El poder de la red versus nuestro propio poder

Subtítulo: “Apología del autocontrol frente a la sumisión ante la avalancha virtual”.

Internet es francamente poderoso, y tan peligroso como fantástico… El consejo por adelantado, queridos lectores es: CONTROLAD, QUE NO OS CONTROLE.

Este es un tema que nos preocupa, y sobre el que ya hemos advertido varias veces. A modo recopilatorio de todo lo expuesto, posiblemente la entrada más completa y significativa sea “De los peligros de la red (y cómo defenderse)”. Lo más importante que entonces dijimos, o al menos lo que ahora interesa subrayar es:

  • Nos hallamos en un peligroso periodo transitorio en el que “nadie controla”, porque los adultos no nos hemos desayunado en la vida con esto y los niños evidentemente carecen de madurez –por cierto, nunca ha habido tanta obesidad infantil (muy significativa la gran película Wall-e)-. Ante tal situación el consejo más sensato es pues la cautela. Estamos ante uno de esos casos en los que más vale pecar por omisión que por acción. Lo último podría no tener marcha atrás.
  • Al diluirse, nuestra mirada se debilita y pierde la agudeza del juicio crítico. Al enturbiarse, nuestra mirada se convierte en una actitud: consumo, no creación, proximidad confusa y fusional, más que democracia
  • Los primeros que atacamos nuestro derecho a la intimidad y al honor somos nosotros mismos, aireando documentos, informaciones y cuestiones personalísimas que a nadie importan y respecto a las que tenemos mucho que perder (a nivel personal, laboral…) y absolutamente nada que ganar. Y es que, como recuerda el Gerente del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación, antes de subir una fotografía a Internet hay que pensárselo muy bien. Sensatez, por favor, que al Jefe o al responsable de RRHH nada le interesan nuestros michelines en la playa o nuestras cogorzas de los sábados.
  • Debemos evitar incurrir y que otros incurran en los verbos mentir, manipular, instigar, injuriar/calumniar, e incluso ligar (en principio nada hay de malo en ello… salvo que se haga precisamente mintiendo, manipulando, instigando e injuriando; nunca dejará de sorprenderme cómo una persona puede sentirse más unida a la foto de un torso masculino políticamente afín o una silueta femenina que copia frases de autoayuda que a su pareja o su familia). En definitiva, maneras hay de combatir estos actos como mínimo antiéticos: el webmaster, el juez y la propia Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico, de la cual ya hay jurisprudencia
  • Hemos mencionado la “sextorsión”, pero sin duda una de las partes más negativas de la cibersociedad es el desarrollo de todo un catálogo mucho más amplio de ciberdelitos, como el phishing, el spam, el bulling y varios tipos de fraudes… En definitiva un sinfín de nuevas (o “reinventadas”) conductas antijurídicas de las que evidentemente nos debemos proteger de forma preferentemente preventiva.

Y ahora seguimos. Se hace eco una de nuestras fuentes habituales (La nueva ecología de lo tecnológico, El País 08/07/13, artículo de Roberta Bosco) del documento Yelp, cuyo video adjuntamos ut infra:

He visto las mentes mejores de mi generación distraídas, tecleando,maileandotuiteando, arrastrándose de madrugada entre enlaces de Google, en busca de un chute de información…”. La hipnótica voz de Peter Coyote declama Yelp, una reinterpretación actualizada del mítico poema de Allen Ginsberg, Howl, en un vídeo de Tiffany Shlain y Ken Golberg. Ella es la fundadora de los Webby Award, los Oscar de la red y él, el autor de pioneros y emblemáticos proyectos de arte interactivo, como Telegarden de 1994, un jardín colaborativo en el que todos podían sembrar y cuidar sus plantas mediante un brazo robótico, a través de Internet.

Resulta revelador que dos personajes clave para el desarrollo de la cultura digital, también sean pioneros de una nueva ecología de lo tecnológico. “Desde 2010, cada viernes al atardecer desenchufamos todos nuestros aparatos durante 24 horas. Los beneficios del nuestro particular Sabbath tecnológico han sido tales, que decidimos difundir la iniciativa a través del Sabbah Manifesto y The Day of Unplugging”, explica Shlain, directora de Connected, multipremiada película que ilustra lo que significa estar conectado en el siglo XXI, a través de una insólita combinación de animación, vídeos caseros y material de archivo.

Otra fuente más que interesante a la que hemos tenido acceso es la entrada Los 10 efectos secundarios de Internet, por Pau Jené, fundador y CEO de la red social Geonick. Jené destaca mediante un atinadísimo decálogo los principales efectos secundarios que produce el (mal) uso de Internet. Resumo:

1. Adicción. (Que debemos superar, porque realmente) nunca nada es tan urgente y menos en el mundo digital.

2. Caos. Internet genera sobreinformación desde el momento en que todos hemos pasado a ser una fuente de información. En este caos todo es susceptible de ser fraude, mentira o error.

3. Superficialidad. La facilidad para emitir y recibir todo tipo de contenido multimedia desde y hacia todo tipo de dispositivos,  ha invadido la red de contenido banal y superfluo: textos, fotos y videos  lanzados sin un proceso previo de creación o reflexión, sino por el mero hecho de participar de la gran “fiesta social”, a la caza de escalar posiciones en el ranking de los “más sociales”.

4. Competitividad. La visibilidad de los contadores sociales del tipo “nº de amigos”o “nº de seguidores” ha creado una cultura de la ostentación social que estimula una constante competición en popularidad. Una popularidad que en la mayoría de los casos es una impostura practicada por usuarios avanzados y que no se corresponde con el mismo reconocimiento en el mundo real.

5. Virtualización. Cada vez vivimos más experiencias y emociones en un mundo virtual, a través de plataformas sociales, juegos online, sexo a distancia con dispositivos sensoriales o chats con supuestos amigos lejanos.  Pero pocas tecnologías o redes sociales nos ayudan a retomar el camino de vuelta. 

6. Prostitución vital. Nuestros datos personales son hoy en día la moneda de cambio más utilizada en internet. Las redes sociales presuntamente gratuitas tienen un precio escondido: nuestra privacidad.

7. Hiperconsumo. Las marcas comerciales han invadido internet y las redes sociales se han dejado colonizar.

8. Aislamiento. La conexión a plataformas online de todo tipo a través de múltiples dispositivos electrónicos (smartphones, auriculares, gafas, tabletas, …etc) nos aísla momentáneamente de nuestro mundo real y de nuestra vida en sociedad, conduciéndonos hacia un mundo virtual, con sus propios líderes, costumbres y leyes.

9. Ausencia. Estamos físicamente en el mundo real pero no estamos realmente presentes. En una conversación presencial algunas personas devienen en ausentes al conectarse desde su smartphone a una comunidad on-line, dejando a su pareja o amigo con la palabra en la boca.

10.  Brecha digital. Internet ha evolucionado muy rápidamente, se ha sofisticado y ha adquirido una gran popularidad social, sobre todo en la última década. Pero el acceso a internet no se produce del mismo modo en todas las personas ni en todas las sociedades, por razones de edad, de capacidad intelectual o física, por razones socioculturales o económicas. Se está creando una alarmante brecha digital, una escisión en el acceso, uso y conocimiento de internet, generando una desigualdad digital que nos perjudica a todos, pero sobre todo a los que se están quedando atrás.

Releo la escalofriante verdad que narra Coyote: “He visto las mentes mejores de mi generación distraídas, tecleando, maileandotuiteando, arrastrándose de madrugada entre enlaces de Google, en busca de un chute de información…”. Tremendo, sobre todo porque es radicalmente cierto, y aún por encima de esto porque las otras mentes, digamos “las peores que las mejores”, siguen fielmente el ejemplo de estos influencers, tanto da si lo hacen de manera consciente o inconsciente. Estamos perdiendo la conexión con el mundo que esta misma generación ha conocido y que, según yo mismo recuerdo, no era tan malo. Pero solo tenemos tarjeta amarilla, así que reaccionemos.

Y ya para acabar, como dijimos en nuestra entrada antes citada:

“Tenemos entre manos un poder superior al que podemos controlar… En definitiva, no es que las TIC sean malas per se (en realidad solo hay malos usos), y por supuesto no es que cualquier tiempo pasado fuera mejor (vid “Lo bueno y lo malo del progreso“), sino que hay que escoger lo mejor de cada época y vivir de la mejor manera posible con arreglo a nuestra experiencia acumulada. Es nuestra responsabilidad”.

Lo mantenemos, aunque matizamos la primera parte: por desgracia sí estamos ante un poder superior al que podemos controlar como colectivo, pero no al que puede controlar cada uno como individuo. Un buen uso de la red sería el relacionado con la actividad profesional y con el aprendizaje. Este uso no solo puede ser bueno, sino extraordinariamente bueno. Un mal uso cualitativo sería el del abuso (que precisamente se define como un exceso en el uso) de nuestra presencia privada, y cuantitativo, todo lo que sea pasar de cuatro horas de conexión sin contar el trabajo (para quien piense que cuatro horas es mucho y seguro que no llega, que vaya sumando los ratitos sueltos de conexión desde el móvil, eso sin ni siquiera contar el chateo innecesario por mensajería instantánea). In fine: controlad, y que no os controle. Hay una parte muy importante de la vida más allá de la pantalla; la más importante (y la más bonita).

Y para dar ejemplo, mañana martes 9 de julio de 2013 no tuitearé nada en todo el día. Digamos que renuncio a mi red más activa, la cual por otra parte tampoco había utilizado antes de 2010 y no me iba tan mal. Sugiero ejercicios de autocontrol (y autocrítica) similares. Acepta el reto y pon a prueba tu propio poder frente al de la red. A ver quien gana.

Hasta el miércoles pues. Estaré viviendo.

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