentran totalmente enquistados en los Comités y Federaciones internacionales. En España ha habido o hay algún Presidente de alguna Federación deportiva particularmente oscuro. La corrupción es uno de los grandes problemas de la sociedad de modo que fuera corruptos, y por extensión, fuera Directivos del deporte corruptos, o simplemente ineptos.

¡Valores!
¡Valores!

6.- Inculcar los valores del deporte en la sociedad, especialmente en la infancia y la juventud. Puede que sea la más importante, porque es la más “preventiva” de todas, la que inculca en los niños, desde pequeñitos, los valores que inspiraron, o aún inspiran, las hazañas deportivas de los grandes (Michael Jordan,  Miguel Indurain, Rafa Nadal, Mireia Belmonte…), para que, de mayores, sean, no solo nobles deportistas, sino también honrados banqueros, o solidarios enfermeros, o trabajadores funcionarios, o amigables conductores de autobús. O políticos decentes… Todos ellos tendrían valores éticos profundamente arraigados desde la niñez. Hasta los directivos del deporte serían menos gordos y corruptos si desarrollan una cultura física y mental apropiada. Todo ello es absolutamente independiente de que el niño, educado en estos valores, alcance o no el nivel deportivo profesional, algo que no es nada fácil. Por eso son tan importantes iniciativas como la Rafa Nadal Academy, una instalación en la que convivirán cuatro áreas para la formación y desarrollo de jóvenes como son la Educación, el Deporte, la Cultura y la Salud, y que está prevista que comience su actividad con un campus de verano en el año 2016  (fuente: elmundo.es; más información http://www.fundacionrafanadal.org/). No hay nada más transversal que el deporte, ni una política pública, hablando de gobiernos y administraciones, más completa que la del fomento del deporte, la cual acumula más efectos beneficiosos para la sociedad que ninguna otra: protección de la salud (física y mental), protección de la infancia, integración y lucha contra la desigualdad, afán de superación, prevención de la delincuencia y de la droga, rehabilitación física y social de las personas accidentadas con lesiones graves, fomento de la ética (y de la colaboración, y de la solidaridad….), entre otros. Y hablando de Ayuntamientos, ningún proyecto de Smart City debería dejar de lado estas políticas públicas, unidas e integradas por el hilo conductor del deporte… que es lo mejor del mundo.

Y fin del artículo. Ahora, váyase usted a correr 10 km (o a andarlos, o a nadarlos… o 5, va).

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