Sigue habiendo una fuerte resistencia al cambio, pero tiene los días contados…

El cambio en la administración y, cómo no, sus resistencias. Observo que las hay. Por supuesto las de algunos funcionarios, inasequibles al desaliento (y que ya me caen medio simpáticos), que miran el calendario de la pared y les aparece el jueves 19 de julio de 1984.

Y observo, sobre todo, resistencias políticas. Pero si las instituciones y los propios políticos se quieren relegitimar deberían desmarcarse del modelo de antaño de “reparto del pastel”, y deberían asimismo renunciar a la política los que defiendan intereses particulares y no el interés general, dejando paso a buenos o como mínimo bienintencionados gestores con verdadera vocación de servicio público. Defendemos también un sistema electoral de listas abiertas (para todos los procesos electorales: Estado, CCAA y sobre todo entidades locales), y la superación, de una vez por todas, de la dicotomía izquierda y derecha, rojos y azules. Eso ayudaría. Las decisiones y medidas que se aplican en la moderna gestión municipal buscan esencialmente la eficiencia del servicio público, y por tanto están y deben estar por encima de esta retrógrada disyuntiva (“La nueva democracia: municipal, a través de la participación económica y tecnológica”, La opinión de Víctor, junio de 2012). Debe participar la gente, y deben participar los funcionarios, que son profesionales que “saben de lo suyo”. En cuanto a los directivos técnicos habría que redefinir su perfil: yo (por ejemplo) no soy de ningún partido, y me niego a sacarme el carnet para tener un puesto o un sueldo más alto a cambio de “asesorar a la carta” o defender algún interés que no sea el general. Así de claro. Siempre diré lo que es legal y un político moderno debería ver que eso es lo que más le conviene. No estoy inventando la rueda, por cierto, se puede comprobar que en todos los países que no son Repúblicas bananeras el sistema funciona exactamente así.

"europeización"
“europeización”

Pero el tiempo pondrá a cada uno exactamente en su sitio. No voy a ocultar mi debilidad por el maravilloso libro The Time Machine, de H.G.Wells (1895, Ed. Heinemann), cuya versión cinematográfica se tradujo curiosamente al español como “El tiempo en sus manos” (USA, 1960). Se trata de una excelsa obra de ciencia ficción, pero también de una crítica política y social en toda regla. Imaginar el destino de la Humanidad es uno de los ejercicios mentales más apasionantes que uno pueda abordar, pero no deja de ser eso, un mero ejercicio, una divertida especulación que puede cumplirse en un 90, un 40 ó un 0% en el futuro. Y es que, para bien o para mal, el ser humano se forja su propio destino y por tanto somos los dueños del mismo. Personalmente no creo en el determinismo, ni mucho menos en el fatalismo de los mitos griegos o nórdicos, en los que el héroe ya conocía los detalles de su muerte prácticamente desde su nacimiento. Qué horror. Como se dice en un anuncio de una conocida marca de refrescos (cuyas campañas de publicidad son por cierto brillantes): “la única estadística cierta es que nosotros hacemos las estadísticas”.

Es por ello que en lo que respecta a nuestra propia evolución política y social, de nosotros depende si las guerras y otras decisiones estúpidas nos llevan a separarnos en dos razas a cual más denigrante (Eloi y Morlocks) o si por el contrario realmente el futuro es un lugar fabuloso en el que la mayoría de personas son felices dentro de un sistema social justo y humanista, en el cual los principales problemas actuales de la sociedad están superados. Tomemos, pues, decisiones inteligentes. No sé si un futuro tan idílico es posible pero sí estoy seguro de que el presente es muy mejorable. Sugiero pues que empecemos por mejorar el Gobierno y la Administración, pilares básicos del sistema democrático, así como el resto de instituciones públicas, incluyendo el Poder Judicial. Es el momento de dar el salto hacia el Estado Social y Tecnológico de derecho, el gobierno abierto, la contratación electrónica, la eficiencia y excelencia en el servicio público, las ciudades (o municipios de cualquier tamaño) inteligentes, la Green IT …; y a nivel territorial hacia la localización, la europeización y la globalización. Sinceramente, pretender otra cosa pasa por ser un poco memo o tener ganas de fastidiar. Quizá las dos.

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