Rocky Balboa

Rocky Balboa es un personaje de ficción, protagonista de las seis entregas de la saga de filmes de “Rocky”, el primero de los cuales está considerado la mejor película sobre tema deportivo de la Historia, como así lo demuestran sus numerosos galardones, incluidos 3 Óscars…

Este tosco boxeador se aleja de los personajes habituales interpretados por Sylvester Stallone, dicho sea de paso una de las personas más inteligentes de Hollywood. En efecto, comparte con aquellos otros personajes su físico musculoso, pero Rocky no es tan fuerte de carácter, ni tan listo, ni tan decidido, ni tan líder, ni tan “macho”… De hecho Rocky Balboa, aunque sea el mayor campeón de la Historia del boxeo en el mundo imaginario de la saga -en la que otros actores como Carl Weathers, Dolph Lungrend y Mr.T son grandes boxeadores y sus terribles rivales-, ni remotamente es el que reúne las mejores condiciones físicas y técnicas para el deporte del boxeo… Es bajo y delgado para un “peso pesado”, no es excesivamente rápido, su técnica no está del todo pulida, y su guardia suele estar baja…

Pero Rocky acaba venciendo a todos, muchos de ellos, como decimos, mejores que él “sobre el papel”.

Y lo hace porque nunca se rinde. Además de una preparación dura y a conciencia, el día del combate decisivo Rocky muestra y demuestra a su rival que nunca va a ceder, salvo en el momento de la muerte. No antes. No de otra manera. El “potro italiano” suele recibir muchísimos más golpes de los que da, ya que no tiene una gran defensa, incluso a veces la descuida a propósito. Pero él nunca cae y sus pesados rivales se van desgastando. No es el más fuerte pero sí el más resistente. Pruebe a golpear un saco durante una hora, al final se le cansarán los brazos y el saco seguirá ahí cuando usted se vaya a la ducha o a por Thrombocid

A los funcionarios, en este momento, nos toca aguantar. Nos atacan y aunque desde luego podemos y debemos defendernos (Rocky también suelta el brazo de vez en cuando), lo que en mi opinión debemos hacer es agotar a los diferentes enemigos -y amigos- que por desgracia nos atacan vía gancho y directo. Algunos dirigentes políticos quieren crear un ejército de zombis o “siervos a la carta” que flaco favor le hacen ahora mismo al sistema; algunos “compañeros” bailan al son de esta jota, lo cual es por cierto de vergüenza ajena; parte de la ciudadanía, incluyendo alguno de los que se forraron con el ladrillo y también algún empresario con el dudoso honor de ser más corrupto que los políticos, nos acuchillan socialmente. Yo nunca pediré perdón por ser funcionario, que lo tengan claro. Creo en el servicio y en los servidores públicos objetivos y profesionales.

Pero para creer y tener fe en los empleados públicos profesionales debemos ser empleados públicos profesionales. Nos pide el EBEP objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental, y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres, entre otras cosas…

Parece complicado discutir cada uno de estos principios, los cuales suscribo al pie de la letra, pero leyendo rápido y de una sola vez el párrafo anterior da la sensación de que los empleados públicos en España deberían ser perfectos, según la Ley. Nadie pide eso, y es que no debemos ser como Superman, porque efectivamente no somos perfectos. Por supuesto tampoco se exige ser como ningún otro superhéroe, aunque fuera menos poderoso que el kryptoniano. Ni siquiera se exige ser un héroe. Pero sí un antihéroe, como Rocky Balboa. Un profesional imperfecto que se deja la piel y gana. Como sabe de sus limitaciones se esfuerza al máximo porque si luchara un poco menos perdería. No sé vosotros, compañeros, pero yo a estas alturas no tengo la más mínima intención de dejarme vencer por un sistema diseñado para machacar a los funcionarios, empezando por los propios funcionarios que con su actitud apática o política, valga la cacofonía, se lo ponen en bandeja a los que nos consideran prescindibles. Se ve que no se han enterado de lo que ha pasado en Grecia.

Y es que para ser dedicados, transparentes, ejemplares y austeros, para ser en definitiva buenos profesionales, se precisan en este momento nuevos conocimientos y aptitudes, no ya solo informáticos y teóricos, que también, sino otros hasta ahora prácticamente inéditos como las técnicas de motivación, comunicación y negociación; la psicología organizacional y social; y todo un listado de anglicismos: open government, e-goverment, e-procurement, bechmarking, nudge, community manager, coaching, branding, smart city… Y en un ámbito más “de directivo público” la planificación, el team leadership, el team management y algún otro anglicismo más que podríamos añadir. Y para ello hay que formarse, porque que yo sepa ninguna de las citadas eran asignaturas del colegio ni de la facultad hace 15 ó 20 años… Debemos actualizarnos, aprender, rendir, trabajar, mejorar, y todo para estar en la mejor disposición de aguantar los envites. Alguien dirá: me niego. Sí, sin duda lo dirá, pero luego también deberá ser igual de bravo para asumir lo que pase después. Y pasará…

Podemos pensar que la clase política, particularmente la que gobierna en los diferentes niveles de la administración, no da precisamente buen ejemplo como para pedir “ejemplaridad”; podemos decir que es objetivamente corrupta, baja, nefasta… Y lo es, pero eso solo significa que aún tenemos más importancia nosotros, los funcionarios, digamos que “para compensar”. Somos una pieza clave del sistema, pero hay que demostrarlo. No corren buenos tiempos, pero hay que aguantar. Rocky Balboa recibía muchos más golpes que los que daba, pero al final el rival se agotaba y solo él quedaba en pie. Y lo hacía como consecuencia de su fortaleza mental y de un magnífico trabajo de preparación, a partes iguales. In fine: que nos den, que ya se cansarán. Nosotros a lo nuestro. Sí al servicio y al empleo público profesional.

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