Que haya paz de una vez

“Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”  Jean-Paul Sartre

Por favor, que haya paz de una vez. Si el ser humano no aprende a convivir consigo mismo desaparecerá como especie mucho antes de lo previsto. Esto podría ocurrir si no superamos el odio, la manipulación y la anteposición de los intereses económicos sobre los derechos humanos. A cambio, pedimos mayores dosis de humanidad, inteligencia, solidaridad… En especial pedimos solidaridad, “conciencia colectiva como especie”, a los países más ricos, que en este momento no solo no son solidarios con el resto de naciones, sino ni siquiera con los barrios, los sectores y las personas más pobres del propio territorio, por lo que dudosamente pueden sacar pecho.

Nunca debió haber comenzado, y ahora acaba, por fin, el “conflicto de Gaza”. Mira que a los políticos y a los medios le gustan los eufemismos; yo le llamo conflicto a una discusión con el empleado de atención telefónica de Iberdrola cuando me dice, casi exactamente, que me va a cobrar por respirar porque eso genera ondas eléctricas. Ahora acaba (¿lo hace?) el “conflicto” de Gaza… ¿para qué ha servido? Miles de muertos y amputados, muchos de ellos niños, familias destrozadas, ciudades irrecuperables… A todo eso algunos le llaman daños colaterales ¿De verdad piensan que realmente era necesario? Ahora acaba este “conflicto”; antes hubo muchísimos más, y en el futuro no deberían repetirse aunque por desgracia lo harán. Y todo para nada. Bueno sí, para que algunos sectores políticos o económicos mantengan o amplíen su poder.

Por supuesto no soy la primera persona que denuncia esta situación, este gran mal de la Humanidad. Se suele ver en estas manifestaciones críticas un tinte político. Quizá porque incomodan a algunos. Pero nada más lejos, al menos en esta ocasión. La presente reflexión no es más que lo que parece: un deseo puro y sin mezcla expresado en el altavoz de Internet, en este caso a través de un blog que tiene algún que otro lector. Que no se malinterprete, porque de las malas interpretaciones, de las susceptibilidades, vienen parte de estos conflictos: “yo creo que me atacas y me defiendo”. Otra conducta francamente necia es el “y tú más”. Me parece patético que, siguiendo con el ejemplo de los bombardeos en Gaza, determinados sectores políticos o personas con intereses de este tipo lo hayan utilizado con segundas finalidades más allá de la estricta y necesaria denuncia pública del asesinato de inocentes. Y ojo, que más patética aún es la respuesta de “pues en Siria matan cristianos, eso sí que está mal”. A veces leer los comentarios en las RRSS causa cierta sensación de náusea. El presente comentario está totalmente desprovisto de color o afinidad política (¿acaso la necesita? ¿hay que ser de un partido para condenar la guerra y pedir la paz?). Todas las guerras son horribles por igual, porque generan dolor y sufrimiento por y para nada. Todas sus consecuencias son nefastas, y de ellas no sale nada bueno, al menos para la mayoría de las personas, los alejados de la oligarquía que las trama.

Estamos en el ya bien entrado siglo XXI, pero en realidad nada ha cambiado desde que el ser humano adquiere verdadera inteligencia y con ella viene la codicia de matar por motivos distintos a la caza y la supervivencia. Todo comienza pues en la Prehistoria pero realmente adquiere su carta de naturaleza con las grandes civilizaciones antiguas. Desde entonces (Egipto, Grecia, Roma…) hasta la actualidad, pasando por la España del siglo XVI, la Francia o la Inglaterra del XIX, la EEUU del XX, o la propia Alemania nazi, la motivación casi siempre ha sido la necesidad de dominar el mundo a mayor gloria patria por razones políticas, religiosas, raciales-genéticas, culturales, o económicas, o bien por una combinación de todas o varias de ellas, e incluso en ocasiones por (supuesta) venganza o simplemente sin razón alguna pero esgrimiendo cierta necesidad persecutoria de defenderse “antes de que el otro ataque”. Una vez que alguien con la capacidad para manipular o el poder para ordenar concebía una de estas razones, miles o millones de acólitos seguían a su líder “a la muerte”, siendo el líder curiosamente el último que moría, cuando moría… Y es que en todo imperialismo debe haber un Emperador, y claro, para eso deben morir los otros y él permanecer sano para gobernar y seguir satisfaciendo sus ansias de poder.

Se formaban vastos ejércitos para conquistar primero las tierras fronterizas (ampliando estas fronteras) y luego las fronterizas con las nuevas fronteras. El que daba primero daba dos veces, sobre todo tras la “profesionalización” de los ejércitos, con formación castrense y cada vez mayor experiencia, que encontraban cierta dificultad en vencer a otros guerreros –por ejemplo los romanos nunca dominaron por completo a los pueblos bárbaros- pero ninguna en aplastar aldeanos, agricultores o simples indígenas. Estas colonizaciones fueron verdaderas masacres, y hoy día aún veneramos en los libros de Historia a los crueles exterminadores que adornan nuestras calles con estatuas ecuestres. Se suele identificar a los grandes héroes de la Historia con los responsables de las mayores hazañas bélicas, que aún en el caso de una batalla igualada, y sobre todo por razones que encierran una cierta nobleza como cuando se ha intentado repeler a un invasor (es decir, en defensa propia, que es la única justificación que conocemos para utilizar la fuerza), pueden tener su nivel de mérito, pero no cuando se barre a placer a una civilización menos avanzada y sobre todo desarmada. Esto, desde luego, no es una gran hazaña.

“No hay grandeza donde faltan la sencillez, la bondad y la verdad.” León Tolstói (Guerra y paz).

Tanto da el momento de la Historia que elijamos, porque como decimos nada ha cambiado. O quizá, sí, pero poca cosa, matices… Los estados modernos, ya organizados, crean el Ministerio de la Guerra. Ahora se le llama Ministerio de Defensa. Se trata de otro eufemismo para referirse en realidad a lo mismo. En aquella época al menos no eran tan hipócritas. No todas las milicias son belicosas y negativas. Hay que valorar la importante labor humanitaria de algunos cuerpos militares, sobre todo de los cascos azules de la ONU quienes realmente se denominan “Fuerzas de paz”. Y lo son . Otros ejércitos, sin embargo, no son para nada de la paz. Nos referimos ya bien a algunos ejércitos nacionales, por el carácter bélico o radical de los gobernantes de sus países; o bien a los ejércitos extraoficiales de mercenarios o terroristas que sirven a cualquier causa excepto desde luego la paz. Todavía quedan muchos ejércitos de este tipo en el mundo, y aunque se habla de desarme nadie quiere ser el primero en “desprotegerse” por si el Presidente chino, o el americano, o el ruso, cruza los dedos cuando prometa públicamente la eliminación de las fuerzas de guerra y la destrucción de las armas. Armas que por otra parte ya no son las hondas, ni las piedras, ni las espadas, ni las flechas, ni quisiera las ametralladoras de antaño… Se las llama, y con razón, “de destrucción masiva”. En la actualidad existen varios países con capacidad suficiente como para destruir el mundo entero en pocos segundos. Suena aterrador pero así es (armas nucleares de nueva generación, armas químicas y biológicas…). Si a uno de los que puede apretar el botón se le va la cabeza no sé para qué queremos el resto de las armas porque no habrá capacidad de reacción. En consecuencia no habrá una nueva gran guerra, o en todo caso si la hubiera sería muy corta. Y la última.

Tecnología: bien utilizada es muy buena, mal utilizada es muy mala (Foto tomada en las instalaciones del Sincrotrón ALBA de Cerdanyola del Vallès, Barcelona)
Tecnología: bien utilizada es muy buena, mal utilizada es muy mala (Foto tomada en las instalaciones del Sincrotrón ALBA de Cerdanyola del Vallès, Barcelona)

La segunda guerra mundial fue la última gran guerra que involucró al mismo tiempo a un gran número de países. Es como decimos muy improbable que vuelva a ocurrir algo así. El detonante fue un nacionalismo racial, violento y radical como otros que por desgracia había conocido la Historia, pero fue una guerra mucho más devastadora por realizarse con las armas modernas del siglo XX, algunas de ellas basadas ya en esta nueva ciencia que, vergonzosamente, no se utilizó para crear o curar, sino para destruir. En realidad, casi siempre subyacen en las guerras los nacionalismos. El patriotismo fanático, el chauvinismo, es uno de los fenómenos que más enfrentamientos ha generado en la Historia, y aún genera día a día (“los míos” contra “los otros”, los “buenos” contra los malos). Creo que hasta el día en que nos invadan los extraterrestres no nos vamos a dar cuenta de que somos todos iguales. Como decía el gran Unamuno, este pensamiento exaltado se rebaja viajando. Conocer otras culturas pone en su lugar a la nuestra. Volviendo a las civilizaciones antiguas, que no solo eran bélicas sino que también tenían por supuesto su parte buena (pintura, arquitectura, Derecho…), cuando uno regresa por ejemplo de Roma o Atenas, o de la muralla china, el patrimonio histórico de su ciudad no puede soportar la comparación y de repente la catedral gótica parece menos antigua y hasta más pequeña. En mi opinión viajar también cura la soberbia, el exceso de ego que tienen algunas personas o incluso algunos pueblos en ciertas dosis o porcentaje. Cuando uno viaja es un foráneo, un invitado, y en este rol su actitud tiene que ser humilde. Cuando se viaja hay que decir muchas veces “please”, y “thanks”, y “sorry”, y “excuse me”… Son palabras humildes que además se deben expresar en un idioma casi siempre distinto al nuestro. Creerse el mejor, el más importante, el más guapo, el más puro, el de mejor cuna o arraigo, el ombligo del mundo, es un error mayúsculo, error que en el siglo XXI es mucho más grave que en la Antigüedad, porque hoy tenemos acceso a la información y a la cultura, y ya sabemos, por ejemplo, lo grande que es el mundo; y cuando decimos “mundo” no solo nos referimos al planeta Tierra, sino que pretendemos hacer buena la reflexión cósmica de E. Punset:

Una de las primeras cosas que descubrimos –hace nada menos que 400 años, pero como si no– es que ni el planeta ni nosotros mismos somos el centro del universo; andamos subidos a 250 kilómetros por segundo en un planeta de una estrella mediana en la parte exterior de uno de los billones de galaxias existentes. Y, no obstante, ¿cuántas personas siguen creyéndose que son no sólo el centro del universo, sino el ombligo del mundo? (See more)

Volviendo a nuestro planeta, no nos cabe duda de que política y socialmente avanzamos hacia un mundo cada vez más globalizado (en el sentido malo pero también en el bueno, que lo tiene, de la expresión), por la propia inercia de las comunicaciones, las telecomunicaciones y la demografía. Se deben abrir las puertas al aún llamado “tercer mundo” de una vez, e integrarlos, porque los necesitamos tanto o más que ellos a nosotros. Ojalá un día no haya un “ellos” y un “nosotros”. Aún falta mucho para ello pero la tecnología de acceso gratuito y universal (¿para qué cobrarla si ofrecerla gratis reporta mayores beneficios?), y sobre todo un importante cambio de mentalidad, pueden ayudar. Últimamente me ha decepcionado bastante la ONU pero como antecedente no está mal, pues el día que haya una especie de gobierno mundial se solucionarán automáticamente el 90% de nuestros problemas, especialmente los relacionados con las guerras entre naciones o culturas. Tenemos un nuevo enemigo común: el deterioro del medio ambiente. La supervivencia de la especie humana está en juego y supongo que el día que nos demos cuenta nos pondremos todos en el mismo bando… O desapareceremos.

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