La nueva forma (y fondo) de la formación

Hablamos desde hace ya unos años de una nueva Administración, de una nueva forma de gestionar y prestar los servicios públicos, de una nueva función pública… La consecuencia lógica, innegable diría yo, es que tenemos que abordar, consecuentemente, un nuevo planteamiento en la formación de los empleados públicos, los cuales a su vez deben estar a la altura de las nuevas exigencias de una sociedad bien llamada “del conocimiento”.

Admitir que los empleados públicos necesitan formarse no es dudar en modo alguno de su capacidad ni profesionalidad. Al contrario, precisamente cuando un funcionario posee estas virtudes en mayor grado es cuando más voluntad tiene asimismo de formarse. Está demostrado. Y lo primero es empezar por reconocer nuestras limitaciones (que las tenemos), o para los sensibles, nuestras “necesidades de formación”. Yo mismo, persona relativamente joven, admito que los temas y materias que estudié, primero en la Universidad y después en la oposición, han quedado totalmente obsoletos en relación a mi día a día en el Ayuntamiento. No me sirven o me sirven poco. Así de claro. Quien crea que puede sobrevivir profesionalmente en 2013 con lo que aprendió en los 80 ó 90 tiene un problema serio de percepción de la realidad.

Así pues, para hacer lo que nunca hemos hecho, debemos aprender lo que nunca hemos aprendido: técnicas de motivación, de comunicación, e incluso de negociación, además por supuesto de ofimática, idiomas y otras capacidades y habilidades “no tan nuevas”. Debemos ampliar el abanico de nuestras capacidades profesionales… Y es que debemos ser más completos. Como he afirmado en numerosas ocasiones, las Administraciones Locales que triunfan son aquellas en las que, por supuesto entre otros factores, el Secretario sabe de informática y el Informático sabe la Ley de procedimiento administrativo. A modo de ejemplo muy descriptivo, digamos que se acabó aquello de: “soy técnico jurídico del grupo A, hago un informe a boli y que me lo pique un auxiliar”. Leo la anterior frase y me aparece en la cara un gesto de reprobación. Afortunadamente la mayoría no piensa así y me consta que sí están dispuestos a renovarse.

En resumen, la línea indicada es la que deben seguir los Planes de formación del presente y del futuro, y precisamente en esta línea celebramos recientemente una Jornada en la Mancomunidad de la Ribera. A la vista de las posteriores valoraciones de los asistentes podemos afirmar que fue todo un éxito. Nos sentimos pues animados, por estas opiniones positivas y sobre todo por el puro convencimiento de que es el enfoque correcto, a organizar Jornadas y Cursos con la misma filosofía y un contenido similar. Y no solo para funcionarios, sino también, como no puede ser de otra manera, para políticos. Hablábamos de renovarse. Se le podría llamar, en efecto, renovación, pero también relegitimación. No queda otra.

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