#Eficracia

La Constitución ya ha cumplido 34 años, así que ciertamente no solo es mayor de edad sino que ya debería estar casada y con tres hijos (es un decir). Sin embargo, más que una joven adulta parece una vieja enferma, o al menos así nos lo quieren hacer ver. Qué lejano queda ya el 6 de diciembre de 1978, y no solo en el tiempo.

Deberíamos valorar la Constitución que tenemos en lugar que querer megarreformarla. Lo peor del sistema no es su concepción, sino la praxis, aunque eso no significa que no sean precisas reformas legales de calado.

Además, la Carta Magna surgió del consenso. Menuda lección de alta política dieron los padres del texto precisamente en un momento histórico en el que llevábamos muchas décadas sin pactar. Ahora se echa de menos un Pacto de Estado que recoja una estrategia político-económica de calidad y compromiso que cronograme medidas estructurales que mejoren el modelo organizativo y productivo español. Pero no se ve estrategia alguna que vaya más allá del medio plazo, es decir, una legislatura. Cortoplacismo, populismo, demagogia, estética presupuestaria, “dichohechismo” sin análisis previo… Subir los impuestos y bajar los sueldos acabará cuadrando las cuentas, pero eso no es “salir de la crisis”. La gente está realmente fastidiada y que se cumpla el principio de equilibrio presupuestario no es la prioridad, aunque sean “deberes hechos” de cara a Europa.

Y es que la crisis no es solo económica, y tal y como están las cosas aún cuando salgamos de ella -cosa que a la postre ocurrirá, ya que igual que hay ciclos políticos hay ciclos económicos-, aún cuando vuelva a haber dinero, si no hemos “lavado” el sistema, los zampabollos de turno volverán a repartirse y comerse el pastel. Y es que algún día, aunque parezca difícil de creer, volverá a haber pastel. Debemos convertir este lamentable círculo vicioso en uno virtuoso que se retroalimente de sus buenas premisas.

Solo tiene 34 años
Solo tiene 34 años

Por tanto no se trata simplemente de que como estamos en tiempos de crisis se ate en corto la corrupción. No se trata de contenerla provisionalmente, sino de erradicarla de una vez por todas y para siempre. Se trata de que no vuelvan a crearse empresas de capital público para contratar directamente obras públicas o relaciones laborales (luego dicen que hay muchos “funcionarios”); o a pagar a Urdangarín 500.000 euros por una conferencia de media hora; o a construirse aeropuertos sin tráfico aéreo, o estaciones de AVE en terrenos sobrinescos, o casitas para palomas pagadas con dinero del Plan E y construidas casi simultáneamente a una cara campaña de control de la población columbina por cierto por medio de gavilanes (fue una carnicería). Los ejemplos son totalmente reales. Cuando no se roba simplemente se gestiona de forma descerebrada. Tanto da si es por dolo o por culpa. Todo eso no debe volver a ocurrir jamás, ni siquiera cuando salgamos de la crisis.

Y para ello es imprescindible instaurar la #eficracia (1), entiéndase como concepto, no como fórmula constitucional de Gobierno. ya que esta debe seguir siendo, para siempre y ahora más que nunca, la democracia. La #eficracia no pretende sustituirla. Todo lo contrario, pues precisamente es su (necesaria) fase evolucionada, al igual que el Estado tecnológico de Derecho constituye la fase actual del Estado social y democrático de Derecho (y por cierto, es más social y democrático que nunca). Y es que la democracia actual, además de que obviamente debe ser eficiente, debe bidireccionarse a través de las redes sociales. Relaciones telemáticas con feedback, totalmente democráticas; Administración electrónica, eficiente. ¿E-ficracia?. Administración inteligente. Smart Cities… Y sostenible (a pesar del incremento de la tecnología): green IT. Todos estos conceptos rompen totalmente con el pasado. Hay que cambiar muchas cosas, algo que ha pasado de ser conveniente a imprescindible.

Una democracia que no evoluciona a #eficracia es como un gusano que no se convierte en mariposa. Tal democracia, como el gusano, está llamada a arrastrarse, a degenerar. Es lo que hace años llamé “demacracia”, inaceptable, y bien cara que nos ha costado. La #eficracia es justo lo contrario de la demacracia y, en consecuencia, rechaza con fuerza los pilares de la misma que son, recordemos aquel artículo: amigocracia, corrupcracia, politicracia, demagocracia, burrocracia, ignocracia, minuscracia, boicocracia, transfucracia, vagocracia, maleducracia, conflictocracia, y desproporcracia. Hay otras como la meritocracia, responsable por ejemplo de que puedan llegar a Presidente palmeros de mítines que acumulen 20 ó 30 años de fidelidad, sin ningún otro haber.

En cuanto al modelo territorial, como es bien sabido, soy municipalista. No creo en las Administraciones intermedias ni por supuesto en la sobredimensión institucional (con toda seguridad sobran OOAA, EPE y SM de capital público). Dice el FMI que España debe adelgazar su burocracia reduciendo el número de Administraciones, y eso últimamente se ha entenido, por ejemplo, como la necesidad de suprimir entidades locales menores. Pobrecitas mías. El presupuesto sumado de todas las que existen en España no llega a la mitad del de la Comunidad Autónoma más austera. ¿Dónde está acumulado el déficit público? Por cierto, menos mal que la FEMP ha detenido. o al menos matizado, esa locura anti-autonomía local que era el Anteproyecto de Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. Sigo diciendo que la FEMP y COSITAL debemos ir de la mano en esto. Todos somos municipalistas, y trabajando juntos, eficráticamente, podemos gestionar mejor. Ahora solo falta que en dicho Anteproyecto mi colectivo recupere el carácter estatal, como bien explica en el Diario Levante mi compañero Javier Biosca. Que seamos imparciales e independientes mejora la calidad de nuestro trabajo, y por tanto favorece la gestión.

Pero no se trata simplemente de lo que podamos hacer colectivos concretos como la FEMP, el COSITAL, o los sindicatos… En España hay 47.190.493 habitantes (2011), y creo que todos y cada uno de nosotros puede hacer, dentro de su ámbito y posibilidades, algo. Lo que sea. En España la sociedad civil ha sido históricamente débil, conformista, y aunque duela cabe reconocerlo. Ahora, habida cuenta de que toda crisis es una oportunidad, tenemos que alimentarnos de nuestro propio malestar y convertirlo en algo productivo canalizándolo a través de las redes sociales. 47 millones unidos saben infinitamente más que los 1.000 que mandan, incluso si éstos lo hicieran bien (que no es el caso). Es pura estadística y, sobre todo, pura democracia. Solo nos llaman cada 4 años para votar dentro de un sistema electoral que como bien sabemos fomenta el bipartidismo. A todas luces es totalmente insuficiente.

Así que se acabó, se terminó no ya solo la burrocracia sino también “hacer el burro”, porque no deben volver a tomar decisiones los que incluso siendo bienintencionados carezcan totalmente de conocimientos. Y desde luego se terminó el robar: vemos a diario numerosos casos de famosillos, políticos y empresarios que acumulan dinero negro al tiempo que les devuelve Hacienda. Sí, la AEAT, esa que no nos acepta el borrador porque nos hemos equivocado en 17 euros. Alguna vez he dicho que si se devolviera todo el dinero que se ha robado probablemente se compensaría el déficit del Estado. Se podría calcular, no me habré ido mucho…

(1): Eficracia: “gobierno de los legitimados por las urnas, controlados pero ayudados en un ambiente de buena sintonía en pos del interés general, por quienes saben y además no roban“.

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